| 6/13/2014 6:00:00 AM

Los Jurídicos

Estos altos ejecutivos encabezan los equipos más exigidos a la hora de resolver conflictos legales y preservar la imagen corporativa en condiciones a veces extremas.

Todos ellos viven, como diría Gilberto Alzate Avendaño, “con el alma pegada de un inciso”. Por la naturaleza de sus cargos deben buscar respuestas en los códigos, en la jurisprudencia y en documentos que casi siempre se relacionan con encrucijadas. De eso puede dar fe Luisa Fernanda Mejía, vicepresidente jurídica de Drummond, cabeza de un equipo que estuvo en la primera línea de batalla cuando la compañía sufrió las consecuencias del accidente de una barcaza cargada de carbón cerca de la bahía de Santa Marta.

Sobre sus hombros descansa también buena parte de la responsabilidad de presentar la imagen corporativa en escenarios que pueden llegar a ser muy hostiles. Así lo comprueba Adriana Jiménez Báez, secretaria general y jurídica de la Nueva EPS, cuando visita algunos despachos judiciales. “Allí –dice– se advierte una prevención contra las EPS: casi que de entrada, antes de que se examine el mérito de una demanda, se les considera culpables”. Y probar lo contrario puede tomar meses o años, como le ha ocurrido a cinco de sus funcionarios que estuvieron privados de la libertad por unos presuntos recobros ilegales.

Pero por todo eso sus logros adquieren, en ocasiones, una especial dimensión. La jurídica de la Drummond tuvo más que un respiro cuando vio culminado el proyecto del puerto de cargue. Jiménez, de la Nueva EPS, tiene razones para celebrar que ella y su reducido equipo han ganado hasta ahora todos los casos de responsabilidad médica entablados contra la entidad.

Entre ese grupo de cancerberos de la estabilidad jurídica de las empresas tienen cabida dos ejecutivos que se mueven con solvencia en su severamente regulado y no poco conflictivo medio de las telecomunicaciones. Hilda María Pardo y Fabián Hernández, vicepresidentes jurídicos de Claro y Movistar, respectivamente, deben dinamizar constantemente sus métodos de trabajo para seguirle el paso al vertiginoso rumbo de la tecnología en el terreno sinuoso de la competencia.

En general perciben que su remuneración se compadece con el volumen de trabajo que les espera cada día y que desafía su capacidad de manejo del tiempo. “Son tantos y tan densos los documentos que desfilan por mis ojos que a menudo los siento cansados y sin derecho a parpadear”, dice Luisa Fernanda Mejía, quien sin embargo compensa el tiempo de lectura de textos farragosos con el recorrido por las páginas de su autora favorita, la rusa Ayn Rand, la misma del celebrado Atlas Shrugged. A su vez, también saca tiempo para pedalear en su bicicleta al lado de su esposo, el también abogado Alfonso Miranda.

Aunque no existe una medida exacta para comprobarlo, Adriana Jiménez descansa cuando advierte que el riesgo legal disminuye. Es cuando no tiene que posponer la comida semanal con sus amigos o sus idas a cine para sustraerse de los temas que parecen coparla cada día. Como bien lo advierte Pablo Londoño, socio de la firma de cazatalentos CTPartners, la complejidad de los negocios ha aumentado el nivel de riesgo de las organizaciones, lo que demanda reforzar la planeación jurídica como parte central de la estrategia de negocio.

Y el menú de los temas tiende a ampliarse: los asuntos de propiedad intelectual y patentes, por ejemplo, se han dinamizado, producto del enfoque de mercado hacia la innovación. “La conciliación –observa el experto, en relación con un tema que también compete a los jurídicos– ha surgido con fuerza como forma alternativa del manejo de conflictos, y el dinámico cambio regulatorio, sobre todo en ciertas industrias que atañen a temas medioambientales, se vuelve un área de conocimiento crítico”.

Por eso, el líder jurídico ya no es el clásico back office contractual. Tiene que estar a la vanguardia y es parte frecuentemente del manejo de la relación con entes regulatorios. Capacidad analítica, planeación, habilidades de negociación y comunicaciones son sus competencias clave.
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