Opinión

  • | 2011/08/17 18:00

    El cambio de estilo no es suficiente

    Que ante la tragedia más grande sufrida en el campo colombiano por el invierno, las plagas y las adversas condiciones del mercado exterior tuviéramos el mayor crecimiento del sector agrario es imposible. Es un tema de desinformación que también se aplica al de la reparación a las víctimas.

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Que hay cambio de estilo con el nuevo gobierno, nadie lo discute; que eso es bueno, tampoco hay duda; que eso ayuda y permite solucionar mejor los problemas, también es cierto; pero no debemos engañarnos confundiendo el cambio de estilo con la solución de los problemas.

Otras veces se ha mencionado que hay pocas cosas más desinformantes que la información que se trasmite a la opinión pública.

Eso sucede con los reporteros, pues su interés legítimo es el avance o éxito profesional y es en función del impacto que producen que generan las noticias; los comentaristas o editorialistas seleccionan lo que ayuda a sustentar sus posiciones y, lógica y legítimamente, lo que trasmiten está orientado acorde a ello; y los dueños o directivos administradores de los medios, como empresarios, están pendientes del rating que les dará la circulación y la publicidad (principalmente la oficial del Gobierno). Para todos estos la información al público es solo el medio para lograr el fin que buscan, pero no es el objetivo mismo de su trabajo.

La otra información que el ciudadano recibe y sobre la cual trabajan los anteriores es la que producen las autoridades. El interés de estas es hacer presentaciones en función de que beneficien su imagen.

Por eso, a menos que el público tenga una actitud escéptica que lo induzca a complementar y evaluar la información que recibe, se encontrará como en el aviso, que se repite en la televisión y en el cine, del muchacho que aparece acostado en aparente placidez en un paisaje aparentemente bucólico, pero que al completar el escenario resulta ser un borracho que está perdido, fundido al lado de un basurero, con una botella vacía cerca (el mensaje que lo acompaña dice “cuando abusas del alcohol cualquier cosa puede pasar”).

Sin que la información sea falsa, diferentes maneras de desinformar se pueden dar. Un caso actual es el del sector agropecuario.

Es verdad que tras ocho años en que ese rubro era el peor de la economía y decaía sistemáticamente, lo previsible y posible es que en algún momento el contraste mostrará un avance. Pero en este momento no se ve de dónde ni cómo puede ser de 7,8%, como lo dijo el Ministro.

En orden del peso de los productos en la economía agrícola la situación es la siguiente:

Los polleros y los productores de huevo viven la crisis de la pérdida del mercado venezolano. La palma africana está siendo atacada por la ‘marchitez letal’ que produce más daños que la ‘pudrición del cogollo’ y, además de bajar la producción, mata las plantas. El café ha subido de precio pero por la revaluación y la baja cosecha (de los tiempos de 11,5 millones o 12 millones de sacos pasamos a exportar solo 6,7 millones, aspirando a completar con pasilla 9,5 millones). El sector arrocero fue atacado por la bacteria que hizo que se prohibiera la siembra en el Tolima (de donde sale más del 30% de la producción). Las empresas floricultoras se han ido quebrando por la devaluación del dólar y buena parte de las que sobrevivían se ahogaron con las inundaciones. Las vacas de ordeño de Ubaté, Simijaca, Lenguazaque, San Miguel de Sema, o sea del altiplano, fueron algunas rematadas y las otras trasladadas a sitios ‘de emergencia’ con lo que la producción de leche se redujo a la mitad. El dato oficial es que se perdieron un millón de hectáreas de cultivos de 3,9 millones que dijo el director del Dane (destacando que en el censo de 1970-71 eran 7,6 millones) o de 4,9 millones que dijo el Ministro… o sea entre 20% y 25% de lo que se producía en total. De eso forma parte el ‘pancoger’ –que nunca se registra– de los más de 3 millones de damnificados por el invierno. Incluso, según datos oficiales, los cultivos de droga disminuyeron sensiblemente.

Como ni el Ministro ni el director del Dane inventan mentiras, debemos buscar la explicación de cómo se puede llegar a un dato tan contradictorio.

La primera razón es que Colombia no tiene un sistema confiable de recolección de información del campo. En toda su historia solo ha hecho dos censos agropecuarios (de Suramérica somos el país que menos censos ha tenido) y la información proviene de diferentes fuentes con diferentes metodologías, principalmente de los mismos gremios. Esto permite presumir que la fuente es un muestreo aleatorio entre los afiliados… y que los quebrados, por supuesto, han desaparecido y con ello sus datos. Lo probable es que se extraiga de los balances empresariales; es decir, de los resultados económicos; esto haría que se considere como producción lo que entra como subsidios.

Esa explicación llevaría a que el monto de los subsidios podría ser equivalente a las pérdidas reales del sector –que indudablemente las hubo– más el supuesto crecimiento del que habla el Dane. Esto coincidiría con las escandalosas cifras que otorgó en forma ya bastante cuestionada el anterior gobierno –los escándalos del AIS son el mínimo, comparado con los ‘apoyos’ a floricultores, palmeros, exportadores a Venezuela, etc.–.

Pero aún a eso solo se puede llegar si no se considera que la pérdida de la base productiva es parte de los resultados; en el caso de la palma sí pudieron aumentar las cifras de esta cosecha por las que entran en producción, pero es mucho más el valor del porcentaje de matas que murieron en las plantaciones (hasta 20% y 30%); en el caso de las exportaciones –de flores o de huevos– el Gobierno compensó lo que los mercados dejaron de consumir o de reconocer (el final del Atpdea y las rabias de Chávez) pero la producción en sí es a pérdida. En el caso de nuestra capacidad productiva cafetera, bajamos de ser los segundos a los cuartos del mundo.

Es como si ante el incendio de una fábrica en el que se quema la maquinaria y parte de los inventarios, en la presentación del balance del ejercicio solo se tomara cuenta la utilidad de la mercancía que se vendió.

Que ante la tragedia más grande que con el invierno ha sufrido el campo colombiano; con las peores plagas que han caído al arroz, a la palma o al café; y bajo las más adversas condiciones de mercado exterior tuviéramos el mayor crecimiento del sector agrario es imposible. Hay una distorsión respecto a la gravedad de la situación del campo, pero también respecto al crecimiento del PIB nacional.

Lo que es aún más grave es que la desinformación también se aplica al tema de la reparación a las víctimas.

De las 362.000 hectáreas que se mencionan, 109.000 corresponden a decretos de resguardos. De los 227.000 que se incluyen como titulación, no se sabe qué parte es propiamente de baldíos y cuál es subdivisión de tierras que estaban ya tituladas colectivamente (casos como Santa Fé y la Chavata), y la inmensa mayoría de los restantes es solo conclusión de procesos antiguos, ajenos al problema del desplazamiento. En lo que es restitución propiamente, lo concreto son 14.728 hectáreas a 562 familias. Ante las 5 millones de hectáreas perdidas por las 400.000 familias reconocidas con derechos, esto representa 0,35% del área y 0,13% de los hogares. Esto tiene un gran valor simbólico porque muestra una intención y, como tal, debe apreciarse. Pero mal se puede hablar del éxito del programa o de ‘metas superadas’… y menos si se tiene en cuenta que van más de 50 asesinatos a defensores del proceso, y que, como es obvio, se inició por lo más fácil.
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