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| 11/25/2012 6:00:00 PM

Nacho no lee

Aunque el mercado nacional de textos escolares mueve al año la nada despreciable suma de $200.000 millones, solo se venden 7 millones de libros ante una población estudiantil de 11 millones.

Con la ampliación de la cobertura en la educación, que ha venido de la mano de la gratuidad, el país ha conseguido que más niños asistan al colegio. Sin embargo, en desmedro de la calidad.

Al asumir que este es un servicio gratuito, algunos padres no quieren comprar textos y el Gobierno no ha tenido los recursos suficientes para proveer de ellos a los niños de escasos recursos.

Como resultado, al año se venden 7 millones de textos escolares; es decir, menos que un libro por alumno, pues hay 11 millones de colombianos que están cursando preescolar, primaria y bachillerato.

Esta cifra es una de las principales limitantes para el crecimiento de las editoriales escolares que, al no tener suficiente mercado, no alcanzan a amortizar sus costos y eso hace que los textos en el país sean caros.

“Es un círculo vicioso, pero ya lo estamos empezando a romper. El año pasado, dos editoriales lograron venderle al Gobierno los textos para los colegios oficiales (Ediciones SM y Educar Editores) y estamos pendientes para la licitación de 2013”, explica Enrique González, presidente de la Cámara Colombiana del Libro.

Ernesto Díaz, de la Editorial Libros y Libros, añade que la estrechez del mercado local ha servido para que se busquen otros destinos para los textos colombianos. En su caso, vende a Nicaragua y en general las editoriales locales han logrado hacerse a un nombre en el exterior. Aclara que, si bien el mercado de los colegios privados es grande, se requeriría de un volumen mucho mayor para poder bajar los costos. A esto se suma el que los colegios donde están los padres con mayor poder adquisitivo consumen principalmente libros importados y no nacionales.

No obstante, el negocio sigue siendo muy atractivo para las editoriales, que al año facturan $200.000 millones en el mercado local y hacen más esfuerzos de mercadeo para atraer a docentes y colegios. Por ejemplo, Santillana invierte en una oferta multimedia que acompaña los textos tradicionales; los cuales, además, vienen con guías para maestros y padres y links para ampliar en internet.

En general, la industria se está moviendo hacia la digitalización e incluso ya hay programas que no usan libros, sino solo tabletas, pero las mismas editoriales saben que tienen la ventaja de que los procesos de escritura aún requieren de los métodos tradicionales y eso es lo que permite que cartillas como las de “Nacho” sigan vigentes.

Prueba de esa necesidad es que los libros que más se venden son los de grado preescolar y las materias que más facturan son lenguaje y matemáticas. Ojalá la enorme brecha que separa a la educación privada de la pública se reduzca, al menos en el número de textos que usa cada alumno.


                                                               

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