Opinión

  • | 2011/09/27 18:00

    La verdad y los políticos

    Así como la negociación de nuestro TLC llevó a los americanos a volverse adalides del sindicalismo colombiano, también influyó en la decisión del presidente Santos de elegir a Angelino Garzón.

COMPARTIR

La larga negociación del TLC con Colombia ha permitido que Estados Unidos se muestre como el gran defensor de los derechos de los trabajadores y sindicalistas colombianos. Y su estrategia de condicionar la aprobación del TLC a que Colombia avance en la agenda sindical ha sido efectiva. Para constatarlo basta ver la velocidad con la que hemos cumplido el Plan de Acción Colombiano (PAC) que fue anunciado por los presidentes Obama y Santos el 7 de abril de 2011. Ya el congreso colombiano expidió las leyes que desmantelaron las cooperativas de trabajo asociado y las agencias de servicios temporales, e incluso enmendó el código penal para tipificar como delito el que un patrón celebre con sus trabajadores no sindicalizados pactos en condiciones más favorables que las negociadas con su sindicato.

Pero es una lástima que a la mayoría de los congresistas americanos el sindicalismo propio no les despierte el mismo entusiasmo que el sindicalismo ajeno. El gran apoyo que da Estados Unidos a la agenda de los sindicatos colombianos y de los demás países con los que está negociando TLCs no convence, porque si a los congresistas americanos les interesaran de verdad los derechos de los sindicatos y de los trabajadores seguramente tratarían mejor a los de su propio país.

Estados Unidos es uno de los poquísimos países que sólo ha ratificado 2 de las 8 convenciones esenciales de la OIT (nosotros las hemos ratificado todas). Y también es uno de los pocos países en el que los empleadores pueden despedir a sus empleados sin tener que justificar la causa del despido, a diferencia de Colombia donde la Corte Constitucional ha endurecido tanto los requisitos legales –ya de por sí exigentes– para terminar por justa causa una relación laboral, que hoy en día en Colombia siempre se indemiza al trabajador despedido así el despido sea totalmente justificado.

Más de 20 estados de la unión americana han adoptado leyes llamadas “right-to-work laws” que tienen el propósito explícito de desincentivar el sindicalismo, porque permiten que los trabajadores no sindicalizados se beneficien de las mismas condiciones negociadas por los sindicatos sin tener que sufrir los riesgos de participar en la negociación de las convenciones ni pagar contribuciones para sostener el sindicato.

Además, mientras en el PAC Colombia se ha comprometido a limitar el concepto de servicios públicos esenciales para extender el derecho a la huelga a la mayor cantidad posible de trabajadores públicos, en cinco estados americanos los funcionarios públicos ni siquiera tienen derecho a participar en negociaciones colectivas.

Es fácil pensar entonces que el pro-sindicalismo que exhibe Estados Unidos en Colombia es de dientes para afuera, y que se explica por un simple cálculo de política interna dirigido a buscar los votos de los congresistas que representan estados con intereses sindicales importantes más que por verdadera convicción.

Pero como en todas partes se cuecen habas, así como la negociación de nuestro TLC llevó a los americanos a volverse adalides del sindicalismo colombiano, también influyó en la curiosa decisión del presidente Santos de elegir a Angelino Garzón, ex dirigente sindical, para integrar su fórmula vicepresidencial.

Yo diría que Santos, que no necesitaba los votos de Angelino, lo eligió para demostrarle al congreso americano que él también siente un gran amor por el sindicalismo y así allanar el camino hacia el TLC, pero basta con verle la cara al Presidente para darse cuenta que se revolcaría en su tumba si –Dios no lo quiera– lo atropella un bus y queda Angelino en el poder, y gobierna el país como cabe esperar que lo haría un líder sindicalista.

A su turno, Angelino también ha hecho cosas muy raras (para un dirigente sindical) como apoyar el TLC con Estados Unidos. El apoyo de Angelino a este tratado no es compatible con la retórica usual de los líderes sindicales y además puede afectar intereses concretos de algunos sindicatos en Colombia, e incluso puede empañar la imagen de centro-izquierda chévere que Angelino quiere proyectar con evidentes intenciones políticas futuras.

Como todos los politicos, Angelino tiene una relación complicada con la verdad. Para poder llegar a la vicepresidencia y disfrutar de las mieles del poder tuvo que pagar el precio de apoyar el TLC, y ahora que viene la aprobación tiene que limpiar su imagen so pena de quedar como un líder sindical sin banderas. Con sus declaraciones sobre la edad de jubilación y sobre el umbral de pobreza, Angelino quiere hacerse perdonar sus coqueteos previos con los tecnócratas. Lo que no entiendo es por qué los tecnócratas le ponen tantas bolas a las inconsistencias que ahora ven en las últimas declaraciones de Angelino. Deberían estar acostumbrados.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?