| 6/13/2014 6:00:00 AM

Los de Comunicaciones

Son la cara amable de una compañía y los encargados de capotear desde un ataque mediático hasta la crisis interna más compleja. Así son los encargados de comunicaciones en las grandes empresas.

En uno de sus célebres versos, el cantautor cubano Silvio Rodrí-guez habla literalmente de “la mirada constante, la palabra precisa y la sonrisa perfecta”. Tres atributos que bien podrían describir la esencia de cualquier vicepresidente de comunicaciones corporativas. Básicamente, porque quien ostenta ese cargo se convierte –casi por definición- en el rostro amable de una compañía de puertas hacia afuera. Pero al mismo tiempo funge como una suerte de conciliador o canal comunicativo que, de puertas para adentro debe trasmitir sin vacilaciones y de forma inequívoca hasta el mensaje más sutil.

Se trata, en resumen, de un articulador con tenues pinceladas de diplomático. Pero, ¿qué tipo de profesionales tienen los arrestos de embarcarse en esta misión? ¿Cómo logran su cometido? Y, ¿a qué ritmo transcurre su día a día? Para ir al grano, la mayoría de ellos dedica sus años de universidad a la Comunicación Social y, con el paso del tiempo, a perfeccionar sus habilidades mediante alguna maestría relacionada con el asunto. Los demás salen, por lo general, de una baraja de ejecutivos inclinados por las humanidades.

Y, aunque resulte paradójico, el conocimiento acumulado durante años de estudio no necesariamente es el arma más ‘letal’ de un ejecutivo de Comunicaciones a la hora de sacar a relucir sus capacidades. Muchas veces una buena dosis de tacto, mezclada con sentido común y un comportamiento estratégico, le bastan para construir una artillería capaz de contener hasta el ataque más certero en contra.

Al fin de cuentas, su trabajo se limita a sofocar toda llama que se extienda hasta las entrañas de la compañía que representa. Si de capotear, por ejemplo, algún medio de comunicación se trata, sobre las manos de este directivo recae la responsabilidad. Lo mismo debe hacer si la faena consiste en acallar esos rumores internos que, en buena medida, afectan la productividad de una empresa y generan sensaciones de incertidumbre. También es él quien debe buscar acercamientos con diferentes audiencias, según las necesidades de la firma. Y no menos importante es su rol al momento de mostrar hacia afuera las bondades de la compañía y minimizar sus debilidades.

Sin duda, es una labor tan intensa como tensionante. Dos circunstancias que por lo general debe afrontar un profesional enérgico, dinámico y, sobre todo, recubierto por una fuerte coraza. Quizás eso explique por qué el grueso de los vicepresidentes de comunicación son personas que no superan los 50 años. Edad perfecta para ponerles el pecho a las largas jornadas de hasta 14 horas que a diario deben enfrentar. Para algunos, sacrificio y, para otros, pasión. Pero independientemente del sentimiento que rija su derrotero laboral, para cualquiera que esté sentado en esta apetecida silla es claro que sus consecuciones profesionales son remuneradas con una asignación salarial de entre $15 millones y $22 millones al mes.

Dentro de la hoja de vida de estos directivos descuella un detalle que por lo general otros pasarían por alto: es un experto en el manejo de nuevas tecnologías de la información. En concreto: internet, intranet, las crecientes y poderosas redes sociales y aquellas plataformas que a la larga funcionan como un medio de comunicación alternativo. Cuando no están sumergidos en las absorbentes aguas de su trabajo, no vacilan en dedicar tiempo a sus familias, pasatiempos favoritos o, simplemente, a compartir entre amigos. Esto demuestra que antes que exitosos trabajadores son seres humanos sensibles. Y es precisamente por estas calidades que las compañías requieren cada vez más de sus servicios.

Parafraseando al dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht, Silvio Rodríguez introdujo una de sus canciones así: “hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”. Tan imprescindibles como lo son hoy por hoy los vicepresidentes de comunicaciones corporativas.

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