Opinión

  • | 2011/10/26 18:00

    Camino de un “Tarp” Europeo

    Se comenta que la única forma de aislar el contagio de la suspensión y/o restructuración de pagos de Grecia sería una recapitalización de los bancos de la Unión Europea, similar a la que adoptó EE.UU. en 2008.

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El gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, declaraba hace unos días que esta es la crisis financiera más grave que hemos visto desde 1930, pudiendo ser la mayor de la historia. Posteriormente, aumentó la línea de financiación a los bancos desde 200.000 millones de libras a 275.000 millones. Todo ello en un entorno de rumores sobre la salud de varias de las entidades financieras europeas y el desmantelamiento del Banco Dexia entre tres entidades, una francesa, otra belga y un banco con todos los activos deficientes. Es curioso cómo en la prueba de esfuerzo que habían hecho los bancos centrales europeos hace tan solo un par de meses, Dexia salía como una de las entidades más sólidas del antiguo continente.

En medio de la crisis de 2008, el gobierno americano aprobó un plan de rescate al sistema financiero que se llamaba Troubled Asset Relief Program (Tarp), cuya finalidad era la compra de activos de las entidades financieras en los Estados Unidos y derivó en inversiones de capital público en compra de capital de los principales bancos americanos. El tamaño original del plan fue de US$700.000 millones, y en sus primeras estimaciones se pensaba que se podían llegar a perder casi la mitad de los mismos.

El objetivo era solidificar el sistema financiero ante el riesgo que la crisis de las hipotecas basura pudiese quebrar el mismo. Tres años después, la Oficina de Presupuestos del Congreso (CBO) no cree que las pérdidas de dicho plan lleguen a superar los US$25.000 millones. Prácticamente todos los bancos importantes han devuelto las ayudas que recibieron y, adicional a los dividendos recibidos, se vendieron algunas de las participaciones y Warrants con ganancias importantes. Varios bancos pequeños quebraron, pero se consiguió solidificar la banca en un momento de grave crisis. A la fecha de hoy, la única inversión importante que queda por recuperarse es la que se hizo en la compañía de seguros AIG, aunque parte de la inyección inicial en capital ya se recuperó mediante el IPO.

En este momento nos encontramos en una situación similar en Europa, donde todas las medidas tomadas hasta ahora por el Banco Central Europeo (BCE) lo único que han hecho es prolongar el problema. Sin embargo, en los últimos días se comenta abiertamente que la única forma de aislar el contagio de la suspensión y/o reestructuración de pagos de Grecia sería con una recapitalización fuerte de los bancos de la Unión. Es un planteamiento muy distinto al que han estado intentando hacer hasta ahora, que apostaba más por una reducción clara de gastos y de la deuda pública frente a nuevas inyecciones de dinero.

Pero el papel que han tenido las principales instituciones europeas en la compra de los bonos soberanos de los países en riesgo les ha llevado a debilitar claramente sus balances ante la situación potencial de impago de uno o más de los países periféricos. Al día de hoy, si se pusiesen a valor de mercado los bonos que tienen en sus carteras, muchos de ellos estarían en quiebra técnica. Afortunadamente, hay una decisión política clara de que eso no pase.

Lo más probable es que se aprueben líneas importantes en los próximos días a las entidades financieras que hoy están con problemas de financiación en los mercados interbancarios. Adicionalmente, es muy posible que el BCE, o el fondo de rescate recientemente creado, inviertan en el capital de los bancos, ayudándoles a pasar la crisis y, sobre todo, dando un mensaje a los depositantes de que su dinero está a salvo. Todo ello tendría una consecuencia negativa para los accionistas actuales de los bancos por la dilución que implicaría para sus inversiones; sin embargo, sería muy positivo para el sistema, al dar un mensaje de tranquilidad que evitase las corridas bancarias que se vieron con el Northern Rock en Londres en 2008 y que terminaron en la nacionalización del mismo.

Todas estas medidas ya las hemos visto con éxito en los Estados Unidos y en el Reino Unido y en alguna forma en la crisis bancaria sueca de hace ya dos décadas.

Si se consigue solidificar la confianza en los bancos, y los mismos empiezan a prestar de nuevo, estaremos en la línea de recuperación de la economía. Es un proceso lento, aún con muchos baches, y que puede implicar en el camino que Grecia deje de pagar su deuda, e incluso salga del euro, y que otros países periféricos sufran nuevas presiones en sus mercados internos.

Como positivo, los datos de creación de empleo en los Estados Unidos publicados el 7 de octubre. Ya se empieza a pensar que la posibilidad de recaer en una recesión es más pequeña, que el superarla. Sigamos de cerca la reunión del G20 de principios de noviembre en la que se quieren delinear las políticas de salida de esta crisis, en donde probablemente veamos a los países en crecimiento (Bric) lanzando líneas de ayuda al mundo desarrollado. ¿Será que el eje del mundo finalmente se está moviendo de Norte a Sur y de Oeste a Este?
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