| 12/12/2003 12:00:00 AM

2003 en blanco y negro

Desde la perspectiva económica, el año 2003 termina bien, con señales claras de que Colombia por fin está saliendo del estancamiento y con la esperanza de una mejoría continuada hacia adelante. El PIB creció este año muy por encima de todas las estimaciones iniciales, jalonado principalmente por la construcción de vivienda y la minería. No obstante, los demás sectores también tuvieron un buen comportamiento, con crecimientos en su mayoría superiores al 3%.

Sin duda, la mejor noticia de este año es que tuvimos un crecimiento de la economía superior al crecimiento de la población, algo que no sucedía desde 1997. De hecho, como resultado del pobre desempeño de los últimos años, el PIB per cápita pasó en términos constantes de US$1.872 en 1997 a US$1.779 en 2002 y a US$1.782 en 2003, con un fuerte impacto sobre los niveles de pobreza del país. Esos US$100 de caída en el ingreso per cápita implican que el 60% de los colombianos vive hoy bajo la línea de pobreza, mientras que en 1997 esta cifra era de 50%.

Por el lado positivo, también hubo grandes avances en seguridad (aunque más en la percepción que en la realidad), lo cual ha permitido a unas regiones que permanecieron abandonadas durante años experimentar un nuevo impulso. La movilización de los colombianos a las zonas rurales en los días festivos y de vacaciones ha estimulado toda una cadena de negocios que, sin duda, está mejorando las condiciones de vida de la población.

Las mejoras en los indicadores económicos y en la percepción de seguridad tienen su origen en la mayor confianza que hoy se respira en Colombia. El aporte del presidente Uribe en este frente es invaluable.

Por su parte, el lado turbio del año ha estado en el manejo de la política y en la pérdida de gobernabilidad de esta administración, particularmente, a partir del fracaso del Referendo. Era evidente que la no aprobación de algunos de los puntos incluidos en él, como los de origen fiscal, conllevaría grandes traumatismos, sobre todo si se tienen en cuenta las razones por las cuales fueron incluidos inicialmente.

Es muy grave que el país haya caído en la gran mentira de todo fin de año, cuando el Congreso aprueba una mala reforma tributaria que entregue al gobierno recursos suficientes para salir del lío del año siguiente (pero que no lo perjudique frente a sus electores) con la promesa de que en el curso del año que viene sí se harán las reformas estructurales requeridas para solucionar de raíz los problemas fiscales.

El año pasado fue el Referendo. Ahora la promesa es la presentación a comienzos de 2004 por parte del gobierno de una reforma tributaria estructural, de una pensional que elimine los regímenes especiales y una reforma a la manera como se calculan las transferencias de la Nación a los entes territoriales. La historia reciente ha demostrado lo inútiles que son estas promesas y estos acuerdos.

Este juego entre el gobierno y el Congreso, que al parecer no tiene fin, podría echar a perder lo logrado en el frente económico. Bajo la falsa premisa de que aquí no pasa nada, se van posponiendo de manera irresponsable decisiones fundamentales, que conllevan costos enormes para la sociedad colombiana en el futuro. Haber logrado que el crecimiento económico supere el de la población es demasiado importante. El país no puede darse el lujo de perder ese triunfo por cuenta de los intereses mezquinos que animan a quienes tienen en sus manos la toma de las decisiones.

Por último, en nada ayuda al país -y mucho menos a los pobres- la decisión adoptada por el Banco de la República de poner al servicio del Ejecutivo parte de las reservas internacionales para el prepago de la deuda externa. Esto no es nada diferente a emitir para financiar gasto, lo cual, en últimas, termina en mayor inflación. Este es el impuesto más oneroso que se podría establecer.

Uno de los activos más valiosos con que cuenta el país desde la Constitución del 91 es la independencia del Banco de la República, la cual sin duda molesta a muchos. Sin embargo, el Banco debe velar por que su independencia se mantenga, pues es la única garantía de que el gobierno no se exceda en sus atribuciones con el único propósito de hacerse a unos recursos a los que no tendría acceso de otra manera.
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