| 7/24/2014 6:00:00 AM

Las cuentas de Cárdenas

La ratificación del Ministro de Hacienda anuncia la prioridad que el tema económico tendrá en el segundo mandato del presidente Santos. El panorama macro ha sido favorable para Colombia, pero se puede complicar. ¿Qué va a hacer el Gobierno?

El presidente Santos anunció la ratificación de Mauricio Cárdenas como Ministro de Hacienda en un foro de empresarios en Miami y así despejó la primera incógnita respecto de su gabinete para el segundo mandato. Con esta decisión vienen dos mensajes claros. Primero, el manejo económico es columna vertebral de la gestión del Gobierno y por eso era vital acabar la incertidumbre respecto a quién estaría a cargo. Y, segundo, si bien todo el mundo espera que los nombramientos de Ministros se hagan para cuadrar el ajedrez político; en el caso de Hacienda, el criterio fundamental ha sido asegurar la continuidad del modelo.

El nombramiento cayó bien. Cárdenas es un nerd pero nadie lo ve como un técnico distante, sino como alguien capaz de explicar temas complejos de una manera inteligible. Como todo Ministro de Hacienda, dice que no con frecuencia, pero no escatima esfuerzos para mostrarle al interlocutor que su punto de vista fue considerado con seriedad. Es un hombre popular, en la medida en que un economista puede ser popular.

Dinero entrevistó al ministro Cárdenas para conocer los planes del Gobierno en los frentes más importantes en la política macroeconómica. Su discurso es insistente en cuanto a que las cosas van bien, pero Colombia no puede descuidarse. La economía es un sistema complejo, donde todas las variables se afectan entre sí y no es posible decidir en un frente sin pensar en los efectos sobre otros temas. Los análisis más juiciosos no pueden evitar que aparezcan sorpresas, que nadie anticipa pero siempre ocurren. Conducir la economía de un país y mantener un mensaje coherente en medio de un entorno cambiante es todo un desafío.

Los mensajes centrales del ministro Cárdenas se refieren a esta complejidad, en la que todos los beneficios tienen costos, lo que se daba por cierto un día se vuelve variable al siguiente y a veces las noticias malas tienen su lado bueno. El previsible final de la expansión monetaria en Estados Unidos traerá aumentos en las tasas de interés, pero también implicará mayores exportaciones para Colombia. El impuesto al patrimonio no podrá desaparecer, como se anunció cuando entró en vigor, porque nunca se usó para financiar gastos temporales, sino permanentes. El gasto en el sector agrícola ha crecido en forma sustancial, pero hay que hacer un esfuerzo grande para financiarlo. El hueco fiscal obliga a hacer una nueva reforma tributaria, pero quizás se podría aprovechar la oportunidad para realizar avances cruciales en la lucha contra la evasión.

Un Ministro de Hacienda no puede prometer ríos de leche y miel y Cárdenas lo sabe. En cambio, anuncia su compromiso por hablar con claridad y mantener un principio de “juego limpio” con los agentes económicos. Aquí están sus respuestas.

Al ser usted el primer ministro ratificado, el Presidente manda un mensaje sobre el papel de la economía para su segundo mandato. ¿Cómo recibe su nombramiento?

Que en el pasado la economía haya estado bien, no necesariamente implica que el futuro esté asegurado. Ese es un tema que hay que trabajar todos los días, porque la economía hoy está tan interconectada, es tan interdependiente, que uno no sabe por dónde va a saltar la liebre. Siempre hay incertidumbre, siempre hay riesgos y en el entorno internacional actual hay muchísimas amenazas.

Un ejemplo fue el anuncio de JP Morgan sobre el aumento de la participación de los TES en su portafolio. Cuando esa noticia llegó, estábamos en una reunión con el presidente Santos. Dije: “Esto potencialmente puede ser importante”. Le pasé un papel al Presidente y se lo planteé como una noticia para que estuviera informado. Pero nunca dimensioné el impacto que podría tener, no pensé que eso nos volvería a tumbar la tasa de cambio a $1.850. Uno no puede poner el avión en piloto automático; usted tiene que estar ahí pegado al timón, porque no sabe en qué momento puede haber algún inconveniente.

Justamente hay mucha preocupación de nuevo por la tendencia revaluacionista. ¿Qué análisis hace usted sobre el tema? ¿Cuál es la tasa de equilibrio?

La tasa de cambio de equilibrio es un concepto muy difícil de medir, de definir, de cuantificar. En economía no hay una metodología universalmente aceptada para llegar a ese concepto. Dentro de esa imperfección, nosotros usamos muchos modelos (aquí estoy hablando más del Banco de la República) y hemos llegado a la conclusión de que, más o menos, la tasa de cambio de equilibrio en Colombia debería de estar por $1.950. Incluso, cuando está ahí, eso no quiere decir que todo el mundo esté contento, simplemente, que estamos cerca al equilibrio.

¿Qué pasó, entonces, para que haya caído tanto?

Nosotros estábamos en ese precio del dólar cuando apareció JP Morgan y ajustó la composición de un portafolio para reflejar un apetito adicional de los inversionistas por comprar papeles de Colombia. Es un ajuste que consideramos de una sola vez, mientras se pasa de tener el 3% de papeles de Colombia a tener 8% de los portafolios en papeles de Colombia. Los capitales deberían volver a normalizarse. Hemos tenido una avalancha de capitales desde abril y esperamos que eso termine pronto.

¿Qué hacer mientras tanto?

Estamos esperando a que termine esa entrada de capitales, que ha sido muy fuerte, pues se han comprado muchos TES por parte de los inversionistas extranjeros. Vamos a esperar a que las cosas se normalicen, porque la tendencia de la tasa de cambio (si uno aísla el tema de JP Morgan), sin duda alguna debe ser hacia la devaluación, por el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, que se va a dar. Además, se debe esperar una devaluación por efecto de una posible disminución de los precios de los commodities. Yo no tengo la bola de cristal para decir que eso va a terminar en agosto o en septiembre. Pero cuando volvamos a la realidad, la tasa de cambio debe devaluarse. El dólar debe subir.

¿Qué análisis hace usted sobre el déficit en cuenta corriente que ya genera preocupaciones?

Yo no estoy preocupado con eso, porque francamente el déficit está en 3,4% del PIB; eso lo financiamos con inversión extranjera directa. No es una cifra alta. Si estuviésemos por encima de 4% del PIB y lo estuviéramos financiando con capitales de corto plazo, yo me preocuparía, pero estamos en una cifra que es muy aceptada en el mundo en desarrollo. Insisto, no estoy muy preocupado respecto a la cuenta corriente.

Pero si hay aumento de tasas en Estados Unidos y sube el dólar, toca preguntarse qué tan apalancados estamos en dólares…

Lo primero que hay que decir es que el aumento de las tasas de interés de la FED no es necesariamente malo para Colombia. Se ha generado un poco la idea de que cuando se suba la tasa de interés por parte de la FED, el país va a sufrir. Sin embargo, cuando los Estados Unidos suban la tasa de interés, será porque la economía de allá se habrá reactivado y se habrá normalizado. ¿Qué quiere decir eso? Vamos a tener un aumento de las exportaciones hacia Estados Unidos, que es nuestro principal socio comercial. El canal comercial, las exportaciones, va a tener una fuente adicional de crecimiento y eso es muy importante para nosotros.

¿Y qué ocurrirá con el aumento internacional de las tasas?

El canal financiero va a exigir entonces que la gente pague más intereses por la deuda que tiene. Eso, naturalmente, tiene un efecto negativo. Pero el canal comercial puede ser más importante que el canal financiero. En el Gobierno, 75% de la deuda está en pesos y solo 25% en dólares. Para nosotros, la exposición es menor. El aumento de la tasa de interés de los Estados Unidos, en el fondo, va a ser una buena noticia para Colombia, porque va a reflejar la reactivación en nuestro principal socio comercial y va a ser también la oportunidad para que el dólar suba y, al subir el dólar, hay una buena noticia para la industria y para el agro colombianos. Que la FED suba la tasa no me preocupa. Por el contrario, estoy esperando que eso ocurra para que entonces por fin suba el dólar.

¿Y cómo ve el escenario interno?


En el escenario interno hay muchas presiones de gasto por varias razones. La gente se acostumbró a un aumento en el gasto. Hemos tenido la oportunidad en los últimos cuatro años de aumentar el gasto y los ministros, los gobernadores, los alcaldes demandan más recursos. Pero nadie se pregunta ¿qué pasa si no podemos seguir subiendo el gasto? Todo el mundo tiene expectativas y aspiraciones muy grandes. Hay muchas necesidades que hemos podido satisfacer, pero esto se vuelve un poco adictivo. Ya dimos un primer paso con la discusión del presupuesto en el Conpes. Les dijimos: “Señores, aquí nos vamos a moderar. El gasto no puede seguir creciendo permanentemente a ese ritmo”.

¿Cuánto estaba creciendo?

El presupuesto de inversión pasó de $40 billones en 2013 a $46 billones en 2014. En 2010 era de $26 billones. El año entrante nos vamos a mantener en $46 billones. Eso ya genera mucha fricción.

¿En el nuevo cuatrienio va a haber reducción en inversión?

Eso va a depender estrictamente de qué pasa con los ingresos petroleros. Lo cual me lleva al otro tema: en el escenario interno tenemos un reto grande y es mantener el dinamismo de la producción de petróleo, impedir que caiga la producción de petróleo.

Y ahí, ¿cuáles son las medidas?

Hay tres factores que están explicando la disminución de la producción. Uno, atentados. Dos, temas de comunidades, sociales y laborales, pues ha habido bloqueos y paros en ciertas áreas. Un tercer capítulo tiene que ver con temas ya propiamente operativos. Tenemos que trabajar en todos esos frentes al mismo tiempo. Los tres sumados están generando un escenario que, sin ser alarmante, sí requiere un plan de choque.

¿Qué tanto les ha cambiado esto las proyecciones sobre lo que Ecopetrol le puede generar al Gobierno?

Los resultados de este año los vamos a ver reflejados en los dividendos del año entrante. Estamos haciendo cuentas de una reducción en los dividendos como fuente de ingresos presupuestales.

¿Y ese billón, cómo lo van a compensar?

Lo tenemos que compensar con impuestos. A las necesidades de poner o mantener el 4x1.000 y el impuesto al patrimonio, hay que sumar también las necesidades de generar $1 billón adicionales.

Entramos aquí en el tema de la reforma tributaria. La meta es mantener el impuesto al patrimonio, el 4x1.000 y buscar estos recursos. ¿Solo sería un billón adicional?

Habría que ir por un poco más allá, porque uno no sabe exactamente qué pasará y hay que planear a futuro. Hoy la cuenta es un billón, pero depende mucho de qué pasará en el segundo semestre con la producción. Si este plan de choque no funciona, tendríamos que ir con una previsión un poco más alta.

Fedesarrollo dice que faltan ingresos por cerca de 2,9% del PIB. ¿Qué opina?

No, eso es demasiado. Eso si no.

¿Cuáles serían entonces los lineamientos de la reforma?

Estamos pensando en varias iniciativas. Uno es el 4x1.000, más impuesto al patrimonio, lo que iría muy amarrado al debate del presupuesto.

¿Con el 4x1.000, la idea es dejarlo permanente, o simplemente seguir aplazando el desmonte?

Queremos un plazo más largo para el desmonte. Hoy la ley prevé que en 2018 estará en cero. Necesitamos prorrogar la vigencia del 4x1.000 y prorrogar la vigencia del impuesto al patrimonio.

La gente dice que esos son dos impuestos temporales que llegaron para quedarse.


Cuando se introdujo en Colombia el impuesto al patrimonio, se pensó que esto era ante todo para inversión en equipos. Se creía que uno podía invertir y después frenar la inversión. Por eso, el concepto del impuesto era temporal. Pero la verdad es que el impuesto al patrimonio sirvió para financiar un incremento en el pie de fuerza. El impuesto genera $4 billones al año y el aumento del pie de fuerza, con todos sus beneficios desde 2002 en adelante, cuesta $3 billones al año. De los $4 billones del impuesto al patrimonio, necesitamos $3 billones para darle sostenibilidad al incremento del pie de fuerza. En cierto sentido, eso se volvió un gasto permanente.

¿Y el 4x1.000?

En el caso del 4x1.000, nosotros íbamos a desmontar 2 puntos. Vino el problema de los paros agrarios y se mantuvo el impuesto y ese diferencial de 2 puntos pasó a destinarse totalmente al presupuesto del sector agropecuario. Nosotros no podríamos ahora bajar el presupuesto del sector agropecuario, que pasó de $2 billones a $5 billones. Para poder prescindir del 4x1.000 o del impuesto al patrimonio, el país tendría que desmontar el gasto para la inversión rural, o desmontar gastos en defensa y seguridad. Eso no es posible.

¿Y los recursos adicionales que ahora se necesitan, cómo los van a conseguir?

Estamos buscando una fórmula para revivir una norma de la reforma tributaria que se había caído en un análisis de la Corte hace un año. Es el artículo que se conocía como la amnistía. No era una amnistía, sino una forma de sincerar los capitales de los colombianos en el exterior. La norma establecía que se pagaba 10% para poder sanear esos capitales.

Hasta hace unos años, la gente que tenía plata por fuera de Colombia no tenía preocupaciones ¿Por qué? Porque no declaraban acá y las autoridades de los otros países tampoco iban a reportar a la Dian la existencia de esos capitales, pues no había acuerdo de intercambio de información. Hoy ya tenemos esos acuerdos. La Dian, perfectamente, puede enterarse de qué ingresos o qué activos tiene un colombiano en los Estados Unidos, por un acuerdo que tenemos de intercambio de información tributaria con ellos. En el seno de la Ocde, tenemos otro tratado de intercambio de información tributaria, en ese caso con cerca de 35 países, que incluye prácticamente toda la Unión Europea. Los colombianos que tienen activos e ingresos en el exterior saben que el radar de la Dian ahora tiene una cobertura mucho mayor.

¿Cómo harían esta reforma si la Corte Constitucional ya declaró inexequible la norma?

Vamos a ver cómo lo logramos. La gente que tiene la plata afuera, dado este nuevo entorno internacional de cero tolerancia a paraísos fiscales e intercambio de información tributaria, quiere poner sus cosas en orden y registrar o declarar esos ingresos y esos activos en Colombia. Estamos estudiando con los abogados pues esto requerirá de una norma de rango constitucional, porque si fue la Corte la que declaró inconstitucional la ley, es posible que para remover el obstáculo de inconstitucionalidad tengamos que reformar la propia Constitución: hacer constitucional que por una sola vez los colombianos que tienen recursos en el exterior los puedan declarar. El argumento es que esto será por una sola vez y al colombiano que no lo haga y después le encontremos esos recursos por fuera de Colombia le caerán sanciones y multas onerosísimas. Es una plata que va a generar un recurso grande de entrada, porque va a pagar 10%, 11% o 12% (habrá que ver qué tarifa va a pagar) y después esos recursos ya van a quedar declarando impuestos en Colombia.

También se ha hablado de gravar dividendos y ampliar el IVA. ¿Se han considerado estas opciones para la tributaria?

En este primer arranque no vamos a entrar con ese tema. En el asunto de dividendos lo que vamos a proponer es que se dé un gran debate nacional sobre esto. No vamos a tomar por sorpresa a nadie. Yo he estado siguiendo muy de cerca la reforma tributaria de Chile y la reforma tributaria de México que son las dos más recientes. Esas reformas aspiraban a mucho (en el caso de Chile se pretendia generar tres puntos del PIB), pero en el camino le han dado un golpe muy fuerte a la confianza de los consumidores, a la confianza de los empresarios y a la confianza externa. Entonces, uno abre un debate, pero al mismo tiempo se pega un tiro en el pie porque le pega a la confianza, que es lo más importante que tenemos en Colombia en este momento, lo que nos diferencia. No queremos que el debate tributario vaya a minar la confianza. Por eso debemos ir paso por paso, empezando por 4x1.000 y patrimonio y este tema del sinceramiento de capitales en el exterior.

¿Se habló también de penalizar la evasión?

No vamos a hablar de penalizar toda la evasión, pero sí creemos que es necesario penalizar ciertas prácticas que conducen a la evasión. Por ejemplo, hay personas que no reportan ingresos, que omiten ingresos. Esa omisión, que es una práctica que en la cultura colombiana tiene cierta aceptación, sí debe constituir un tipo penal, porque es deliberada. No estamos hablando de penalizar la evasión en general, sino ciertos tipos de comportamientos como, por ejemplo, la omisión de ingresos.

¿Con la reforma tributaria usted quedaría tranquilo en el tema fiscal?

Por ahora, sí. Es un paquete que nos permite avanzar en todos estos temas de ingresos. Sobre todo, yo soy de las tesis de que el recaudo adicional de Colombia va a venir por un control a la evasión, más que por el aumento de tarifas de impuestos.

¿Han considerado una reforma a la regla fiscal?

A nadie le he oído hablar de cambios en la regla fiscal. La regla fiscal ha sido el andamiaje, el pilar más importante sobre el cual tenemos estructurado todo el modelo económico colombiano. Hay un compromiso creíble de reducción del déficit. Aprobar eso inmediatamente generó todo el apoyo internacional, los aumentos en la calificación de Colombia, las voces de respaldo y el espaldarazo del Fondo Monetario Internacional. Eso se traduce en menores tasas de interés y ahorro en el servicio a la deuda, lo que libera recursos para la inversión social. Si nosotros de repente cambiamos ese andamiaje, podemos acabar mucho peor porque se nos sube la tasa de interés.

¿Y con todo esto alcanza para financiar la paz?


El tema de la paz puede requerir recursos adicionales, pero para el momento actual estamos bien preparados, incluso para avanzar en la paz. Tenemos un presupuesto de desarrollo rural (que es el capítulo 1 del acuerdo de La Habana) y ese presupuesto ya está en $5 billones. Además, tenemos en el presupuesto de 2015 $7 billones para el posconflicto y para atención de víctimas. Con esto estamos dando pasos importantes, estos $12 billones son más que la cuota inicial de la paz. Pero la firma de la paz puede requerir más recursos y esos habrá que ver de dónde saldrán, en su momento. He pensado también que tiene mucho sentido que esos capitales que están por fuera de Colombia, que salieron por razones muy relacionadas con el conflicto y la violencia, si se sinceran nos ayuden a financiar la paz.

Hace cuatro años, la imagen fue la de las locomotoras del crecimiento. ¿Cuál será el símbolo que va a identificar el nuevo enfoque?

Es muy temprano para decirlo y estamos trabajando en eso. Le anticipo que estamos trabajando con varios insumos para esa discusión del plan de desarrollo. El Banco Interamericano de Desarrollo nos ha apoyado y está preparando una presentación con unas ideas. Otro insumo son las recomendaciones de la Ocde, porque como el objetivo nuestro es el ingreso a ese organismo, queremos ver también cómo incorporamos en el tema del desarrollo varias de sus recomendaciones. Y tenemos, naturalmente, todo el tema de campaña del presidente Santos. Todo esto lo estamos integrando y de ahí van a salir las ideas centrales del plan de desarrollo.

¿Cuál es el mensaje final?

El mensaje es juego limpio, fair play. Tenemos la selección que juega limpio y en economía nos hemos ganado también una reputación de juego limpio. ¿Qué quiere decir eso? Este es un país de reglas claras y estables. Eso a los inversionistas les da confianza, porque no les estamos cambiando las cosas de un día para otro. Juego limpio también con los empresarios y los hogares en Colombia. Todo lo que hagamos será muy claramente explicado, transparente, abierto. Juego limpio significa que no habrá sorpresas. Ese será el sello con el que queremos caracterizar esta economía.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?