| 2/19/2014 8:00:00 PM

Una agenda apretada

El próximo Congreso deberá dar trámite a un gran número de reformas que quedaron pendientes y asumir las que vengan como resultado del proceso de La Habana. El entorno económico impone nuevas exigencias.

La coyuntura que enfrentará el nuevo Congreso al iniciar sus labores será muy diferente a la de las elecciones anteriores. Estará poblado por pesos pesados de marca mayor, que buscarán debate desde el primer día y no se alinearán en ninguna mesa de unidad nacional. Y el ambiente estará cargado de electricidad por los temas que se derivan de las discusiones de La Habana y por la fragilidad del entorno económico a nivel internacional.

Sin duda, en la medida en que las conversaciones de paz sigan avanzando, generarán una agenda de trabajo fuerte para el Congreso. En temas clave como el desarrollo agrario, la participación en política de los grupos guerrilleros, las víctimas, la política frente al narcotráfico y las drogas y la implementación y refrendación del acuerdo, es de esperar que los debates en el Congreso serán intensos y polarizados, en especial si se tiene en cuenta la premisa de los negociadores en cuanto a que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.Será necesario abordar –como dice el concejal e historiador Juan Carlos Flórez– un paquete de reformas para que la paz en Colombia no sea más tenebrosa que la guerra. “Para que no siga el camino de países centroamericanos o africanos donde la paz llegó pero la violencia sigue torturando a los ciudadanos. Se debe hacer un paquete de reformas para que la paz signifique prosperidad y equidad”. Las definiciones en materia de paz no serán el único reto. La lista de pendientes que dejó la actual legislatura es grande y muchas reformas quedaron en el tintero.

La paz

El sigilo con que se maneja la información sobre las negociaciones de paz impide considerar en detalle los escenarios hacia el futuro y su impacto sobre la actividad legislativa. Se ha descartado, inicialmente, la propuesta de la guerrilla de crear una eventual Asamblea Nacional Constituyente y se han mencionado instrumentos como el referendo y la consulta popular. “Pero nadie volvió a hablar de eso, nadie lo comenta, ni lo desarrolla”, dice Fernando Cepeda, exministro de Estado. Lo que viene es una agenda de largo plazo. “Al Congreso le tomaría años manejar los temas que se acuerden en La Habana. El cálculo del Gobierno es entre 10 y 15 años. Eso es lo que se llama el periodo de construcción de la paz. Lo que se está haciendo en Cuba, si se firma algo, es el comienzo, no el final”, agrega Cepeda. En el futuro inmediato existe el riesgo de que la agenda parlamentaria quede como rehén de la velocidad con que se desarrollen los acuerdos de paz en La Habana.“Si las mayorías son gobiernistas no harían la tarea, porque esperarían los resultados de los diálogos para que ninguna reforma vaya en contravía de lo que se termine acordando en La Habana”, dice Mauricio Reina, de Fedesarrollo.

Los retos

Economistas, politólogos y analistas coinciden en que la reforma a la justicia es la prioridad para el Congreso que llega. “La justicia se está volviendo un obstáculo importante para la economía y hay que solucionar sus problemas”, dice Leonardo Villar, director ejecutivo de Fedesarrollo.Para Socorro Ramírez, doctora en ciencias políticas de la Universidad Sorbona de París, la Justicia en Colombia está en ruinas. “Urge mejorar su eficiencia y confiabilidad. El problema no es tanto de salarios y equipamiento, cuanto de preparación profesional y transparencia. Es necesario, entre otras cosas, cambiar el sistema de nombramiento de los magistrados de modo que se garantice las despolitización de las Cortes, definir mejor las competencias de cada instancia de la Rama para evitar sus continuos choques, reglamentar el uso de la tutela y fijar la instancia que la debe resolver”.

En materia de educación, el país sigue con un pasivo muy grande. “Hay que tomar muchas decisiones para mejorar la calidad. Estar de penúltimos a nivel mundial en calidad de la educación es una vergüenza”, agrega Villar. De acuerdo con Reina, es muy importante empezar a trabajar desde ahora en la reforma a la educación, “pues en el mediano plazo, cuando no tengamos el vapor de crecer con petróleo, ni minería ni infraestructura, si no tenemos para ese momento una mejoría sustancial de la educación, nos vamos a fregar”, asegura. Incluso, algunos van más allá: “Es necesario –dice Ramírez– conectar la política educativa de ciencia, tecnología e innovación con la política ambiental, industrial y agraria”.

El tema de pensiones también quedó pendiente. Allí, además de la reforma misma del esquema de pensiones, será fundamental reducir la desigualdad, aumentar la cobertura y garantizar el sostenimiento financiero y social del sistema. También, generalizar esquemas de pensiones no contributivas, modelo que viene adquiriendo importancia en Latinoamérica, con programas como Colombia Mayor o los Beps, pero con mayor impacto.“La agenda social es complicadísima y abultada”, asegura Clavijo, de Anif.

Bajo todo este escenario, las reformas son cada vez más urgentes. En el cuatrienio que termina, la unidad que produjo la Mesa de Unidad Nacional permitió pasar muchos proyectos de ley. Ahora, con la llegada del expresidente Álvaro Uribe y su bancada, la tónica de las discusiones cambiará. Todo apunta, entonces, a que un Congreso –la institución más desprestigiada del país, con porcentajes de desfavorabilidad que van desde 50% hasta 70%, fragmentado–, deberá empujar reformas trascendentales (salud, pensiones, educación) para cimentar la estructura económica de Colombia con miras a los próximos 20 años. No será un reto sencillo de llevar.

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La urgencia fiscal

Más allá de las negociaciones de paz, la primera gran decisión del nuevo Congreso en materia económica es una reforma tributaria, al menos por $7 billones. Está proyectada una reducción de ingresos, porque se acaba el impuesto al patrimonio, así como el impuesto sobre las transacciones financieras.

Además, en salud, pensiones, educación e infraestructura el país necesitará recursos adicionales.“Hoy la situación fiscal está bien, pero hacia el futuro las necesidades de gasto no están especificadas”, dice Leonardo Villar, de Fedesarrollo, quien calcula que la reforma sería de 2 puntos del PIB bajo el supuesto de que se mantiene un entorno internacional favorable. Para Sergio Clavijo, de Anif, la reforma podría incluir una expansión de la base del IVA.

La pregunta es si esa reforma tributaria efectivamente incluye una chequera para la paz. Eso va a depender de los tiempos de las negociaciones en La Habana y de cuál sea la mayoría parlamentaria. El precio de la gasolina agitará también nuevos debates en torno a la conformación de la fórmula, los recursos para el Fondo de Estabilización y los ajustes necesarios para reducir el precio –como quieren hoy muchos congresistas–. En el Congreso también se definirá la ratificación de acuerdos comerciales, como la Alianza del Pacífico.

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Los cacaos

“El Congreso que va a tener el país será de un perfil bastante alto. Es algo muy benéfico para echar a andar todas esas reformas que necesita Colombia”, dice Mónica Pachón, exdirectora de Congreso Visible. ¿A qué se refiere? Al próximo Congreso llegarán veteranos pesos pesados en la política. Álvaro Uribe lidera la lista al Senado del Centro Democrático, Horacio Serpa encabeza el liberalismo, Roberto Gerlein conduce la estrategia conservadora en el parlamento, y Antonio Navarro llevará las banderas de la Alianza Verde, pero más con el sello de los Progresistas de Gustavo Petro. Para el exministro Fernando Cepeda, la llegada de Uribe al Senado le da mayor relevancia a estas elecciones y llevarlas casi que a un enfrentamiento presidencial entre el expresidente Uribe y Juan Manuel Santos en el escenario del Congreso.

Nadie se atreve a hacer un cálculo político sobre la distribución de fuerzas en el Congreso. La firma Yanhass, por pedido del Centro Democrático, hizo un análisis con los cabeza de lista al Congreso, en el que Uribe saca 40%. Sin embargo, su favorabilidad no es tan alta y la gran apuesta es cuántos senadores logrará sacar el expresidente. En lo que todos coinciden es en que no será fácil para el presidente Santos manejar un Congreso en el que estarían no solo Uribe, sino también Navarro y Robledo.

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