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Con ventas por $1,34 billones, Roa Florhuila es el orgullo opita

La Organización Roa Florhuila es la más grande compañía en la región del Huila, con ventas por más de $1,34 billones. Con su nueva planta en Casanare buscan aumentar su capacidad de producción.

La Organización Roa Florhuila (ORF) nació hace apenas dos años, pero su historia está asociada con dos de las más tradicionales compañías productoras de arroz del país, que fueron impulsadas por el liderazgo de los hermanos Aníbal y Rafael Vicente Roa.

Desde la década de los 80, las organizaciones venían registrando un ritmo de crecimiento importante por la vía de adquisiciones y consolidaciones. “Es una empresa familiar, con 50 años de historia. Desde finales de los 80 adquirió Molinos Flor Huila. En 1996 compramos la marca de arroz parvorizado Doña Pepa”, comentó Hernando Rodríguez, gerente general de ORF.

Estas son las apuestas de una empresa insignia del departamento del Huila.

¿Cuál ha sido el desarrollo de la organización en estas últimas décadas?

Hasta el 30 de diciembre de 2014, las empresas Roa y Flor Huila trabajaron de manera independiente en su estructura y en sus administraciones con dos NIT diferentes. Desde ese momento se consolidó una única organización. Uno de los objetivos de la consolidación era ponernos a la vanguardia, tanto en la parte tecnológica como comercial.

Además de una reestructuración de la estrategia comercial, hemos venido haciendo una ampliación importante de nuestra infraestructura.

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¿Qué se ha hecho en este frente?

Se hicieron unos ensanches. Ya incursionamos con infraestructura en los Llanos Orientales, en los departamentos de Meta y Casanare. Esas empresas nacieron como arroceras en el Huila, luego se hace una ampliación hacia el Tolima en los 90 y posteriormente en el Meta. Luego en Villanueva, Casanare, hacia los años 2000 y hoy estamos desarrollando un proyecto en el municipio de Pore, Casanare.

¿En qué consiste ese proyecto?

Se trata de una infraestructura completamente nueva con tecnología de punta. Empezamos el primero de marzo pasado la primera etapa de la planta de recibo y secamiento, que debería comenzar a operar en septiembre próximo. El proyecto de trilla está para que quede listo a mediados de noviembre también en su primera etapa.

El proyecto se divide en tres etapas según la capacidad de almacenamiento y trilla que logremos. Al final, vamos a quedar con una capacidad instalada de unas 300.000 toneladas de arroz paddy verde al año en esas instalaciones; esto significa 170.000 toneladas más en esa planta. En total, el grupo pasaría a procesar unas 850.000 a 900.000 toneladas al año. Es un ensanche para un crecimiento de más o menos 35%, que implica mayor eficiencia, menor consumo de energía y mayor aporte medioambiental, porque estamos proyectando que gran parte de la planta va a funcionar con energía solar.

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¿De qué inversión estamos hablando?

Estamos hablando más o menos de US$20 millones para la primera etapa. La cual se financia con banca. El radio de operación de esa planta será de cuatro municipios: Pore, Paz de Ariporo, San Luis de Palenque y Trinidad, que siembran alrededor de 72.000 hectáreas.

¿Actualmente cuántos productos tienen en su portafolio?

Tenemos cerca de 20 productos, entre arroces tradicionales saborizados, fortificados y paella. Estamos ampliando e innovando con el área de mercadeo y ventas nuevos negocios, ya empezamos desde hace un año a importar y distribuir el atún Gustamar, que proviene de Ecuador. Estamos buscando arroces más especializados, de nuevas categorías y otros productos que no puedo anunciar aún.

¿Están pensando en algo más que arroz?

Nosotros tenemos una mega trazada en el proyecto, estratégica, que es ser los distribuidores o procesadores de la gran mayoría de alimentos de la canasta familiar. Y seguimos explorando la posibilidad de exportar productos a Centroamérica y la Comunidad Andina, como los saborizados y productos especializados. La diversificación ya la estamos haciendo con atún Gustamar.

En el frente de los canales hay una gran revolución que son las cadenas de ‘descuento duro’. ¿Cómo los está afectando esa pelea? 

Estamos preparados para atender todos los canales. Es claro que las condiciones de negociación para nosotros cambiaron; hay más presiones de precios y condiciones de venta. Actualmente, nosotros atendemos con las grandes cadenas 10% de nuestro mercado; el resto es mayorista, como Corabastos, tiendas de barrio, canal institucional (hoteles, bares, restaurantes, hospitales y colegios) y autoservicios de barrios.

Uno de los problemas que ha enfrentado el sector en los últimos años es el contrabando. ¿Qué ha pasado en este frente?

Estaba calculado que nos ingresaban más o menos 300.000 toneladas de contrabando al año. El mercado anual colombiano son cerca de 1,6 millones toneladas y hasta antes de la devaluación del peso teníamos un consumo per cápita de 41 kilos al año.

Lo que nos dice el Dane es que el consumo per cápita cayó a 39 kilos ahora, con una población de 49 millones, básicamente por los altos costos, porque somos deficitarios en la producción. Las cifras muestran que el contrabando llegó a ser de 38%, luego 32%, y luego 30% y bajó a 22% en 2015. Yo diría que para 2016 debe ser de un dígito, algo insignificante. La causa fue el dólar, que subió de precio y esa es la mejor barrera contra el contrabando.

El otro asunto clave es la productividad. ¿Cómo está la situación hoy para el sector?

En Colombia tenemos una productividad en arroz paddy seco de 4,68 toneladas por hectárea, cuando en Estados Unidos está en 10,2. Hay una tendencia de aumento en el área sembrada en ciertas zonas, como por ejemplo Arauca, que viene creciendo: allí hace tres años se sembraban 4.000 hectáreas, hoy se siembran 13.000 hectáreas con una tendencia al crecimiento. Este cambio se debe a los precios, pues seguimos siendo deficitarios. Ese déficit se presenta siempre en el primer semestre, porque en el segundo viene la cosecha nacional. 

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¿Los contingentes del TLC han ayudado a aumentar la oferta?

Las subastas del contingente del TLC están programadas una en febrero, casi 60% del volumen, otra en junio y otra en octubre. Iniciamos en 2015 con 70.000 toneladas, vamos en 2017 con 98.000 toneladas de arroz blanco. Aquí va subiendo el volumen y la tasa del arancel viene cayendo y el otro año ya será de 73%. El mercado se libera en 2030.

¿Y eso ayuda a la competitividad?

En la subasta lo que yo compro es el derecho a traer el arroz. Fedearroz, que es el gremio de los cultivadores, ha recibido más de US$60 millones y lo mismo la Rice Federation de Estados Unidos, otros US$60 millones. El objetivo era invertir en innovación y tecnología, pero ellos se han puesto a hacer plantas de molinos. El molino que estamos construyendo en Arauca es vecino de linderos con Fedearroz. Y esa no fue la idea. Lo otro que yo digo es que no es justo que el consumidor colombiano esté pagándole o subsidiándole inversión en tecnología a Estados Unidos. Esos US$60 millones que van a Estados Unidos han salido del bolsillo del consumidor colombiano.

¿Y los agricultores colombianos cómo van?

Firmaron en 2012 y pasaron seis años y no hicimos nada para estar a la vanguardia en la parte agrícola. El país no puede seguir subsidiando la ineficiencia. Todo el problema es tecnología, porque tenemos aguas, tenemos suelos, pero por ejemplo falta inversión en canales de riego.

¿Qué desafíos vienen?

Inversión en genética e inversión en tecnología de precisión. A nosotros un kilo de arroz nos vale, en la plaza de mercado, US$1,20; en Estados Unidos, también en la plaza de mercado, vale US$0,50.

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