| 9/1/1993 12:00:00 AM

Agro agrio

NO ES solamente en Colombia que los gobiernos han tenido problemas con la política agrícola. En Venezuela, en Europa, en Japón y en Estados unidos, las presiones son muy graneles para proteger y favorecer con altísimos subsidios a quienes cultivan la tierra.

Hay algo de romántico en la idea según la cual quienes cultivan la tierra son merecedores ele privilegios exclusivos. Tan difícil es trabajar en el campo como en la ciudad v además, muchos empresarios agrícolas viven en la ciudad.

Actualmente la protección arancelaria a la agricultura es por lejos la más elevada de la economía, lo cual se acepta como mecanismo para compensar la competencia desleal del exterior. Pero aun así los agricultores piden más y más. Se argumenta que el Estado no llega al campo, que la inseguridad es grande y que por lo tanto hay que compensar con aranceles más altos y con mayores subsidios del Idema. Desafortunadamente en Colombia la inseguridad es grande en todas partes y todos sufren con los malos servicios públicos. La agricultura, además, paga menos impuestos.

Si se restringen al máximo las importaciones de productos agrícolas y se establecen precios de sustentación excesivamente altos sube automáticamente la inflación y se encarecen las materias primas de la industria. Todos los colombianos terminamos pagando el sobrecosto, pero especialmente quienes no se defienden de la inflación, o sea los más pobres.



Con la sobreprotección y los subsidios el gobierno termina favoreciendo actividades sin ventajas comparativas, donde el país nunca podrá ser eficiente. El criterio se vuelve netamente político. Los subsidios siempre tenderán a favorecer a quienes tienen capacidad de intriga política, y no a quienes son los mejores empresarios.
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