Opinión

  • | 2011/08/31 18:00

    Jugar de local

    La minería es una actividad con impactos importantes en las regiones. Es ahí, y no en Bogotá, donde se definirá si la misma será o no la locomotora que todos deseamos.

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El gobierno nacional ha venido trabajando durante los últimos meses en una profunda reforma a la institucionalidad y las reglas que gobiernan la explotación minera en el país. Se ha hablado de la creación de la Agencia Nacional Minera y de la depuración profunda de los procesos para acceder a las áreas potenciales para la explotación, entre otras reformas. Las mismas han venido siendo socializadas por el Ministerio de Minas entre diversos grupos de interés, después de haber denunciado públicamente varios problemas e irregularidades que han encontrado en el actual marco institucional, legal y regulatorio relativo a la minería.

Las reformas planteadas por el Ministerio, todas loables y bien intencionadas, carecen de un elemento que a mi juicio será el que finalmente defina si la minería va a ser o no una locomotora de esta economía en el mediano y largo plazo: el impacto en las localidades y comunidades donde se realiza físicamente la explotación minera en el país.

La minería, mucho más que el petróleo, es una actividad con un impacto fundamentalmente localizado en las áreas de influencia donde se realiza físicamente la explotación minera. Es en las localidades y las comunidades afectadas directamente por esta explotación, y no en el Ministerio de Minas o en la nueva Agencia Nacional Minera en Bogotá, en donde se definirá el rumbo de la minería en Colombia. La mejor muestra de ello es lo sucedido con los famosos casos de Greystar y La Colosa, en donde las comunidades jugaron un papel primordial en la negación de la licencia ambiental para el caso de la primera, y están jugando un rol fundamental en las discusiones sobre el desarrollo del proyecto minero, en el caso de La Colosa.

Son las comunidades locales las que sufren sin duda el mayor impacto de la explotación minera, no solamente desde el punto de vista ambiental sino también desde el punto de vista social; en muchos casos, la minería puede ser un factor tan importante en una comunidad que hasta su misma forma de vida se modifica. Por estas razones –y comprendiendo que la minería tiene impactos ambientales y sociales– es necesario aceptar el impacto que la minería tiene, aprender a escuchar y atender las inquietudes y necesidades de las localidades impactadas por la explotación minera.

Esto requiere de acciones, tanto del gobierno nacional como de las comunidades mismas y de las compañías mineras que están buscando desarrollar proyectos a lo largo y ancho del país. Por el lado del Gobierno, es fundamental que en las reformas que están adelantando consideren la forma como la nueva institucionalidad minera va a hacer presencia en las comunidades y localidades, y no solamente a través de una ventanilla en Bogotá. Esta presencia es importante tanto para esa institucionalidad como para los Ministerios de Medio Ambiente e Interior, que son ejes centrales en la aprobación de las licencias requeridas para la implementación de un proyecto minero. Muchas veces, los funcionarios del gobierno nacional, sentados en sus oficinas en la capital del país, no alcanzan a visualizar los impactos que tiene la minería a nivel local, lo cual afecta, por supuesto, su capacidad de juicio a la hora de evaluar los proyectos. Así mismo, el gobierno nacional, en muchos casos, puede actuar como parte neutra en los conflictos que sin duda se presentarán entre algunas comunidades y ciertos proyectos mineros en el país.

En cuanto a las compañías mineras, es importante que las mismas: i) entiendan el impacto que causan en las comunidades donde se instalarán; ii) sepan que sin una comunicación efectiva y con atención real a las inquietudes de dichas comunidades, la posibilidad de desarrollar un proyecto es baja; iii) se acerquen a los líderes comunales para no solamente dar respuesta a sus inquietudes, sino que sirvan como promotores de la minería a través de la enseñanza y pedagogía permanente a las comunidades sobre las mejores prácticas mineras y sobre los beneficios que la minería trae; iv) apliquen de manera obsesiva esas mejores prácticas, no solamente para mitigar el impacto que sus operaciones traerán, sino con el fin de ganar confianza en el terreno y permitir una relación más armoniosa y menos conflictiva.

Finalmente, las comunidades deben entender que la minería puede traer enormes beneficios a su forma de vida, y que el status quo no necesariamente es lo ideal de mantener. Para ello, tienen que buscar la forma de convertirse en unos interlocutores informados, serios y dispuestos a buscar acuerdos, ojalá sin dejarse influenciar por terceros actores que muchas veces tienen agendas e intereses que no necesariamente son los de la comunidad que dicen defender.

Solamente si todos ponen de su parte, la minería será la locomotora que este gobierno pretende que sea. De lo contrario, veremos cómo el tren nunca sale de la estación.
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