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Autor: JUAN MANUEL LÓPEZ CABALLERO
07/06/2007
¿La economía nos salva?‘
'Foreign Policy' divulga el ranking de los países menos estables dividiéndolos en: perdidos, en peligro, moderados y salvados. Entre 177 países, 32 pertenecen a la primera categoría y Colombia ocupa el puesto 33.
En anterior columna mencioné el ranking establecido por 'The Economist' sobre los niveles de inseguridad y violencia en 226 países, en el cual Colombia ocupa el puesto 221, estando peor solamente Irak, Sudán, Israel, Rusia y Nigeria.1
Ahora otra de las más reconocidas y respetadas publicaciones internacionales -El 'Foreign Policy'- divulga un estudio financiado por la Fundación 'Fund for Peace' ('Fondo para la Paz') con el ranking de los países menos estables -lo llaman el listado de países fallidos (the failed states)-, dividiéndolos en: perdidos, en peligro, moderados y salvados.2
En este listado sobre 177 países 32 pertenecen a la primera categoría y Colombia ocupa el puesto 33, lo que nos sitúa al borde del colapso, teniendo peor clasificación solo aquellos con las situaciones más críticas de África y los que son víctimas de las trágicas políticas generadas por Bush ( Irak, Corea del Norte, Pakistán, Afganistán y Líbano). Sobre 31 naciones de nuestro continente superamos solo a Haití, siguiéndonos Bolivia en el puesto 59.
Aunque al dar credibilidad a una fuente no se usa plantear dudas sobre los criterios o la información que la alimentan, se debe destacar en esta evaluación el elemento que nos salva, justamente por lo sorprendente que puede parecer:
Se le atribuye a Colombia una nota casi de 'sobresaliente' en economía. Solo los países desarrollados (el G8, los escandinavos, y Holanda, Luxemburgo, Suiza, Japón, Nueva Zelanda y Australia), y los grandes petroleros del medio oriente (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Irán) tendrían economías más sólidas que la nuestra, lo cual supondría estar entre las 30 mejores del mundo (en el continente solo nos superarían Brasil, Canadá y USA).
Esto sí coincide y ratificaría el famoso 'el país va mal pero la economía va bien'... Pero genera dudas en cuanto no corresponde con otras realidades como la migración en busca de empleo y mejor futuro por parte del 25% de la población productiva; como la revaluación más alta del mundo sin que pueda ser controlada mientras produce quiebras en el sector exportador y en los industriales que deben competir con el productor externo, y significa deterioro del ingreso en las mismas familias que reciben las remesas de esa población migrante; cuando, así sea principalmente para la guerra, no podríamos funcionar sin donaciones extranjeras (somos el principal receptor de 'ayudas' americanas después de Israel y Egipto); con un país que ha vendido -y sigue vendiendo- todos sus activos para sostener el gasto del Gobierno, como la familia que vendiera la casa para comprar el mercado; o que tiene un gobierno que aduce que para salvar al empresariado nacional tiene que violar los tratados internacionales (el caso del Cert y los convenios de la OMC); o cuando el país gira alrededor de la actividad clandestina e ilegal del narcotráfico; etc.
Con la aclaración anterior respecto a lo dudosa que puede ser la calificación en lo económico, el ejercicio de hacer la misma clasificación sin incluir este índice daría que Colombia ocuparía el puesto 23.
Los 12 criterios son: Sociales: presión demográfica; desplazados internos; tradición de grupos buscando venganzas recíprocas; emigración laboral e intelectual. Económicos: Equidad en la distribución; y situación económica (mencionada arriba). Políticos: deslegitimación del Estado; calidad de los servicios públicos; funcionamiento de los organismos de seguridad del Estado; relación entre las elites; intervención o ingerencia interna por parte de otros Estados; y respeto por los Derechos Humanos.
(Es de anotar además que, excepto la economía, los servicios públicos y la presión demográfica, y a pesar de la realidad que vivimos y del récord de sentencias en contra que tiene el país en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en esto último sería lo que mejor califica Colombia).
Las clasificaciones de estas dos publicaciones (que no tienen interés en formar opinión a favor o en contra de Colombia o de su Gobierno), me dan pie a responder lo que comentan algunos lectores sobre mis columnas.
Están aquellos que aprueban que se presenten puntos de vista diferentes del consenso que se pretende crear alrededor de lo que podríamos llamar la visión oficial o convencional. Obvio, tanto si comparten o no lo que en los escritos se plantea, son estos quienes más satisfacción producen y quienes estimulan a que uno siga escribiendo; para ellos, mis agradecimientos.
Lamentablemente, otros que no gustan de estos análisis no expresan argumentos o elementos de debate respecto a su contenido.
Unos 'atacan' o intentan ofender al autor como 'simpatizante' de la izquierda, de la subversión, de la oposición, de la guerrilla, etc.; esto solo muestra hasta qué punto el peor mal de país es la polarización que hace confundir lo uno y lo otro, y no permite escuchar o ser receptivos a la más mínima propuesta que difiera de la convicción propia.
Otra forma de 'ataque' es afirmar que quien pertenece a una familia que ha tenido gobernantes del país no tiene derecho a opinar en forma crítica. El punto es que no todos los gobiernos tuvieron las mismas características administrativas o la misma orientación; cada uno respondió a una propuesta y una forma de manejo; no hacer ninguna distinción es desaparecer las responsabilidades de los gobernantes y el sentido de escoger entre varias opciones; y quienes más capacidad tienen para diferenciarlos, y así ayudar a valorar un enfoque y decidir si vale la pena darle continuidad, son quienes más cercanos a ellos hayan sido.
También algunos se dirigen a la dirección de la revista protestando porque escriban columnistas que no siguen su línea editorial, o al suscrito, extrañados porque publique en un medio que no tiene la misma visión económica y política. Son estos los que no esperan de los medios de comunicación información o puntos de vista para desarrollar con su propio criterio sus conclusiones, sino que son adictos y sumisos al liderazgo de algún medio que solo les proporciona 'más de lo mismo'. Sea esta la oportunidad para agradecer y felicitar a la Directora y al Consejo Editorial por no pensar así.
Por último están quienes consideran que lo que motiva las columnas es solo 'negativismo', y las cuestionan por no proponer alternativas. Como en medicina, en un correcto diagnóstico está el 90% de la cura del mal; y, recíprocamente, si se yerra en el análisis -y por lo tanto en las conclusiones-, el problema no solo continúa sino casi seguramente se agrava y profundiza.
Plantear un debate sobre posibles soluciones sin antes coincidir en la descripción de lo que estamos viviendo sería peor que un dialogo de sordos. Igual que si uno ve solo delincuentes y desconoce que existe conflicto armado, tendrá como único programa el someterlos pero excluirá cualquier posibilidad de negociación o acuerdo para la paz, si se acepta que Colombia encontró la senda de la seguridad y la estabilidad, y que todos los que ven algo diferente están errados (o son 'apátridas'), ningún sentido tendría proponer alternativas a lo que estamos viviendo.
Es necesario debatir para partir de una misma comprensión de lo que es nuestra realidad. Esa es la contribución o aporte que pretenden estos escritos.
1 La Pax Uribista, junio 22/07
2 www.fundforpeace.org