Blindaje

| 3/29/2001 12:00:00 AM

Blindaje

El contexto externo del último programa macro cambió, con claros efectos sobre la actividad productiva. La economía estadounidense se desaceleró más de lo previsto y la crisis argentina ha cambiado el panorama de muchos mercados emergentes de capital. El crecimiento se ha debilitado en casi todos los países de América Latina y en Colombia ya parece haber cambiado de signo por dos trimestres sucesivos. Todo ello cambia los términos del programa con el FMI.

Las autoridades económicas tienen que tomar en serio el evidente choque externo y preparar rápidamente un programa para afrontarlo. Tienen, en pocas palabras, que buscar blindar la economía. ¿Cómo hacerlo?



Muchos creen que la mayor vulnerabilidad radica en las finanzas públicas, cuyo desequilibrio aumentaría y sería más difícil de financiar. Ciertamente, al país le convendría mucho, ante el nuevo panorama, lograr un mayor financiamiento multilateral para este año y el entrante. El Ministro de Hacienda debe insistir ante el BID en un crédito de contingencia de rápido desembolso de unos US$2.000 millones. O en renegociar las condiciones de desembolso de los recursos para apoyar la balanza de pagos del acuerdo con el Fondo. Todo ello a cambio de ahuyentar el populismo, acelerando en el Congreso las decisiones estructurales sobre las transferencias territoriales y las pensiones, y, sobre todo, una verdadera ley de responsabilidad fiscal.



El problema principal, sin embargo, está más en las finanzas privadas que en las públicas. Los ajustes fiscal y externo se han hecho a costa del financiamiento externo e interno de la actividad empresarial: la inversión privada y el mercado de capitales se contrajeron como nunca. Tanto como el blindaje externo de las finanzas públicas, debe buscarse un blindaje interno de la actividad empresarial.



Hay tareas más o menos obvias. La primera para el Banco de la República es bajar las tasas de interés del crédito hasta niveles de 5 ó 6 puntos por encima de la inflación. La Tesorería debería dejar de atizar las distorsiones, y no ofrecer por nuevos recursos mucho más que la inflación. La segunda responsabilidad es para el Fogafin, que debe enfrentar por fin las insuficiencias de capital de las entidades financieras, especialmente hipotecarias, antes de que sea muy tarde. Sin la solución final a la crisis financiera, el crédito privado no se recuperará. Las autoridades deben, sin duda, acelerar sus decisiones.



Pero para blindar la economía el foco debería estar en los mercados de capital, con reformas radicales de transparencia en los mercados, promoción de fondos de inversión y de buen gobierno societario en las empresas. La investigación académica es contundente: el financiamiento abundante, eficiente y de largo plazo es clave para el crecimiento, y evita los ajustes traumáticos frente a los choques externos.



Para impulsar el mercado de capitales, la receta es doble. De una parte, la protección de los inversionistas, especialmente de los derechos de los accionistas minoritarios, con estándares internacionales de corporate governance. De otra, la promoción fiscal del ahorro, la capitalización y la inversión empresarial.



Bien haría el ministro Santos en presentar ya al Congreso el proyecto de reforma del mercado de valores que han preparado sus equipos técnicos. Y mejor aún haría en proponerle a la recién creada Misión de Ingresos la eliminación radical de los crecientes impuestos sobre el ahorro y la inversión.



La verdad es que el blindaje de fondo ante un choque externo está en obtener mucho capital nuevo de muchos empresarios y muchos nuevos accionistas. El país tiene que tener claro que, en una economía de mercado, sin capital para las empresas nunca va a haber crecimiento ni empleo.
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