| 8/31/1998 12:00:00 AM

Acelerar decisiones

La luna de miel del nuevo gobierno ha terminado. La tempestad económica mundial desatada en las últimas semanas amenaza seriamente la estabilidad cambiaria y financiera de la economía colombiana.



El amago de crisis que se cierne sobre el país obliga al gobierno a tomar decisiones y en forma más acelerada de lo que se pensó en la campaña electoral y en el período de transición. Los 100 días serán mucho tiempo.



El nuevo gobierno, y el país mismo, tienen claro el norte del programa por realizar. Ya hemos superado la etapa en la que se pensaba que posponer el ajuste fiscal o hacerlo lentamente y defender a ultranza la revaluación eran una alternativa. Ante la imposibilidad de financiar los déficit fiscal y externo, sólo queda ajustar radicalmente la economía, gastar menos, ahorrar más y, sobre todo, exportar.



Para ello hay que pasar de los enunciados a las decisiones. Andrés Pastrana nos lo ha dicho contundentemente: "al Presidente lo nombran para tomar decisiones".



Las decisiones no son simples y abarcan varios frentes. El más acuciante: el financiero. Deben agilizarse las decisiones sobre los bancos oficiales y los cooperativos. Y debe capitalizarse rápidamente al Fogafin. Destinar los $900.000 millones de utilidades del Banco de la República a este propósito es el primer paso más lógico.



El frente más urgente: el fiscal. El gobierno debe preparar todos los medios para hacer otro recorte este año y asegurar para 1999 una reducción del déficit no de uno ni de 2 sino de 3 puntos del PIB.



El frente más importante: el ajuste externo. Con el control del desequilibrio fiscal, hay que prepararse seriamente para llevar a cabo una política cambiaria activa que permita, junto con una estrategia seria de competitividad, jalonar las exportaciones como generadoras de crecimiento y empleo.



Combinadas las acciones de esta forma el ajuste macroeconómico no tiene por qué ser desestabilizador ni recesivo.



Las decisiones no pueden tardar. El ministro Juan Camilo, con el claro y decidido apoyo del Presidente y de todo el grupo económico, debe tomar más rápido de lo previsto cuatro decisiones criticas:



* Primera: la elaboración, presentación y difusión internacional de un programa macroeconómico consistente, que no puede esperar hasta octubre.



* Segundo: la presentación al Congreso del paquete completo de ajuste fiscal. Ni la situación económica ni el país político aguantan una semana más de retraso.



* Tercero: envío de un mensaje de urgencia al Congreso para acelerar el proceso de discusión y decisiones.



* Cuarto: mientras tanto, y con toda seriedad, preparar los proyectos de una emergencia económica que permita ganar tiempo y firmeza en las decisiones fiscales y financieras. Estamos a punto de necesitarla.



Tenemos un Presidente decidido a asumir los riesgos políticos por las decisiones correctas. Que con claridad ha percibido que esta tempestad económica paradójicamente da la oportunidad de acelerar la transición del modelo de desarrollo que el país necesita para crecer y crear empleo y paz. Aprovechemos el breve espacio que aún tenemos abierto. Y apoyémoslo de verdad.
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