Opinión

  • | 2011/09/27 18:00

    Un caso de éxito

    La Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) ha sido un ejemplo de institucionalidad para Colombia. Esperemos que con la reforma propuesta continúe su exitosa historia.

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Los cuestionamientos realizados durante las últimas semanas con respecto a la ANH (que, a propósito, en el fondo son fundamentalmente discrepancias de contabilidad) y que terminaron con la renuncia de su director, Armando Zamora, no pueden poner en tela de juicio el enorme éxito que ha tenido dicha institución desde su creación. Tampoco, creo yo, pueden ser pretexto para juzgar al Dr. Zamora, cuya labor al frente de la ANH ha sido de las mejores que funcionario público alguno haya realizado en la historia reciente del país.

Las cifras son contundentes, por donde se las mire, al comparar lo que sucedía en el sector de hidrocarburos en el año 2003 (año en que se creó la ANH) con lo que se ha logrado hasta el momento. Las reservas de petróleo subieron de 1.542 millones de barriles a 2.058 millones de barriles, un incremento importante. Sobre todo si se tiene en cuenta que la producción subió de 541.000 barriles diarios a 906.000 barriles en promedio, lo cual quiere decir que no solamente Colombia ha venido reponiendo reservas a una tasa mucho más alta que en el pasado, sino que se ha logrado adicionar algo en estos años.

Estos resultados obedecen al aumento de la prospección en las diferentes cuencas colombianas, gracias a un incremento importante en el estudio de las mismas por parte del Estado y de inversionistas privados. Es así como la sísmica total equivalente en dos dimensiones se ha multiplicado por casi 6 veces, mientras que el número de pozos exploratorios ha pasado de 28 a 112 anuales. Y, en este negocio, el que no busca no encuentra, y el que busca puede que encuentre. Por ese nivel de riesgo, y por las características geológicas de las cuencas en Colombia, es importante mantener una regla petrolera que permita seguir posicionando al país como un destino competitivo para la exploración y producción petrolera a nivel mundial. Siempre es bueno recordar que, en petróleo, como en muchas otras industrias, el capital se va a donde mayor retorno pueda conseguir. Y si a eso le sumamos las características de riesgo y geológicas propias del país, se ve por qué es importante mantener la exitosa política de promoción petrolera que se adoptó desde hace ocho años.

Lo mismo sucede con el gas. Mientras las reservas en el año 2003 eran de 6.688 Giga pies cúbicos (Gpc), en 2011 son de 7.058 Gpc, con un incremento en la producción de 578 a 1.025 millones de pies cúbicos diarios.

Todo lo anterior ha implicado un aumento en las regalías por concepto de explotación petrolera de casi 5 veces. Es por eso que los colombianos debemos defender la institucionalidad creada a través de la ANH, y procurar porque las reformas que el Gobierno Nacional tiene planeado implementar conduzcan a la institución por buen camino. Pocas veces existen situaciones coyunturales en donde una reforma pueda tener un efecto tan profundo sobre el futuro de un país. Si se piensa que Colombia puede lograr niveles de desarrollo a partir de los recursos naturales vía las regalías, esta podría ser la reforma más delicada que emprenda el actual Gobierno. La contundencia de las cifras y el buen juicio del ejecutivo serán las mejores herramientas para lograr mantener a la ANH y al sector petrolero por la senda correcta.
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