Opinión

  • | 2011/09/27 18:00

    Europa: enfermedad terminal

    Las próximas semanas van a ser decisivas no solo para el futuro de Europa, sino del mundo. Nuestros líderes tendrán que recuperar el liderazgo perdido y tomar decisiones, que si bien serán impopulares, nos ayuden a recuperar la senda del crecimiento.

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La acción concertada de los principales bancos centrales del mundo de inyectar liquidez a los sistemas financieros contuvo por unos días la presión a la baja de los mercados. Lamentablemente, el mensaje que enviaron era de preocupación, y claramente daban a entender que la tormenta es mucho peor de lo que parecía.

Ya nadie pone en duda que la situación griega es insalvable, que harán un impago/reestructuración de sus deudas y la única pregunta es si seguirán en el euro o no. Como comentaba en mi columna anterior, no se ven decisiones claras por parte de los dirigentes europeos, lo único que hacen es solucionar problemas de corto plazo sin entrar en el fondo del problema. Estamos en una situación donde se descarta una separación inminente de la Zona Euro, sin embargo, sí existe la posibilidad de que se vea un desmembramiento de la misma a medio plazo.

En este momento se está tratando de solucionar un problema de solvencia de los bancos europeos con una serie de movimientos preocupantes por parte de corporaciones y gobiernos. Distintas entidades públicas chinas han decidido cortar las líneas de financiamiento a varios bancos europeos; y empresas, como el caso de Siemens, han retirado su liquidez de instituciones financieras y los han colocado con el Banco Central Europeo ante el riesgo de no poder recuperar su dinero. Esta espiral de falta de confianza solamente se puede frenar mediante la recapitalización de los bancos americanos y europeos en el corto plazo. La situación puede llegar a empeorar en el caso de impago de algún gobierno de la Unión, ya que implicaría tener que poner a precios de mercado los bonos soberanos en default y agravaría la situación patrimonial de los bancos tenedores de los mismos. Por el otro lado, si se consigue estabilizar el mercado, y las cotizaciones de los bonos suben, los ratios de solvencia de los bancos mejorarían sustancialmente.

Se está volviendo a hablar de la posibilidad de una separación del euro en dos bloques, donde un grupo se saldría del mismo y crearían una nueva moneda (“super euro”) y la anterior se devaluaría considerablemente para permitir a sus tenedores recuperar la ventaja competitiva que han perdido por la rigidez en sus sistemas salariales. Tanto Merkel como Sarkozy están luchando para evitar esta situación, pero no sabemos hasta qué punto sus electores van a soportar más tiempo que sus países sigan invirtiendo dinero en una causa perdida. Si llega a suceder esta separación del euro, sería con la intención de volverse a juntar, a otro tipo de cambio, en un periodo de tiempo, una vez los países más débiles hayan limpiado su casa.

En paralelo, sigue preocupando la situación americana, donde las peleas políticas impiden que se tomen las medidas estructurales que permitan recuperar la senda perdida. Si bien en Europa estamos viendo ajustes importantes en sus niveles de gasto, con el objetivo de reducir su endeudamiento, en los Estados Unidos no está pasando. Cada día es más probable volver a entrar en recesión y, lamentablemente, las armas para luchar contra la misma son muy limitadas, al haber usado la mayor parte de ellas en los pasados meses. En este momento, lo que hace falta es recuperar la confianza, tanto del inversionista como del consumidor, ya que van a ser estos los que nos hagan salir de la crisis, o al menos evitar que recaigamos en la misma.

Mientras tanto, las próximas semanas van a ser totalmente decisivas, no solo para el futuro de Europa, sino del mundo. Nuestros líderes tendrán que recuperar el liderazgo perdido y tomar decisiones que, si bien serán impopulares, nos ayuden a recuperar la senda del crecimiento. Es posible que los fondos soberanos de los países en crecimiento tomen el liderazgo e inyecten el dinero suficiente para mantener a flote las entidades financieras de los desarrollados. Dicha decisión tendría la doble vertiente de asumir un papel relevante en el mundo del siglo XXI y, sobre todo, asegurarse un mercado que les siga comprando sus bienes.

Un último comentario más ligado a los mercados financieros. A pesar de las grandes caídas de las bolsas, aun no vemos el momento de entrar en las mismas. Estamos muy cercanos a que llegue la capitulación de los inversionistas privados y es ahí donde volveríamos a comprar. Mientras tanto, vemos más oportunidades en los mercados de bonos de países en crecimiento, en los que sus monedas han sido muy golpeadas en los últimos días y tienen elevados tipos de interés que nos darán rendimiento corriente mientras vuelven a subir.
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