| 5/12/2006 12:00:00 AM

Bancarización de los pobres

La baja en la rentabilidad de los TES lleva a los bancos a buscar nuevas fuentes de ingreso, en los créditos para los pobres. Bienvenido este cambio, aunque también se necesitará cautela.

En los últimos dos años, los bancos colombianos obtuvieron ganancias millonarias, gracias, ante todo, al impacto que tuvo la reducción de las tasas de interés sobre los precios de los TES. Los bancos, que tienen el 33% de sus activos representados en inversiones en estos papeles, fueron los grandes beneficiados. Sin embargo, esto se hizo a costa del negocio bancario que en el país ha estado relegado.

Esto es fácil verlo en la composición de los ingresos del sector. Mientras que internacionalmente los ingresos por comisiones de servicios bancarios constituyen en promedio un 60% del total, en Colombia este porcentaje apenas llega al 30%. La razón es la baja bancarización, es decir, el bajo índice de utilización de servicios bancarios. Por ejemplo, en Colombia la relación de cartera bancaria a PIB tan solo llega a 20%. Los bancos colombianos se destacan por tener el peor desempeño en América Latina, cuando se mira la relación entre el volumen de activos y el número de empleados bancarios. Esto significa que en nuestros bancos hay mucha gente trabajando por cada peso de crédito que se otorga.

La conclusión es que los bancos deben esforzarse por entregar más crédito, manteniendo la actual estructura operacional. En este sentido, el fenómeno que está ocurriendo ahora, cuando los bancos han encontrado un nuevo mercado potencial en los estratos más bajos de la población, que llevará a un crecimiento de la cartera, es muy positivo para el país y para los propios bancos, pues se podrá ver una mejora en estos indicadores.

Sin embargo, ¡ojo! Hasta ahora, la estrategia de los bancos se ha concentrado en ofrecer a la gente crédito de consumo y tarjetas de crédito. Si esto no se maneja con cuidado, podría tener consecuencias indeseadas que echarían para atrás todo el esquema. Quienes tienen larga experiencia en este tipo de créditos recomiendan no exagerar la dosis, pues cuando se sobreendeuda a los clientes se termina comprometiendo los ingresos que requieren para el sustento familiar. El acercamiento a los pobres debe hacerse de manera gradual, a partir de una metodología diferente a la que tradicionalmente se ha utilizado para los créditos comerciales (ver página 106).

El acceso al crédito para los pobres es una necesidad, pero no se debe quedar solo en el crédito de consumo, especialmente en un país como Colombia, donde la mayor parte de la población está excluida de las actividades formales. Colombia es el país de América Latina con la mayor tasa de desempleo informal y esto es algo sobre lo cual hay que trabajar. El nuevo acceso al crédito debe estar al servicio del objetivo trascendental de ayudar a la gente a entrar en la economía formal.

Hernando de Soto, economista peruano, autor de El misterio del capital y presidente del Instituto para la Libertad y la Democracia, afirmaba en una entrevista con Dinero que el acceso al crédito de los pobres era la salida para la informalidad y, por tanto, para la pobreza. De Soto recomienda un esquema en el cual a los pobres se les preste con base en sus activos. Como ejemplo ponía el caso de Estados Unidos, donde el 85% de los empleos nuevos lo genera la pyme, que a su vez se financia en un 75% contra una hipoteca de su vivienda.

La decisión de la banca de penetrar los estratos bajos de la población es buena y es necesaria. Sin embargo, como el tema es nuevo en el país y todavía hay mucho por aprender, es importante avanzar de manera gradual para hacerlo bien. Nada sacamos si la capacidad de generación de ingresos de las familias es absorbida por bienes de consumo que, a veces, no necesitan. Pensemos en crédito para activos durables y productivos, de amplio acceso para la población pobre, para que el resultado sea una reducción en la informalidad que beneficie a toda la economía.
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