Opinión

  • | 2011/07/21 13:00

    Computadores en las escuelas: ¿son la solución?

    La informática puede contribuir al aprendizaje, pero lo esencial no es que cada estudiante tenga un computador.

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La baja calidad de la educación es uno de los mayores obstáculos al desarrollo económico y social. En las pruebas internacionales de aprendizaje los estudiantes latinoamericanos se desempeñan muy mal: solo uno de cada ocho logra puntajes superiores al promedio de los estudiantes de los países desarrollados. La gran mayoría se raja en comprensión de lectura y en habilidad matemática.

Cuando comenzaron a popularizarse los computadores se creyó que la solución estaba a la mano. Primero empezó a invertirse en laboratorios de informática en las escuelas. Desde mediados de los noventa se introdujo el servicio de Internet en los planteles educativos y se montaron programas de gran escala de capacitación de los docentes. Luego vinieron los portales de la web, a medida que los gobiernos comenzaron a proporcionar contenidos e instrumentos educativos a los planteles conectados a Internet. Por último, al menos una decena de países latinoamericanos han puesto en práctica proyectos pilotos para que cada estudiante tenga su computadora.

No hay prueba de que todo esfuerzo haya valido la pena. En años recientes ha habido una racha de trabajos de investigación rigurosos que han intentado medir el impacto educativo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

Los resultados son desilusionantes. Por ejemplo, al evaluar con métodos experimentales un programa para dotar de computadoras a escuelas de primaria y secundaria seleccionadas aleatoriamente en Colombia, no se halló efecto alguno en las áreas de matemáticas y lenguaje (frente a escuelas semejantes en todo sentido, a las que no se dotó de computadores). En las escuelas peruanas ocurrió lo mismo. En Perú tampoco se encontró ningún efecto en el uso de computadoras como medio para reducir las tasas de repetición de cursos.

La clave no es que las escuelas le entreguen un computador a cada estudiante, sino que cuenten con los recursos complementarios, como el software, la capacitación de los docentes y el apoyo técnico y pedagógico. Tristemente, una y otra vez, los ministerios de educación adquieren los computadores y se olvidan del resto.

Hay algunas cosas más efectivas y más baratas que el computador individual, como impartir una o dos horas por semana de capacitación en TIC a los estudiantes. La instrucción asistida por computadora también ha demostrado un potencial significativo para acelerar el aprendizaje de las matemáticas, como lo ha demostrado el programa “Más Tecnología” de Guayaquil, cuya clave es un software de matemáticas que adapta los contenidos según una evaluación inicial de cada educando.

Por sí solo, el acceso a los computadores en la escuela no produce ningún efecto. En cambio, el acceso a computadoras en el hogar puede tener consecuencias negativas, especialmente entre niños que carecen de supervisión (posiblemente porque dedican sus energías a jugar).

Si bien las TIC son prometedoras, no son la varita mágica que solucionará las deficiencias de los sistemas educativos. Tampoco pueden hacer milagros en otras áreas. Tras evaluar 46 proyectos de adopción de TIC en seis áreas distintas: finanzas, salud, educación, trabajo, instituciones y medio ambiente, un reciente estudio del BID(1) encontró que sólo 39% de los proyectos obtuvieron beneficios claros.

Si antes de masificar los programas de adopción de TIC se hicieran experimentos rigurosos de evaluación de impacto, se ahorrarían muchos recursos y se obtendrían mejores resultados.

Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título personal.

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[1] Chong, A. (editor). Conexiones del Desarrollo: Impacto de las Nuevas Tecnologías de la Información. BID, 2011.

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