| 8/6/2004 12:00:00 AM

Agenda interna: el tiempo apremia

En lugar de seguir abriendo debates sobre qué se va a hacer y cómo se va a hacer en materia de agenda interna, el DNP debe empezar ya a trabajar en la educación de la gente y en el mejoramiento de la infraestructura.

Fue una verdadera frustración la presentación de la Agenda Interna que hizo el director de Planeación Nacional, Santiago Montenegro, en el foro Colombia Compite, en Cali. Si había un tema importante, sobre el cual había grandes expectativas, era precisamente este. Después de una larga intervención acerca de la conveniencia del nuevo modelo económico, basado en el TLC, Montenegro dedicó escasos minutos a esbozar lo que sería la Agenda Interna, sobre la cual el gran avance logrado hasta ahora es la decisión de construirla de abajo hacia arriba. Es decir, consultando las necesidades regionales, para que todo el mundo se sienta involucrado.

Esto, por supuesto, suena muy bien; pero tiene el gran inconveniente de la escasez de tiempo. Mientras el DNP se gasta meses recogiendo ideas democráticamente respecto a qué le conviene más a cada región, las negociaciones avanzan. A este ritmo, el TLC entrará en vigencia mientras los colombianos seguimos preguntándonos unos a otros cuál sería la agenda interna ideal.

En los últimos meses han venido a Colombia sinnúmero de expertos, entre los cuales hay varios ex primeros ministros y ex presidentes (como John Bruton, de Irlanda, y Felipe González, de España), quienes han enfatizado la importancia que tienen el fortalecimiento del capital humano y la infraestructura para el desarrollo y para reducir la pobreza. En Colombia sabemos con exactitud cuáles son las falencias en estos dos frentes. Lo que se necesita es empezar a actuar.

Para lograrlo, solo hay que ponerse de acuerdo acerca de qué verdaderamente se quiere para el futuro del país. Si se busca mantener el statu quo, es claro que no hay que hacer nada. Pero si queremos un país mejor, hay que educar a la gente para que pueda responder a los retos de una economía abierta. También hay que mejorar la infraestructura -energía, vías, comunicaciones- para poder aprovechar al máximo las oportunidades del TLC. Y si no estuviera de por medio el tratado, esto es exactamente lo que el país tendría que hacer de todas formas.

De otra parte, en el mismo foro Colombia Compite, la presentación sobre prosperidad que hizo el consultor Michael Fairbanks fue muy ilustrativa. La prosperidad, que se traduce en la elevación de los valores, es una decisión que toman los países. Para ilustrar el punto, Fairbanks hizo una comparación entre Colombia y Japón. Colombia lo tiene todo: localización, recursos naturales, idioma favorable para hacer negocios, etc., pero no ha sido capaz de mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos. Tiene una sociedad débil. Por el otro lado está Japón, que no posee nada de lo que tiene Colombia, pero que decidió aumentar su prosperidad y hoy se destaca entre los países que más rápidamente han aumentado el ingreso per cápita. Invirtió en la gente y está viendo los resultados.

Es esencial dejar de hacer diagnósticos e inventar lo que ya está inventado. El tiempo pasa, como ya pasaron los dos primeros años del gobierno del presidente Uribe. Para ver resultados y no seguir afectando a las generaciones futuras, hay que acabar ya con tanta demagogia y empezar a actuar.
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