| 1/19/2007 12:00:00 AM

2007, un agitado comienzo

Los mercados se recuperaron rápidamente del golpe que recibieron tras las noticias de los primeros días del año. Esto no quiere decir, sin embargo, que no hayan sido de una gran irresponsabilidad.

El año económico se inició con agitación y espectacularidad. Las noticias sobre la detención domiciliaria de los directivos de Bancolombia y la profundización de la revolución bolivariana en Venezuela pusieron en vilo los mercados financieros. La Bolsa de Valores de Colombia llegó a perder en tres días el 10% de su valor, en tanto que el peso se devaluó 1% frente al dólar. Un reversazo en unos mercados que habían empezado el año bien y para los cuales los analistas predicen un buen comportamiento en 2007.

Por fortuna, la manera como posteriormente se desarrollaron los hechos, en los dos casos, resultó tranquilizadora para los mercados, los cuales recuperaron el ritmo con que habían comenzado el año. Las cosas vuelven a la normalidad y ahora el país reflexiona sobre las perspectivas para el año que comienza y sobre la forma como se verán afectadas por los hechos que acaban de ocurrir.

La revocatoria de la orden de captura de los directivos de Bancolombia no solo era lo correcto, sino que además fue determinante para avalar lo que el mercado ya había entendido: que el banco, como tal, no tenía por qué verse afectado por los hechos de los últimos días.

De igual forma, el nuevo discurso de Chávez, dos días después del primero, dejó en claro que aunque no hay marcha atrás en su decisión de llevar a Venezuela cada vez más hacia la izquierda, el tono utilizado para hacer el anuncio en la noche de la posesión de su gabinete no necesariamente coincide con la forma como va a llevar a cabo este objetivo.

Esto no quiere decir que lo que está pasando en Venezuela no afecte a Colombia. Hay múltiples riesgos para las exportaciones y la inversión colombiana en ese país. El tema es que los cambios no van a ocurrir de la noche a la mañana. Colombia tendrá que buscar la manera de ir reemplazando este mercado, cuyo valor en exportaciones supera los US$2.000 millones.

Entrando al tema de las perspectivas para 2007, todo apunta hacia un año bueno, muy similar al anterior, aunque con un crecimiento ligeramente menor.

La situación de amplia liquidez mundial y bajas tasas de interés en los países en desarrollo mantendrá los flujos de capital hacia los países emergentes, lo cual se verá reflejado en una apreciación de las tasas de cambio de estos países. Este es el contexto mundial y con base en él hay que tomar las decisiones de inversión y negocios.

Quizás el mayor riesgo de este año es precisamente la euforia con que empieza, pues aunque el consenso de los analistas es positivo, lo cierto es que no está exento de riesgos.

Las cosas podrían no ir tan bien. Por ejemplo, si la desaceleración de la economía de Estados Unidos es superior a la prevista, al punto de afectar a los demás países, los más perjudicados serían los países en desarrollo, por la vía de una reducción de la demanda por sus exportaciones.

Por otro lado, si el precio del petróleo vuelve a incrementarse y los banqueros centrales de los países desarrollados ven que las metas de inflación están en riesgo, las tasas de interés de corto plazo podrían subir en lugar de bajar como se espera en Estados Unidos, y en Europa podrían elevarse por encima de lo previsto. Un movimiento de esta naturaleza induciría una fuga de capitales de los países emergentes hacia los desarrollados, al estilo de la que ocurrió a mediados de 2006.

Cualquiera de estas situaciones, si llegase a presentarse, tendría implicaciones graves para Colombia. El país ha sido incapaz de cerrar sus déficits fiscal y de cuenta corriente. Este último, incluso, en lugar de reducirse se ha ido ampliando y es actualmente el más alto de Latinoamérica.

La crisis de mediados del año pasado mostró que fueron los países que mantenían posiciones altas de estos déficits los que se vieron más afectados, entre ellos, Colombia.

Por ahora, todo pinta bien. Pero si se no corrigen estas vulnerabilidades, en caso de una crisis, Colombia rápidamente podría ver desaparecer lo que se ha logrado en estos últimos años.
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