Buena educación

| 4/27/2001 12:00:00 AM

Buena educación

El ranking de los mejores colegios ha generado un movimiento de opinión sin igual. Nunca en cuatro años habíamos recibido tantas llamadas, tantas visitas en nuestra página de internet, tantas menciones en las estaciones de radio y televisión y tantas cartas. La gente está verdaderamente interesada en tener una buena educación y quisiera saber cómo lograrlo.

La iniciativa de Cecilia María Vélez, la secretaria de Educación del Distrito, dio el primer paso para medir calidad en los años intermedios de la educación en Bogotá. Las nuevas políticas de Patricia Martínez, la directora del ICFES, nos permiten publicar ahora la lista de los 100 colegios con los mejores bachilleres de todo el país (página 24). La gente cuenta ahora con mejor información para evaluar sus decisiones y la comunidad educativa para mejorar sus prácticas. Lo que no se puede medir, no se puede mejorar. ¡Qué bueno generalizar las mediciones de las competencias básicas en todo el país y la difusión más amplia de la información del ICFES en todos los medios!!!



De la nueva clasificación nacional sobresalen tres hechos. Primero, Bogotá cuenta con 15 de los 20 más destacados colegios del país. Segundo, la mayoría de los mejores colegios tiene origen o nexos internacionales, especialmente europeos. Y, tercero, ningún colegio oficial ni colegio alguno con horarios reducidos y doble jornada alcanzan a clasificar entre los 50 primeros. Estos hechos dan la señal de alarma de una gran escisión social. Si los menos pudientes, especialmente fuera de Bogotá, comienzan la vida con educación de menor calidad, las diferencias sociales y regionales nunca se acortarán.



Nos gusta mucho la movilización de la opinión y el nuevo clima crítico constructivo que hemos visto en un sinnúmero de familias y colegios a raíz de la publicación del ranking. ¡Es muy saludable!!!



Pero, infortunadamente, la iniciativa apenas comienza a florecer en las clases altas de las grandes ciudades.



¿Y el resto del país? La Secretaría de Bogotá es una gran líder en el nuevo siglo. Pero todavía golondrina: la mayoría de los nuevos alcaldes ha puesto poca atención en la educación en sus planes de desarrollo. Razón tienen los alcaldes de quejarse de los efectos de la reforma de transferencias territoriales sobre el futuro de la educación: con un estatuto docente que sube los salarios de los docentes, de acuerdo con el escalafón, 4 puntos reales por año, el congelamiento real de las transferencias representará una caída de 20 puntos reales en la financiación efectiva de la educación en 5 años. ¿Cómo quitarle prioridad a la educación para dársela a la burocracia territorial? ¿Cómo no aprovechar para que, por fin, los salarios de los maestros puedan asociarse con resultados, que ya sabemos cómo medir científicamente?



Pero, sobre todo, la evidencia muestra que la alianza estratégica entre clientelismo y sindicalismo que ha dominado la educación pública es muy costosa socialmente. Por fortuna, hay un creciente movimiento de maestros y de la comunidad educativa en general, por el logro de una mejor calidad en la educación básica. Los colegios internacionales de buena calidad han comenzado a liderar un proceso de cambio solidario en Bogotá. ¿No será que con el análisis concienzudo de la información de la calidad de los colegios, las familias y los empresarios dejan de decir tanto y hacer tan poco por la educación? ¿No será que la información pública ayuda a crear una nueva economía política que verdaderamente defienda la educación de los niños?
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