| 10/14/2015 7:00:00 PM

SABMiller y AB InBev: Los reyes de la cerveza

La unión entre SABMiller y AB InBev es histórica, no solo por los cerca de US$105.000 millones que vale el negocio, sino por el cambio en el mapa de esta industria y el papel protagónico de la familia Santo Domingo. Historia de una megamovida empresarial.

En una pequeña casa del centro de Londres, cerca del Palacio de Buckingham, se cerró el que desde ya se considera el negocio más grande que se haya realizado en el sector de consumo masivo. La casa es la sede del banco de inversión boutique Robey Warshaw, una de las firmas que asesora a SABMiller en su muy probable fusión con AB InBev.

Allí se reunieron el lunes 12 de octubre Carlos Brito y Olivier Goudet, CEO y presidente de la junta de AB InBev, con Jan du Plessis y Guy Elliott, presidente y director adjunto de la junta de SABMiller.

Aunque las negociaciones oficiales se hacían en la única sala de juntas del banco de inversión, que tan solo tiene nueve empleados, en las demás oficinas se movía un equipos de asesores e inversionistas que daban su visto bueno o desaprobaban lo que se iba negociando. Entre ellos estaba Alejandro Santo Domingo, quien fue una ficha clave de la movida y ante quien reportaban Du Plessis y Elliott.

Las negociaciones de ese lunes comenzaron con una oferta de AB InBev de pagar 43,50 libras esterlinas por cada acción de SABMiller, la cual fue rechazada al mediodía. Al atardecer, Brito se negaba a subir el precio, pero su acompañante, el francés Goudet, fue quien se animó a aumentar su propuesta a 44 libras (US$67,62), lo que equivale a una prima de 50% del precio que tenía la acción de SABMiller el 14 de septiembre, cuando se avivaron los rumores de la compra, y lo que valora a la cervecera anglosudafricana en 68.000 millones de libras (cerca de US$105.000 millones).

Con ese monto se logró humo blanco, pero faltaba definir el dividendo para los accionistas de SABMiller, el tamaño de las arras que pagaría AB InBev si el acuerdo se derrumbaba –que fueron pactadas en US$3.000 millones– y la forma como lidiarían los obstáculos regulatorios que enfrentará esta megafusión.

Una vez logrados los acuerdos, una legión de banqueros, abogados y consultores de relaciones públicas terminaron de redactar las formalidades de la fusión y un comunicado que se dio a conocer al amanecer del martes 13 de octubre.

Lo que no es efectivo

Aunque el dato clave del negocio, que es el precio, ya fue pactado, están pendientes temas decisivos que tienen que ver con la forma como los mayores accionistas de SABMiller participarán en el negocio, pues tributariamente no les conviene que les paguen su parte en efectivo; les interesa recibir acciones de la nueva compañía que se forme tras la fusión.

Para finiquitar los últimos detalles se fijó la fecha límite del 28 de octubre en la cual la oferta de AB InBev deberá quedar en firme ante los reguladores bursátiles ingleses, pues es en Londres donde están listadas las acciones de SABMiller y de donde saldrán para quedarse en Bruselas, en cuya bolsa está inscrita AB InBev.

Inicialmente se acordó que habría dos posibilidades para que los dueños de SABmiller vendan su parte: solo en efectivo o con una mezcla de efectivo y acciones de la nueva megacervecera. Quienes elijan la segunda opción recibirán por cada una de sus acciones lo siguiente: primero, 3,77 libras esterlinas en efectivo y, segundo, un paquete de acciones de la nueva compañía, con un factor de conversión de 0,483969 acciones, lo que equivaldría a 35,25 libras por cada acción intercambiada. Esto en conjunto representa un valor de 39,03 libras esterlinas por acción de SABMiller.

Estas participaciones en la nueva empresa no estarán inscritas en Bolsa y no podrán ser vendidas en los próximos cinco años. Terminado ese plazo podrán convertirse en acciones ordinarias de la nueva firma, bajo un factor de conversión de uno a uno.

Sin embargo, durante los cinco primeros años, las acciones restrictivas que recibirán los accionistas de SABMiller tendrán las mismas prerrogativas que las acciones ordinarias en cuanto a dividendos, derecho a voto y nombramiento de directivos.

Teniendo en cuenta que los Santo Domingo son dueños de 13,9% de SABMiller y que, junto con Altria (que tiene 27%), son los más interesados en ser socios de la nueva cervecera, ya se empieza a especular sobre su nueva posición en el negocio.

En julio pasado, SABMiller reportó tener 1.616 millones de acciones en circulación, lo que implica que los Santo Domingo tendrían en su poder 224 millones de acciones. Si se deciden por la opción de las acciones restrictivas, recibirían 849 millones de libras esterlinas en efectivo (unos US$1.313 millones) y 108 millones de acciones de la nueva empresa.

Dado que aún no se sabe cuántas acciones tendrá la firma que venderá 3 de cada 10 cervezas que se toman en el mundo, pues se prevé que por temas de competencia tendrán que salir de algunas de sus filiales, es prematuro determinar con cuánto se quedarán los Santo Domingo.

Un negociazo

Lo que sí se sabe desde ya es que los herederos de Julio Mario Santo Domingo lograron en una década aumentar considerablemente la mayor inversión que les dejó su padre. En 2005, cuando vendieron Bavaria a SABMiller, se quedaron con cerca de US$5.000 millones (la venta fue por US$7.800 millones, pero había otros accionistas) y ese monto se convertiría en 8.764 millones de libras (US$13.564 millones, con precios al 14 de octubre).

Por ahora todo es especulación, pero si siguen como socios de la nueva compañía, podrían quedarse con alrededor de 5%, teniendo en cuenta la participación accionaria que poseen hoy en SABMiller. Así mismo, pasarían de tener dos miembros de junta a tan solo uno”, explica un abogado cercano a la familia.

Pero más allá de su rol en la nueva firma, que al 14 de octubre tenía una capitalización bursátil de US$285.101 millones –sumando el valor en bolsa de ambas compañías–, lo cierto es que con este negocio Alejandro Santo Domingo se convirtió en uno de los empresarios más notorios del momento. Su nombre empezó a sonar en los medios internacionales, dado que fue considerado como la piedra en el zapato para lograr un acuerdo de fusión.

Cuando AB InBev manifestó de forma oficial su interés en adquirir a su rival, la firma dio a entender que contaba con el respaldo de Altria y Bevco, la empresa a través de la cual los Santo Domingo invirtieron en SABMiller. Aunque Altria confirmó su apoyo al acuerdo, los Santo Domingo lo negaron y hasta último momento fueron quienes pujaron por un alza en el precio.

Así, periódicos como Financial Times y The Guardian publicaron sendos perfiles sobre el hijo de don Julio Mario, a quien no dudaron en calificar como prince charming (príncipe encantador), quien además es un billonario joven y soltero que frecuentemente sale en las páginas del jet set. Alejandro recientemente se comprometió con Lady Charlotte Wellesley, hija del Duque de Wellington, uno de los títulos de mayor rango en la aristocracia del Reino Unido.

La prensa internacional sostiene que hasta el último minuto Alejandro Santo Domingo estuvo buscando un mejor precio y dicen que su manejo fue similar al de un jugador de póker, que pudo mover las cartas a su favor. El Financial Times sostiene, además, que quien terminó convenciendo a la cabeza de la familia Santo Domingo fue el billonario brasileño Jorge Paulo Lemann, el mayor accionista de AB Inbev, quien a través de su firma 3G Capital convirtió a la cervecera de su país, Brahma, en el gigante que es hoy AB InBev, mediante fusiones y adquisiciones a lo largo de las últimas dos décadas.

Suben las fortunas


Mientras la unión de las dos mayores cerveceras del mundo se concreta, lo cual se estima tomará más de un año, las firmas que establecen quiénes son los hombres más ricos del mundo comenzaron a recalcular fortunas, pues en este negocio están involucrados varios millonarios que se benefician con el alza en los precios de las acciones de SABMiller y de AB InBev. Tras el acuerdo preliminar, las primeras subieron 9% en una sola jornada y las segundas 1,68%.

En lo corrido del año, las acciones de SABMiller han ganado 14,9%, y las de AB InBev 0,20%, debido a que deberá endeudarse para poder pagar la compra (se dice que está buscando financiación con 10 bancos para conseguir US$70.000 millones).

La valorización de las acciones ya impactó la fortuna de los Santo Domingo. A marzo, según el ranking de Forbes, donde dividieron la herencia de don Julio Mario entre sus dos hijos –Alejandro y Andrés, US$4.400 millones cada uno– y otros US$4.400 millones para los dos hijos de Julio Mario Jr. fallecido, se ubicaban en el puesto 369 de los estadounidenses más ricos del mundo. Al pasado 12 de octubre, saltaron al lugar 149, con US$4.900 millones cada uno.

Otra es la cuenta del índice de billonarios de Bloomberg, donde toda la fortuna de la familia se deja en cabeza de Alejandro Santo Domingo y la totalizan en US$16.000 millones, lo que equivale a un aumento de US$1.000 millones en un solo día (el 13 de octubre) y de US$1.900 millones en lo que va del año. En este escalafón, el representante del clan de origen colombiano se ubica en el puesto 50 entre las 200 personas más adineradas del mundo. Así mismo, es el quinto más rico entre los billonarios que generan su fortuna en el sector de alimentos y bebidas.

Según las cuentas de Bloomberg, los US$16.000 millones de los Santo Domingo están repartidos de la siguiente manera: US$1.300 millones en activos en efectivo; US$13.600 millones en SABMiller; US$390,5 millones en Valorem –por el precio en Bolsa de hoy pero para los expertos sus empresas tienen un valor superior–; US$90,5 millones en Corpbanca; US$48,1 millones en BTG Pactual; US$162,8 millones en la española Inmobiliaria Colonial, y US$500 millones en inversiones privadas en hoteles (como los Decameron).

No todos contentos

Mientras los accionistas de AB InBev y los mayoritarios de SABMiller celebran el negocio, otra opinión tienen en Sudáfrica, país de origen de la empresa que será absorbida. The Public Investment Corp., el cuarto mayor accionista de la cervecera anglosudafricana (con 3,14%), objetó el intercambio accionario, pues consideran que no les deben dar acciones restrictivas y que no se puedan negociar en cinco años, sino acciones ordinarias de la nueva compañía.

The Public Investment Corp, el mayor administrador de fondos de Sudáfrica, así como el gobierno de ese país están abogando para que la acción de la nueva cervecera no sea sacada de la bolsa de Johannesburgo, donde hoy transa SABMiller en simultánea con Londres. Esto porque es una de las acciones más importantes de ese mercado y se teme que afecte su bursatilidad. Así mismo, hay preocupación por el empleo y las plantas de la cervecera en el país africano. Temores similares a los que se tuvieron en Colombia cuando Bavaria fue vendida. Sin embargo, Carlos Brito, el CEO de AB InBev, ya se contactó con el gobierno de Pretoria para asegurarles que el empleo no se afectará y que en Johannesburgo planean tener su casa matriz para el continente africano.

Justamente la fuerte presencia de SABMiller en África es una de las razones por las cuales AB InBev estaba interesada en absorber a su rival.

Además de las preocupaciones de los inversionistas involucrados en el negocio, están las de las autoridades que tendrán que medir el impacto de un gigante con presencia en los cinco continentes.

Se estima que juntos, AB InBev y SABMiller serán el mayor consumidor mundial de alimentos básicos y generarán en 2016 un Ebitda de US$25.000 millones. Además, serán el número uno o dos en 24 de los 30 mayores mercados de cerveza del planeta.

“Desde la perspectiva de competencia, la operación no puede analizarse en un plano meramente mundial, sino de mercados nacionales. En varios países de América Latina (Ecuador, Perú, Colombia y Panamá) ya tienen el control del mercado y sería simplemente un cambio de manos. Pero en los principales mercados cerveceros mundiales (Estados Unidos y China) la cuota conjunta se aproxima a 60% en el primero y a 40% en el segundo, lo que haría que las autoridades antimonopolio les pongan condiciones”, explica desde Madrid Francisco Marcos, profesor del IE Law School.

Agrega que el negocio de la cerveza ha estado tradicionalmente muy concentrado y más con las fusiones de los últimos años. De hecho, AB InBev todavía está digiriendo la adquisición de la cervecera mexicana Grupo Modelo, a la que las autoridades federales estadounidenses pusieron muchos problemas.

Los expertos estiman que para que el negocio se pueda concretar, lo más probable es que la nueva empresa tenga que vender su participación en la estadounidense MillerCoors, la cual tiene 25% del mercado de cerveza de Estados Unidos, cuyo valor se estima entre US$9.000 millones y US$13.000 millones.

Por el lado de China, SABMiller está asociada con China Resources Enterprise Ltd. en la firma CR Snow, que tiene la marca Snow, la cerveza más vendida del mundo. Aquí la primera tiene 49% y la segunda, que sería la compradora, no solo tendría la prioridad, sino que además es una empresa estatal, así que contaría con el apoyo del gobierno chino.

Marcos también prevé que la unión entre AB InBev y SABMiller tendrá impacto en mercados conexos a la fabricación y distribución de cerveza, como las embotelladoras, los fabricantes de refrescos, de aperitivos y de alimentos en general.

Más allá de las exigencias de los reguladores y de la filigrana final del acuerdo entre accionistas, lo cierto es que este es un negocio histórico, no solo por su valor (que equivale a un tercio del PIB colombiano medido en dólares), sino porque implica un reacomodo de una industria que está en la canasta familiar de los consumidores del planeta. Esto sin contar con el ascenso de los representantes del país en los rankings de billonarios del mundo. No en vano la prensa europea no duda en calificar a los Santo Domingo como la familia real colombiana.

El mercado criollo

Durante muchos años, el grupo Santo Domingo concentró buena parte de su poder económico en Colombia. No solo tenía a Bavaria, sino también a Avianca, Caracol Radio y Televisión, así como muchos otros activos en la industria y los servicios, que le dieron un rol preponderante en la historia empresarial del país.

Luego de la fusión con SABMiller, el grupo aparentemente redujo su portafolio en Colombia, pero sus empresas siguen facturando con fuerza. Valorem produjo en 2014 al menos US$90 millones en Ebitda. Allí se encuentran Biofilm, Refocosta, Caracol Televisión, Cine Colombia, Suppla, Ditransa, Playa Blanca Barú, Gases del Caribe, la cadena de minimercados D1, Inversiones Cromos, Canal Clima, Linio y Comunican (diario El Espectador).

El grupo Santo Domingo ha incursionado en los últimos años en varios negocios novedosos, entre los que están D1 y Terranum, el cual invierte, construye y administra proyectos inmobilirarios.

Bavaria, en el ADN

En el ADN de la nueva megacervecera estará la colombiana Bavaria, con más de un siglo de recorrido. Esta es la ruta que ha seguido la cervecera nacional hasta su consolidación en multinacional.

4 de abril de 1889. El alemán Leo Siegfried Kopp Koppel funda en Bogotá la sociedad Kopp’s Deutsche Brauerei. En 1930, tras la fusión de Kopp’s con algunas cervecerías regionales se crea el Consorcio de Cervecerías Bavaria.

22 de abril de 1913. Comienza a producirse en Barranquilla Cerveza Águila.

Marzo de 1967. Bavaria compra Cervecerías Águila a través de un intercambio de acciones que pone a la familia Santo Domingo como accionista mayoritario.

1973. Inicia un proceso de expansión y modernización al inaugurar una de las mayores plantas cerveceras del país, la Cervecería Bavaria en Bogotá.

Enero de 1994. La Organización Ardila Lülle anuncia el lanzamiento de Leona, la cerveza con la que entraba a competirle directamente al grupo Santo Domingo.

15 de mayo de 2000.  Bavaria compra 44,2% de Cervecería Leona. Para diciembre de 2002, la compañía formalizó la compra del 55,8% restante.

15 de julio de 2002.
Bavaria adquiere 22% de las acciones de la cervecería peruana Backus & Johnston. Un año después ya controlaba 74% de las acciones con derecho a voto.

18 de julio de 2005. Tras un intenso proceso de negociación, Bavaria es vendida por US$7.800 millones a SABMiller. El negocio incluyó un intercambio de acciones que le permitió a la familia Santo Domingo quedarse con 15% de las acciones de la multinacional.
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