Opinión

  • | 2011/10/27 12:00

    Presuntos Blindajes

    El argumento de que la economía colombiana está blindada del riesgo externo es débil en el mejor de los casos.

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De cara al diluvio financiero que azota a diversos países desde finales de la década pasada, es común estimar la vulnerabilidad de aquellos países donde no está lloviendo. En el caso de Colombia, se argumenta que la economía está relativamente bien cubierta respecto del riesgo de un aguacero por tres razones. Primero, porque hay muchas reservas internacionales. Segundo, porque hay acceso automático a recursos del FMI, en caso de necesitarse. Tercero, porque el riesgo crediticio -la cartera vencida- es bajo y está bien provisionado actualmente.

Antes de analizar la fortaleza de estas tres coberturas, vale la pena repasar la manera en la cual las tormentas suelen llegar al trópico. Lo primero que sucede es que se seca el chorro del financiamiento externo neto y cae el precio de diversos activos que tienen contrapartida en estos flujos, incluyendo la moneda misma. En segunda instancia, el “frenazo” en los flujos de capital exige un ajuste fuerte y rápido, o incluso la eliminación, del déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Tercero, ello implica una reducción, pari passu, de los flujos de gasto, la cual siempre queda en cabeza del sector privado, por las diversas rigideces que tiene el gasto público. En el contexto de esta reducción del gasto privado  --menos consumo, menos inversión, y menos capacidad de honrar deudas-- caen aún más los precios de los activos, incluyendo las casas, las fábricas y las fincas, porque suele suceder que la gente trata de venderlos a las carreras y la liquidez del mercado tiende a desaparecer.

La pregunta es sencilla: ¿en qué sentido los presuntos blindajes -reservas internacionales, crédito externo contingente y cobertura bancaria-  pueden ser efectivos en mitigar significativamente esta secuencia aterradora?.

El tamaño de nuestro déficit en cuenta corriente es de aproximadamente US$10,600 millones en el año que termina en Junio, última fecha disponible, pero viene creciendo de manera importante, por lo que cabe pensar que el ajuste que se requeriría, si hay un frenazo como el de 1999, sea superior a esta cifra. Si el peso del ajuste cae en el sector privado, su flujo de gasto se tendría que recortar en este monto, más lo necesario para que el sector público pueda financiar el déficit fiscal. El ajuste privado, de esta forma, podría llegar a una cifra equivalente al 7% del PIB, no muy distinta a lo que sucedió en 1999.

¿En qué sentido son las reservas internacionales una cobertura? Aunque, ciertamente, se pueden vender en cualquier momento, el hecho es que el stock de reservas es muy inferior al stock de dinero que, potencialmente, las demandaría. De hecho, la relación entre M2 –una acepción amplia de “dinero”—y las reservas internacionales es más alto hoy (3,6) de lo que era en 1999 (3,4).

¿En qué sentido es el crédito contingente con el FMI una cobertura? Llegado el caso, es cierto que los recursos permitirían financiar el déficit de cuenta corriente hasta por el monto del desembolso. Sin embargo, hay dos problemas. Primero, la línea de crédito es baja respecto del monto que se requeriría. Segundo, el FMI tiene cada día más exigencias y, de hecho, su directora ha planteado la necesidad de una capitalización, lo cual hace difícil pensar que el cupo se pueda ampliar.

¿En qué sentido es la buena calidad actual de la cartera y las elevadas provisiones sobre la parte morosa una cobertura? Se trata de cifras estupendas, ciertamente, en el contexto actual. El problema es que, llegado el caso de un frenazo como el de 1999, lo que observamos hoy se convierte en un conjunto de cifras irrelevantes. El deterioro en el precio de los activos, que puede ser muy significativo, es un deterioro de similar magnitud en los flujos de caja esperados, en la capacidad de pago del sector privado y en el valor económico de los contratos financieros, en general, y crediticios, en particular.

La tormenta que estamos y seguiremos viendo desenvolverse en frente nuestro, pertenece al género del horror, en su versión más cruda. Me parece una equivocación profunda tomar decisiones, sobre todo fiscales, amparadas en la premisa de que por acá no lloverá.

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