Opinión

  • | 2011/10/26 18:00

    La predicción de un economista muerto

    En general, el intercambio comercial y los TLC son benéficos para la sociedad. En lo particular, sin embargo, la cosa es a otro precio.

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A mediados de octubre finalmente se aprobó el TLC entre Colombia y Estados Unidos. Y no fue sino que dieran la noticia para que varios salieran a decir, al siguiente minuto, que el país no está preparado para ello. Esto, después de saber que Colombia lleva más de cinco años buscando que el Congreso de Estados Unidos apruebe el tratado. Y después de muchos más de desaprovechar enormemente la modernización de la infraestructura y de varios sectores amenazados por la entrada en vigencia del Tratado, en particular algunos agrícolas. Los problemas de infraestructura y del agro son bien conocidos y ya ampliamente tratados en estudios, medios de comunicación, debates, etc.

Sin embargo, lo que a veces se pierde en el debate del TLC en particular y del libre comercio en general, es la bondad que el mismo tiene para los consumidores, como bien lo dijo el ex ministro Alberto Carrasquilla en una entrevista reciente en El Tiempo, y el efecto asimétrico que tiene sobre el aparato productivo. Este efecto lo identificó hace más de 100 años el economista inglés David Ricardo, el papá de la teoría moderna del intercambio comercial.

En esencia, Ricardo lo que decía es que cada quien debe dedicarse a producir lo que sabe y a especializarse en lo que es competitivo, y transar con el resto del mundo para consumir el resto de bienes y servicios que necesita. De esta forma, todo el mundo incrementa su riqueza. Esto, en la teoría, es contundente, pero en la práctica desafortunadamente no. Los grupos de presión, los lobistas, la pugna política por la protección de sectores enteros de la economía, en todos los países del mundo, no permiten que el poder del intercambio comercial se realice en su totalidad. Y en eso todos perdemos. La asimetría de los efectos del TLC sobre ciertos sectores no productivos, ineficientes o donde simplemente alguien distinto en el mundo es mejor en producir dichos bienes o servicios, termina en el proteccionismo.

Mirando de manera muy general las estadísticas de los bienes desgravados en el TLC con Estados Unidos se puede vislumbrar este efecto. Mientras Estados Unidos incluyó 10.634 partidas arancelarias, Colombia tiene 6.922, incluyendo bienes agrícolas y no agrícolas. De este total, para el caso de Estados Unidos, 97,8% de las partidas están ya desgravadas o quedan desgravadas con la entrada en vigencia del TLC; para Colombia, este porcentaje es de 75,9%. Mirando los bienes agrícolas y no agrícolas, para el caso de Estados Unidos, la desgravación será de 89,2% de las partidas para los bienes agrícolas, y de 99,6% para los bienes no agrícolas; para Colombia, estos porcentajes corresponden a 76,1% y 75,9%, respectivamente.

Vale la pena anotar que para el caso de Colombia, 100% de los bienes agrícolas incluidos en el TLC tienen algún tipo de arancel hoy en día. El resto de los bienes y servicios, para el caso de ambos países, será desgravado en un plazo que va de 5 a 17 años, dependiendo de la partida arancelaria. En el caso de Estados Unidos esto representa 235 partidas arancelarias, y en el colombiano son 1.668.

Es claro que Estados Unidos es un país que está acostumbrado a competir a nivel global mucho más que Colombia; las cifras lo demuestran, en el sentido de que Colombia tiene bienes y servicios protegidos durante más tiempo en el TLC que su contraparte. De aquí proviene el susto de muchos sectores. Y con razón. Hay algunos sectores en donde algo se puede hacer en materia de innovación, tecnología, mejores prácticas, etc. Pero habrá otros que inevitablemente van a desaparecer en los próximos 5 a 17 años, y la gran ganadora será la sociedad colombiana en su totalidad. David Ricardo, desde hace más de 100 años, tenía razón.
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