Opinión

  • | 2011/12/12 18:00

    Crisis europea y cambio climático

    Ojalá que los retos del cambio climático se enfrenten con estrategias políticas más eficaces que las desplegadas frente a la crisis de la zona del euro.

COMPARTIR

Uno de los pocos beneficios que puede traer la crisis europea es reducir la emisión de gases causantes del cambio climático. Pero podría haber otro beneficio: hacer reflexionar a los líderes mundiales sobre las razones que impiden la solución oportuna de los grandes problemas globales, que incluyen tanto el contagio financiero internacional como el cambio climático.

Lo que empezó hace dos años como un desajuste fiscal en Grecia, cuyos efectos sobre los demás países podrían haberse evitado con US$50.000 millones, se ha convertido en una amenaza no solo para la unidad europea, sino para la estabilidad mundial, con un costo de varios billones de dólares, que aumenta cada día.

Algo semejante está ocurriendo, a un ritmo más lento, con el cambio climático, y por razones parecidas.

Las demoras iniciales para actuar en ambos casos podrían atribuirse a la incertidumbre sobre la naturaleza y las implicaciones del problema. Es posible que se hayan perdido unos pocos meses en descubrir el tamaño del déficit fiscal y del endeudamiento griego. También es posible que se hayan perdido algunos años en reconocer que el cambio climático es una tendencia real causada por la emisión de gases, y no una fluctuación pasajera debida a causas naturales.

Pero en ambos casos la negación del problema la mayor parte del tiempo no se debió a falta de evidencia sino a encubrimiento malintencionado de parte de sus principales causantes.

El reconocimiento del problema no llevó oportunamente a acciones colectivas para detenerlo, principalmente porque el país hegemónico (en un caso Alemania, en otro Estados Unidos) se negó a asumir los pequeños costos iniciales a menos que las contrapartes (Grecia y China, principalmente) incurrieran en fuertes sacrificios para purgar sus pecados (indisciplina fiscal y atraso tecnológico, respectivamente).

Si la crisis europea es una guía de lo que ocurrirá con el cambio climático, hay numerosas razones para preocuparse.

En primer lugar, toda solución que consiga ser aceptada por las principales partes involucradas llegará a regañadientes, estará basada en supuestos irrealmente optimistas y a poco andar resultará insuficiente.

En segundo lugar, predominará la intención de calmar el nerviosismo periódicamente con anuncios altisonantes y supuestamente definitivos sobre la necesidad de prever las dificultades políticas y técnicas para la implementación de las medidas.

En tercer lugar, los países con mayor peso político y económico estarán siempre más dispuestos a asumir los costos de reparación interna de sus países (rescates financieros en un caso, costos de adaptación en el otro), que los costos de controlar el problema colectivo (en un caso, por ejemplo, aportes a fondos fiscales comunes, en el otro, costos para mitigar la emisión propia de gases invernadero). Y esto, a pesar de que, a la larga, resulten ser mucho mayores los costos de reparación doméstica que los de control del problema colectivo.

Y, finalmente, de poco servirán los mejores esfuerzos de las entidades de gobierno supranacional, como la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional en el caso de la crisis europea, o en materia de cambio climático la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCC) y el Banco Mundial, porque las decisiones de estos organismos quedarán presa de los mismos gobiernos renuentes a los compromisos colectivos y porque ningún país entregará la discrecionalidad de sus políticas a un organismo más allá de su control.

Ojalá se llegue a una solución de la crisis europea que demuestre que todas estas preocupaciones son infundadas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?