| 8/18/2016 12:00:00 AM

De lo amargo a lo dulce en la historia del Grupo Ardila Lülle

Tras superar una dura crisis en los 90, la Organización Ardila Lülle, una de las mayores productoras de bebidas azucaradas, entra de nuevo al negocio cervecero.

Dicen que segundas partes no son buenas. Pero, a juzgar por la estrategia, el monto de las inversiones y los nuevos aliados, la reincidencia de la Organización Ardila Lülle (OAL) en el negocio de la cerveza resulta muy prometedora.

Este conglomerado anunció a finales de 2014 su regreso al negocio cervecero de la mano de un socio inversionista chileno para construir una moderna planta en Sesquilé, donde fabricará la marca Heineken. Con una inversión superior a US$1.000 millones, planean instalar un clúster industrial que incluye una moderna planta para producir gaseosas, etiquetas, envases y tapas, entre otros.

Este anuncio recordó la apuesta que en 1994 hizo el fundador de la OAL, el industrial santandereano Carlos Ardila Lülle, al construir la planta de producción de cerveza más moderna del país –que comenzó a operar en 1995–, con un costo cercano a los US$600 millones. Esa fue una ‘declaración de guerra’ para su principal rival de negocios, Julio Mario Santo Domingo, entonces el hombre más rico del país y dueño de Bavaria.

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Pero el éxito inicial del que gozó la cervecera se vio opacado unos años después por la profunda crisis económica de finales de los 90 y las dificultades para refinanciar las enormes deudas. Al final, Cervecería Leona quedó en manos de su rival, Santo Domingo, y tras una venta concertada en 2000, la Organización pudo sanear sus finanzas y resurgir con más fuerza.

Este episodio muestra el talante emprendedor de Ardila Lülle, quien desde finales de la década de los 60 había hecho una exitosa carrera, primero, convirtiendo un pequeño negocio familiar –Gaseosas Lux, en el que tenía participación accionaria su suegro– en una exitosa compañía de bebidas azucaradas y, posteriormente, quedándose con la mayoría accionaria de Postobón.

Los 70 fueron una época dorada para la Organización.

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Los buenos réditos en el negocio de las gaseosas le permitieron a Ardila Lülle incursionar en negocios de integración vertical en bebidas: compró o fundó ingenios –Incauca y Providencia–, fábricas de envases –Peldar, en asocio con la estadounidense Owen Illinois– y hasta una empresa de tapas –Tapas La Libertad–.

El creciente flujo de efectivo le permitió expandirse al negocio de los medios y en 1972 comenzó a comprar emisoras que se convertirían en Radio Cadena Nacional, RCN. También se quedó con el control accionario de Coltejer y creó una programadora de televisión que dos décadas después se convirtió en el Canal RCN.

En los 90 aprovechó la apertura económica para iniciar una ambiciosa expansión. Incursionó en una planta de envases de aluminio con la estadounidense Crown Cork and Seal; fortaleció su posición en el negocio automotriz con el concesionario Los Coches, y compró el equipo de fútbol Atlético Nacional.

Durante la primera década de este siglo, y tras una profunda reestructuración financiera en las empresas de la OAL, el foco se dirigió a los negocios agroindustriales, que tenían una gran oportunidad con la decisión del gobierno de mejorar la calidad de los combustibles e incorporar mezclas de alcohol. Con dos ingenios propios –Incauca y Providencia– y uno en el que tiene participación mayoritaria –Ingenio Risaralda–, la OAL creó plantas de etanol, que generan importantes ingresos para el grupo.

Con más de una docena de empresas en bebidas, medios, industria, agroindustria, automotores y deportes, las ventas de la Organización superaron en 2015 los $6 billones. Solo Postobón hizo cerca de la mitad de los ingresos, pues sus ventas consolidadas alcanzaron los $2,7 billones, y mantuvo su participación cercana a 50% del mercado de gaseosas en el país.

La nueva apuesta cervecera bajo la sombrilla de Heineken, de la mano de un socio chileno, avanza a pasos agigantados. Todo apunta a que la planta podría entrar en operación a finales de 2017 o comienzos de 2018, lo que aviva las expectativas de crecimiento de la Organización.

Esto llevó a que la revista Forbes incluyera de nuevo a Carlos Ardila Lülle entre los hombres más ricos del mundo: este año aparece en el puesto 1.121, con una fortuna de US$1.950 millones. Pero, además, pone el foco de nuevo sobre uno de los grupos económicos más poderosos del país.

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