Opinión

  • | 2011/11/23 18:00

    Made in USA

    El problema de EE.UU.es el enfrentamiento de ideologías polarizadas que se libra en Washington.

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Con el año 2011 próximamente culminando, todo lo que hemos escuchado en los últimos meses sobre Europa nos ha tenido sin dormir. Lamentablemente, a fecha de hoy, la incertidumbre sigue ahí y, si bien no se ve luz al final del túnel, al menos pensamos que no nos viene un tren de frente.

Los últimos datos publicados por la Reserva Federal han reducido las estimaciones del crecimiento de la economía americana para los dos próximos años en 0,8% y 0,6% respectivamente, llevándolos a un rango de entre 2,5% y 2,9% para 2012 y entre 3% y 3,5% para 2013. Esto significa que no se ve una recaída en una recesión en los próximos años. Los gastos en consumo representan 70% del PIB americano, y después de varios semestres de contracción económica o estancada, el tercer trimestre ha tenido crecimientos positivos que nos dan señales de esperanza. La confianza del consumidor sigue baja, pero mejorando, y se nota en la mayor demanda de bienes y servicios.

El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha recalcado en su última declaración ante el Congreso que, si bien uno de sus objetivos es el control de la inflación en el tiempo, lo principal para él, en este momento, es el crecimiento económico y del empleo en los próximos meses. A futuro, posiblemente vaya a mantener una política monetaria laxa mientras sea necesario, pero ha pedido al Ejecutivo y al Legislativo que tomen las medidas necesarias para reducir el nivel de endeudamiento del país. Una parte importante de los congresistas ya están de acuerdo en que se debe llegar a una reducción de la deuda global americana de US$4 trillones en los próximos diez años. El problema fundamental del país es el enfrentamiento de ideologías polarizadas que se está librando en Washington y las consecuencias catastróficas de que no se llegue a un acuerdo real en los próximos meses. La segunda medida más importante es limpiar, finalmente, la cartera inmobiliaria improductiva de los balances de los bancos y que estos últimos empiecen a reactivar el crédito e inyectar dinero al sistema.

En las próximas semanas y, sobre todo, hasta las elecciones presidenciales de noviembre de 2012, veremos un recrudecimiento de la pelea bipartidista sobre los incentivos fiscales a la recuperación económica. Varios de ellos pueden suponer el mantenimiento de los descuentos concedidos en la época del Presidente G. W. Bush, pero otros pueden venir por un cambio total del modelo fiscal americano. Los distintos candidatos republicanos están proponiendo desde el establecimiento de un impuesto al valor agregado (IVA), a una reducción de los impuestos corporativos del 35% actual a 25% o incluso menos. Todo ello unido a la eliminación de las exenciones y excepciones tributarias a empresas e individuos.

Al igual que en Europa, se quiere reducir el tamaño del Estado pero, al mismo tiempo, que los “ricos” paguen por las diferencias. Ya nadie pone en duda que también tendrá que haber aumentos de la recaudación para poder reducir el déficit, pero el gran riesgo es frenar tanto la economía que lleve a una disminución clara de la actividad productiva, aumento del desempleo y pérdida de mercados frente a los asiáticos. Esta es la principal diferencia de fondo de muchas divisiones ideológicas entre los republicanos y demócratas de cara a las próximas elecciones.

Dicho esto, no olvidemos la lucha de divisas que siguen teniendo Estados Unidos y China. La misma seguirá mientras China no deje apreciar su moneda y dé oportunidades a los americanos de reducir su déficit comercial con ellos. Un factor que puede ayudar es la creciente tendencia que se ha visto de compañías saliendo de Asia, por el encarecimiento del precio de la mano de obra local, hacia Centroamérica y los Estados Unidos. Al haber mucha menor diferencia de precios, y tener en duda la calidad de los productos fabricados y el costo del transporte, varios empresarios están intentando volver a producir en las Américas. De seguir esto así, podrá ayudar a reducir el desempleo y, consecuentemente, a un aumento del consumo en el medio plazo, y que volvamos a ver en los anaqueles muchos más productos con la etiqueta Made in USA.

Lo que el mundo necesita es volver a tener confianza en sus políticos y en el sistema en sí. Para ello, habrá que hacer un ejercicio de conciencia colectiva y ver qué es lo que cada uno puede hacer para salir de esta crisis. En los países desarrollados, adaptarse a no gastar por encima de sus posibilidades, tener sistemas sociales acordes a la dimensión y realidad del país, y aumentos de la productividad mediante inversión en investigación y desarrollo. Por parte de los países en crecimiento, que hoy en día tienen unas finanzas mucho más saneadas, tendrán que cumplir un doble papel: apoyar a Occidente a salir del hueco en que se encuentra, con ayuda financiera puntual y mayor consumo y, por otro lado, crear un sistema educativo que ayude a aumentar la productividad en el futuro y que se pase de ser productor de materias primas a vendedor de productos con valor agregado. Esto último beneficiará la creación de clases medias estables con capacidad de consumo, y reducirá sus niveles de pobreza.

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