Opinión

  • | 2012/01/18 18:00

    La próxima navidad mejor me das plata

    La verdad es que la orgía de consumo que se desata en los países occidentales cada navidad debería ser motivo de más reflexión.

COMPARTIR

Digamos que usted finalmente aceptó que para vivir bien hay que ser egoísta, y que desde entonces reprime exitosamente todo impulso altruista que asoma en su cerebro. Pero llegó la navidad y notó que se sentía mejor dando regalos que recibiéndolos. ¿Es esta una señal de que su carácter se está reblandeciendo?

No se preocupe. No está retrocediendo. Dar regalos –sobre todo regalos caros– no es un acto altruista sino un placer egoísta. O al menos eso dice uno de los tantos artículos publicados en la prensa internacional el mes pasado sobre el tema de los regalos navideños, en los cuales aparecieron las siguientes observaciones que compilé en esta columna para compartir con los lectores:

1. Los regalos les gustan más a quienes los dan que a quienes los reciben. Por regla general, quienes recibieron los regalos navideños pagarían por ellos 20% menos que lo pagado por quienes los compraron. De acuerdo con los economistas, esta ineficiencia genera una pérdida para la economía –conocida en inglés como deadweight loss– similar a la que produciría un sobreprecio monopolístico de 20% sobre todos los regalos que se dan cada año (1).

2.
Las mujeres sufren menos pérdida de eficiencia que los hombres por los regalos de navidad que reciben, porque son mucho mejores para lograr que quienes están destinados a darles sus regalos adivinen exactamente lo que ellas quieren (2). (Aunque no es necesario hacer un estudio para saber esto).

3. Las personas que dan regalos caros lo hacen por la mayor satisfacción que ellas mismas sienten al desembolsar las sumas que pagan por esos regalos, pero ¡quien lo dijera! quienes los reciben quedan igualmente agradecidos si el regalo es caro o barato (3).

4. Es mejor dar un solo regalo caro que dar un regalo caro y uno barato, porque quien recibe varios regalos tiende inconscientemente a promediar su valor (4).

5. Los regalos son un indicador de confianza en las perspectivas de la economía; es decir, las personas invierten más, o menos, en regalos navideños según piensen que les va a ir –económicamente– en el año siguiente. Y, además, las personas que no pueden pagar los regalos que quieren dar sufren un gran estrés por este hecho (5), lo que lleva a mucha gente pobre e incluso de clase media a endeudarse para comprar regalos.

6. La costumbre de dar regalos de navidad es irresistible y contagiosa. Así usted sea ateo, o pertenezca a una religión diferente a la cristiana, terminará dando regalos de navidad si vive en un país de tradición cristiana, o al menos hará algo similar en sus propias fiestas (6). Un ejemplo: los judíos que viven en Israel dan menos regalos en Janucá que los que viven en Estados Unidos.

7. El desperdicio ocasionado por los regalos navideños es enorme. La pasada navidad, los colombianos gastamos $9,9 billones (7) en regalos, lo que causó una pérdida de eficiencia de casi $2 billones a nuestra economía que pagamos entre los consumidores y el Estado colombiano. Este último pone lo suyo vía las deducciones tributarias de las empresas por el costo de los regalos que dan en navidad.

La verdad es que la orgía de consumo que se desata en los países occidentales cada navidad debería ser motivo de más reflexión. (Se estima que en los Estados Unidos la suma que se paga por regalos navideños cada año es de alrededor de US$70.000 millones). Aunque los efectos negativos, tanto ambientales como económicos y sociales, de este enorme gasto improductivo son evidentes, el desperdicio de recursos en navidad crece y crece, y a este paso nos terminaremos pareciendo a esas sociedades primitivas que periódicamente destruían todos sus excedentes en grandes fiestas para comenzar de nuevo, empobrecidos, a trabajar para poder pagar la próxima fiesta.

En la dedicatoria que hizo Jorge Luis Borges a María Kodama de su libro La cifra, escribió que “Salvo en el caso de la indiferente moneda que la caridad cristiana deja caer en la palma del pobre, todo regalo verdadero es recíproco. El que da no se priva de lo que da. Dar y recibir son lo mismo”. Al parecer Borges tenía más razón que la que él mismo se imaginaba. Dar es un placer tan sublime que envicia. El problema es que la economía occidental se volvió dependiente de ese placer.

___
1. Livescience. Publicado el 21 de diciembre de 2010
2. Livescience. Publicado el 21 de diciembre de 2010
3. Mailonline News. Publicado el 24 de diciembre de 2011
4. Foxnews.com. Publicado el 25 de diciembre de 2011
5. The New York Times. Publicado el 10 de diciembre de 2011
6. The Economist. Edición de diciembre 2011
7. El Tiempo. Publicado el 10 de enero de 2012

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?