| 9/17/2010 12:00:00 PM

Bogotá requiere una buena gestión urbana

Bogotá cuenta hoy con un índice de gestión urbana que permite planear el futuro y hacer seguimiento al desarrollo de la ciudad. Esta herramienta deberá contribuir a que logre ocupar un lugar preponderante entre las más grandes del mundo.

Con ocasión del reciente Foro Bogotá 2038, McKinsey & Co. presentó los resultados del estudio Bogotá 2038, una visión para el futuro, realizado por la consultora bajo encargo del alcalde Samuel Moreno. El trabajo se concentró en la elaboración de un índice de gestión urbana para Bogotá, el cual permitirá a los actores líderes de la ciudad (Alcaldía, universidades, Cámara de Comercio, sociedad civil, etc.) planear la urbe deseada para el futuro. El estudio permite identificar brechas de desempeño y avanzar en el desarrollo de indicadores de seguimiento.


El índice se concentra en cuatro imperativos básicos: económico, social, sostenibilidad ambiental, y gestión y finanzas públicas. El estudio va más allá del análisis puntual y compara los resultados con los obtenidos por otras diez grandes ciudades en el mundo (Nueva York, Londres, Singapur, Shanghái, Hong Kong, Monterrey, México, Sao Paulo, Río y Santiago).

En comparación con su propio desempeño, el estudio muestra que Bogotá ha logrado avances importantes en los cuatro imperativos que integran el índice. No obstante, cuando se comparan los resultados con los de las otras ciudades, la conclusión no es tranquilizadora. Bogotá ha avanzado, pero la mayoría de las ciudades lo ha hecho más rápido.

En lo económico, por ejemplo, Bogotá es la ciudad con el PIB per cápita más bajo de la muestra. La productividad sectorial es baja (25% de la productividad promedio de Estados Unidos) y la ciudad presenta un alto nivel de informalidad (54%). Los resultados indican que hay razones para preocuparse. Si Bogotá quiere mantener el mismo nivel de riqueza por habitante que tiene actualmente, tendría que crecer sostenidamente a una tasa de 7% anual.

En lo social, las tasas de mortalidad materna e infantil son altas y el costo de los servicios públicos es elevado. La tasa de desempleo es alta y los niveles de pobreza también.

En cuanto a la sostenibilidad ambiental, el indicador no es tan malo en comparación con otras ciudades de la muestra, esencialmente porque el clima de Bogotá es benévolo y no requiere del uso de aire acondicionado ni de calefacción. Sin embargo, la ciudad se raja en el tratamiento de aguas negras –solo se trata el 28% de las mismas–, la calidad del aire y el deficiente manejo de residuos.

Por último, si bien las finanzas públicas son sanas y hay independencia frente al gobierno central, el indicador de sostenibilidad fiscal sugiere que la ciudad apenas podría cubrir el nivel de inversiones como proporción de los gastos totales que existen hoy. No habría margen para emprender grandes proyectos adicionales.

Los resultados del estudio son contundentes y permiten identificar temas clave en los cuales Bogotá tendrá que trabajar para convertirse en una ciudad capaz de atraer inversión y talento de todo el mundo. En un mundo global, no basta con ser una ciudad grande. Hay que ser una ciudad competitiva.

Bogotá compite por esa inversión y ese talento con otras ciudades grandes en Latinoamérica y también con otras que están surgiendo en Asia, particularmente en China, donde se desarrollan ciudades que no existían hace 15 o 20 años. Es necesario pensar en un modelo de desarrollo urbano basado en la planeación integral, al estilo del que tienen ciudades como Nueva York y Londres o Santiago y Sao Paulo en la región.

De acuerdo con el estudio de McKinsey, el 46% del PIB de América Latina está concentrado en 25 ciudades. Bogotá ocupa el octavo lugar, con un PIB anual de US$95.000 millones.

Bogotá es el principal actor económico en Colombia y además una de las locomotoras de desarrollo a nivel continental. Para que pueda seguir siéndolo, es preciso tener una gestión urbana adecuada.

El índice de gestión urbana es un paso importante en el camino hacia una visión y un modelo de gestión nuevos. Más allá de los números, Bogotá debe definir qué quiere en el futuro en materia de desarrollo económico, sostenibilidad ambiental, calidad de vida y sostenibilidad fiscal. Esa visión debe estar acompañada por la voluntad política necesaria para hacerla realidad.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?