| 1/29/1999 12:00:00 AM

1999: un año de transición

Los resultados económicos de 1998 fueron lamentables. Las finanzas colapsaron para el Gobierno, para los hogares y también para los empresarios. El desequilibrio fiscal se hizo insostenible y el desempleo creció como nunca. En las empresas, las utilidades desaparecieron, el valor de los activos cayó 10% y el patrimonio cayó 20%. Aún con la actual incertidumbre externa y financiera, todos quisiéramos mejores resultados hacia adelante. Pero esto no va a llegar sin esfuerzo.



La agenda pública para 1999 será terminar de reconstruir el modelo de desarrollo. Un crecimiento con oportunidades para todos no se logra sólo con menos déficit fiscal y más conversaciones con la guerrilla. Hay que acelerar el ajuste en los frentes fiscal y financiero, esbozado gradualmente en 1998. Hay que profundizar el recorte y la reorientación del gasto público y no demorar más la aplicación de los instrumentos de emergencia para sanear el sector financiero. Pero también hay que ampliar el ámbito de la agenda. Para lograr un crecimiento equitativo, los estímulos a la exportación, la inversión y la creación de empleo son esenciales. Mientras no se tomen medidas concretas que conviertan las exportaciones en el motor de desarrollo, el inevitable ajuste externo se hará a costa del sector privado. Y sin estimular activamente mayor inversión empresarial y de vivienda, el ajuste fiscal resultará recesivo. El gobierno debe hacer de las exportaciones y la inversión privada los ejes del empleo y el futuro del país. Hay, pues, un largo camino en la transición de la política pública.



El reto empresarial no es menos grande. En medio de las restricciones fiscales, el ingreso y el empleo dependerán de los empresarios. Ya se ve atrás un modelo de negocios que sólo estimulaba las ganancias de muy corto plazo centradas en el mercado interno, en los privilegios del Estado y en la falta de competencia, y premiaba la concentración. Lo que se ve es un nuevo modelo --basado en la agregación de valor y de construcción de sinergias, calidad, mercados globales, solidez corporativa, capitalización, alianzas y compromiso social, que creemos bien ilustrado en el Grupo Carvajal-- que comienza a dar resultados. Los empresarios que persistan en el viejo modelo pagarán altos costos. Quienes crean que la situación da espera o que las decisiones de cambio pueden ser graduales, se llevarán frustraciones.



Aunque en el 98 se inició una nueva agenda pública y privada, la tarea está incompleta. La indecisión y la demora --el gradualismo-- pueden ser muy costosos para el gobierno, los gerentes y las empresas. Y para el país.



Todo indica que el 99 será también un año duro, con pobres resultados de corto plazo. Con realismo, tiene que ser visto y evaluado como el año de la transición. Para desandar caminos equivocados y construir un futuro más cierto con agendas ambiciosas de cambio para el país y para las empresas. Más que nunca será relevante el aforismo de Shakespeare: "Hope for the best, but be prepared for difficulties".
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