Opinión

  • | 2012/02/01 18:00

    “El mundo al revés”

    Ya entramos al segundo mes del año, y me parece adecuado hacer un balance del ejercicio anterior y, sobre todo, analizar dónde encontramos las oportunidades y riesgos en 2012.

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El mundo está al revés de lo que vivimos en el siglo XX, cuando los países occidentales, más Japón, dominaban económica y políticamente todos los sectores. El futuro del siglo XXI se ve totalmente distinto. Tras una década, el peso del poder de los países ha cambiado radicalmente. Nos encontramos con una economía China que ya es la segunda del mundo, y con Brasil pasando al quinto puesto. El crecimiento mundial viene de los países en desarrollo, y Europa ya da señales claras de estar de nuevo en recesión. El nivel de deuda respecto al PIB de Europa, Estados Unidos y Japón es mucho más alto que el de sus pares del sur. Y las reservas están en manos de los asiáticos y los países del golfo.

Estamos viendo que la situación planteada en el párrafo anterior es el comienzo de un cambio estructural en los pesos económicos a nivel mundial, y no tanto algo coyuntural. El mundo al revés, es posible que sea la nueva norma, donde las grandes potencias del siglo anterior sigan fuertes, pero menos relativamente a los nuevos jugadores que están tomando tamaño.

¿Cómo podemos reflejar esta situación macro en una estrategia de inversión para 2012 y los años siguientes? Si bien el momento de incertidumbre sigue siendo alto, se empiezan a ver oportunidades de inversión para aquellos que estén dispuestos a cambiar liquidez por retorno. Durante los últimos 24 meses, lo único que ha pagado es estar en bonos de alta calidad, o en oro. La bolsa americana ha dado un retorno marginalmente positivo, y el resto de los mercados accionarios cayeron en 2011 entre 15% y 30%. El primer semestre de este año estamos notando un sentimiento más positivo en los Estados Unidos y menos catastrófico en Europa. Es por ello que estamos puntualmente empezando a tomar riesgo en las carteras, después de haber estado muy a la defensiva desde el pasado julio. El mercado bursátil americano nos sigue pareciendo el más seguro para ir entrando poco a poco, y de invertir algo en Europa, la opción sería Alemania, y evitaríamos el resto de los países de la Unión Europea.

Las únicas oportunidades que vemos en el mercado de bonos están en países en desarrollo, diversificando el riesgo entre moneda local y dólares, y en bonos de alto rendimiento en los Estados Unidos. Es posible que el bono del Tesoro americano se siga apreciando, pero me cuesta mucho pensar que vamos a seguir viendo en un futuro cercano la tasa de interés de diez años por debajo de 2% como está en la actualidad. Si eso sucede, sería una situación similar a lo que hemos vivido en el Japón durante las últimas décadas, y esperemos que eso no suceda.

A todos nosotros nos está tocando vivir una etapa de grandes cambios macroeconómicos estructurales y conceptuales, y pareciera que estos cambios no son pasajeros sino que, para bien o para mal, seguirán en la misma dirección por algún tiempo. La famosa frase que suele acompañar toda información financiera, “retornos pasados no garantizan futuros retornos”, deberá escribirse más grande que nunca ya que nos encontramos en una nueva etapa económica. En ella se redefinirá el término “emergente” y el planeta ya no se dividirá entre “primer y tercer mundo” sino que veremos cómo ambos extremos se acercan cada vez más a un “segundo mundo”, en donde precisamente estarán las mayores oportunidades de retorno. En esta nueva era también tendremos que abrir los ojos a nuevos tipos de inversiones. Si nos fijamos en las dos clases de activos más tradicionales de Estados Unidos, veremos cómo difícilmente podremos obtener los retornos a los que históricamente nos hemos visto acostumbrados. Por una parte, la renta fija norteamericana con los tipos de interés al cero y sus precios por las nubes ofrece poco potencial de retorno. En cuanto a la renta variable, si bien comienza a tener algo de potencial, su volatilidad se ha visto aumentada considerablemente, lo que hace que no sea apta para todos los perfiles y que su riesgo sea parecido o mayor a su potencial. En este nuevo entorno macroeconómico deberemos abrir nuestros capitales a otras alternativas menos convencionales (como el petróleo, para cubrirnos de riesgos geopolíticos), nuevas áreas geográficas hasta ahora olvidadas y nuevos vehículos de inversión.

Durante este año se continuará consolidando una nueva era en la que el mundo sigue girando imparablemente y volviendo al revés muchos de los que hasta ahora eran nuestros pilares, quizá debamos adaptarnos nosotros y nuestras inversiones poniéndonos también al revés y, desde esa perspectiva, podamos ver más claras todas las nuevas oportunidades que este nos depara.
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