| 1/16/2006 12:00:00 AM

Ante todo, cautela

En medio de la euforia de los mercados, de donde la aversión al riesgo parece haber desaparecido, la prudencia se convierte en parte indispensable de la estrategia.

El año 2006 comienza bien, mejor incluso de lo que hubiera podido anticiparse en los últimos meses del año pasado. El comportamiento de la Bolsa de Valores de Colombia en los primeros días de este año, con valorizaciones que superan incluso las proyecciones más optimistas, tiene sorprendidos a los analistas. Igualmente sorprendentes son las cifras de inflación, de 4,85% en el año que termina; así como la de desempleo, alrededor de 10%; y la de crecimiento económico, que posiblemente supere el 4,5%.

Estos datos positivos, después de tantos años de malos resultados, son por supuesto bienvenidos. No obstante, para ahorrarse desengaños futuros, vale la pena evaluar hasta qué punto tienen fundamentos reales y en qué medida pueden ser producto de la euforia.

Para comenzar, es cierto que durante años la Bolsa de Valores estuvo rezagada y que el valor de las acciones estuvo muy por debajo de su precio de mercado. Sin embargo, la valorización, por encima del 200% en promedio en los dos últimos años e incluso superior en algunos casos puntuales, más que corrigió este desequilibrio.

En este momento, aunque podría haber espacio para valorizaciones adicionales en algunas acciones específicas, de ninguna manera podría afirmarse que es el caso de todas las acciones que se transan en el mercado de valores. Es preciso, por tanto, tener mucha cautela y mirar con cuidado dónde están realmente las oportunidades.

Al respecto, basta recordar el nivel al cual llegaron los índices Dow Jones y Nasdaq de la Bolsa de Nueva York antes de que se reventara la burbuja en 2001, y la dificultad que tuvieron estos mercados para recuperarse.

De otra parte, como se analiza en el artículo de carátula de esta edición, el reciente crecimiento económico de Latinoamérica, aunque superior al de los años inmediatamente anteriores, es bajo en comparación con otras regiones del mundo en desarrollo; es insuficiente para reducir la pobreza y sacar a los países de la situación en que se encuentran; y además no es producto de una gestión interna sino de la evolución favorable del entorno externo. El caso de Colombia no es ninguna excepción.

De hecho, como lo hemos destacado en varias ocasiones en Dinero, la única manera para mejorar las condiciones de vida de los colombianos es crecer por encima del 6% e invertir en la capacitación y educación de la población.

En Colombia, este es un año electoral, tanto para elegir nuevo Congreso como para elegir Presidente. Más importante aún, es un año de reelección inmediata del primer mandatario, algo desconocido hasta ahora para los colombianos.

Muy posiblemente, las cifras económicas de los próximos meses serán buenas frente a aquellas a las que estábamos acostumbrados. Pero no hay que olvidar que aún falta mucho por hacer y que al nuevo Presidente de los colombianos todavía hay mucho para exigirle.

Finalmente, con respecto al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el estancamiento de las negociaciones es preocupante. Es cierto que el gobierno no puede entregarse ante las posiciones de los negociadores de Estados Unidos que, según se va viendo, ofrecen condiciones inferiores a las otorgadas a los países centroamericanos. Sin embargo, el hecho de no tener un TLC con Estados Unidos que otorgue acceso preferencial al mercado de este país a ciertos productos, podría representar su fin.

Basta leer en el informe reciente de la CEPAL, "Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe, 2005", lo que ha pasado con los textiles centroamericanos en el mercado de Estados Unidos, donde ya no pueden competir con los chinos, para anticipar la suerte que podrían correr sectores similares colombianos en ausencia del TLC.

De la misma manera como a los inversionistas les pedimos cautela al momento de elegir en qué invertir en el nuevo año, le pedimos al gobierno que evalúe muy bien los costos y beneficios de terminar sin un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
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