| 12/3/1999 12:00:00 AM

Así no...

La economía colombiana entró en sala de cuidados intensivos. Después de las limitaciones de la estrategia gradual de ajuste, la austeridad del presupuesto del 2000 y los anuncios en septiembre de acelerar el ajuste fiscal estructural, la liberación cambiaría y la recuperación del sistema financiero, con el soporte del FMI, le dieron un respiro a la economía. Pero desde entonces, las decisiones económicas no van bien. El Ministerio de Hacienda, el Banco de la República y el Congreso han enredado la situación cambiaría y financiera. Repasemos:

1. El dólar. Después de lograr una tasa de cambio competitiva, el peso se ha vuelto errático. En semanas, el dólar se ha revaluado más de $100 con causa evidente: la Tesorería General de la Nación. Con tasa flexible, dólar que financie mayor déficit fiscal, al presionar reevaluación, es dólar que se pierde en exportaciones, y en incertidumbre para el único sector con perspectivas de crecimiento. Pero no solo el Ministerio de Hacienda es responsable. Las reglas del juego del Banco de la República favorecen la volatilidad del peso y su vulnerabilidad ante pocos operadores. La junta se demoró en elaborar regias de intervención y, cuando dos meses después se decidió, el margen y el período de referencia para la intervención fueron demasiado largos, induciendo mayor volatilidad. Operadores más numerosos y diversificados, y períodos más largos de cobertura desarrollarían más el mercado y harían más predecible una tasa de cambio flexible.

2. La vivienda. La ansiada ley marco resultará contraproducente. Si por defender a los usuarios se debilita el contrato de préstamo (con irrespeto del contrato por el usuario, inembargabilidad de los inmuebles y limitaciones a la central de riesgos), se fijan por ley tasas de interés real, se generalizan inversiones o contribuciones forzosas (para vivienda social, vivienda rural y reducción de deuda) y una menor remuneración a los encajes (para el fondo de reservas de estabilización), el país no verá financiación para la vivienda en próximos años. Y, en cambio, sí debilitará al sector financiero y encarecerá el costo del crédito. La nueva filosofía de auxilios para atrás y desincentivos para adelante es inadecuada y, en esta particular coyuntura, infortunada.

3. El ajuste fiscal. Con un rescate financiero que costará el doble de lo previsto hace 6 meses, la urgencia y magnitud del ajuste fiscal es aún mayor. El déficit fiscal en 1999 resultó el doble de lo anunciado. Y hacia adelante las cosas no son promisorias. El gobierno pospuso la discusión de la reforma constitucional de las transferencias, no ha presentado las reformas de seguridad social, y el recorte del gasto territorial perdió los dientes en su trámite del Congreso. Con ese ritmo y esa dirección, es difícil lograr un ajuste fiscal serio y sostenible.

Creemos que en materia macro no se puede cantar victoria antes de tiempo. El gobierno y el Congreso tienen que tomar en serio el ajuste fiscal y el fortalecimiento de la actividad financiera si quieren pata el país estabilidad interna y confianza de la comunidad internacional. Sin decisión política para el ajuste fiscal y con tan errada filosofía cambiaría y financiera, el programa con el Fondo y el país mismo corren graves riesgos. Sin mejor forma de hacer política, la economía no saldrá bien. Sí Juan Camilo quiere el reconocimiento duradero de los colombianos, no puede repetir los errores de su primer año. Si no, el paso de la sala de cuidados intensivos a la sala de recuperación se demorará demasiado. ¡Es la hora del cambio!!!
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