| 5/24/2012 3:00:00 PM

5 mil empresas

El TLC con Estados Unidos marca el comienzo de una nueva era para las 5.000 empresas más grandes del país. Más capitales, más competencia, más mercados y nuevos jugadores marcarán la pauta los próximos meses. Internacionalizarse o morir.

Por los titulares de prensa, parecería que el 15 de mayo se hubiera iniciado una nueva etapa de apertura e internacionalización de la economía colombiana tras la entrada en firme del TLC con Estados Unidos. Sin embargo, basta una mirada rápida a la evolución de las 5000 empresas más grandes para entender que ese proceso empezó hace rato. Hoy sería difícil encontrar un sector en Colombia en el que las empresas líderes no se hayan involucrado desde hace varios años en un acelerado proceso de internacionalización. El TLC con Estados Unidos es apenas un componente del escenario.

El año 2011 no solamente produjo excelentes resultados financieros para muchas empresas, también marcó una profundización de los procesos de internacionalización. Son numerosas las compañías como Nutresa, Argos o Carvajal, e incluso empresas públicas como Ecopetrol, EEB, EPM e ISA, que hoy generan porcentajes sustanciales de sus ingresos a partir de operaciones internacionales.

Varios grupos empresariales realizaron adquisiciones significativas en el exterior en 2011. El Grupo Sura, por ejemplo, se hizo a los activos de ING en Chile, Colombia, México, Uruguay y Perú, por US$3.840 millones, una de las mayores transacciones en la región en 2011. Carvajal Empaques expandió su operación con compras en México, Chile y Perú, mientras que Mundial lo hizo en Costa Rica. Estas son solo algunas de las jugadas más recientes.

Por supuesto, no todas las empresas avanzan en este camino y no todo el mundo participa por igual. El mayor dinamismo de la internacionalización se ve en minería y petróleo y en las empresas grandes de los distintos sectores. Las empresas medianas y pequeñas, que son la mayoría, van atrás en este rumbo. La brecha entre unas y otras se está agrandando y esto deberá generar cambios de gran trascendencia en los próximos años en el entorno empresarial colombiano, que está casi listo para una nueva oleada de consolidaciones.

A toda velocidad

Las empresas colombianas crecieron en 2011 y lo hicieron de un modo rentable y generalizado.

Con una economía que creció cerca de 6%, era de esperar una tendencia amplia de buenos resultados empresariales. Las ventas de las 5000 empresas más grandes del país superaron los $636,8 billones (107% del PIB), un aumento de 20% frente a 2010. Las utilidades netas crecieron a un ritmo de 25%, con lo que alcanzaron los $53,7 billones. Cerca de 80% de las compañías lograron incrementar sus ventas, mientras dos terceras partes de los miembros del grupo generaron utilidades.

Sin embargo, la distribución de los resultados muestra una fuerte concentración. El repunte en las ventas –y también en las utilidades– sigue sesgado hacia unos pocos sectores y compañías.

Las 181 empresas petroleras y mineras presentes en el listado representan 18% de las ventas y alrededor de 45% de las utilidades operativas y netas de las 5000 empresas. Mientras las ventas del sector petrolero suben 52,7% y las de la minería 28%, en la industria y los servicios los ingresos aumentan 13% y 11,5%, respectivamente. La agricultura crece 17,6% y la construcción 15,7%, pero siguen teniendo un peso muy bajo dentro del total. El comercio es el otro gran motor de la economía, con un crecimiento de 18,9%, caracterizado por una alta concentración en bienes durables y semidurables, en línea con un fuerte aumento del consumo y las importaciones.

Hay un fuerte contraste entre las empresas que exportan y las que no lo hacen. Mientras las utilidades de las grandes compañías altamente exportadoras crecen 42%, los resultados de las que no pertenecen a este selecto grupo apenas aumentan 9%. Es el caso de la mayoría de las empresas: alrededor de 4.000 de ellas no exportan ni un dólar, mientras hay otras 500 compañías para las cuales las ventas al exterior significan menos de 10% de sus ingresos.

Llegó la internacionalización

En el recorrido por las 5000 empresas aparecen muchas señales del impacto que están teniendo los procesos de internacionalización.

Uno de ellos es la tendencia hacia la reubicación geográfica en la Costa Caribe. Históricamente, la ubicación de las empresas en nuestro país se ha concentrado en Bogotá, Antioquia y el Valle del Cauca; en la Costa tan solo cerca de 10% de las 5000 empresas más grandes; sin embargo, son las que más rápido vienen creciendo. “Las grandes potencias exportadoras del mundo tienen sus centros de producción cerca a los puertos, mientras en Colombia no se ha dado ese gran salto. Las empresas de la Costa Caribe están en una mejor posición para enfrentar la competencia”, afirma Juan Carlos Giraldo, director de segmentos de banca de empresas y gobierno del Grupo Bancolombia.

La exposición a las tendencias internacionales está causando también cambios al interior de algunos sectores. En agricultura, por ejemplo, se está dando una transformación. Cultivos exportadores en los que Colombia ha sido fuerte, como banano y flores, pasan por circunstancias difíciles y algunos empresarios están desplazando sus operaciones hacia Centroamérica. Entre tanto, grandes proyectos en la altillanura y otros de reforestación en distintas zonas están atrayendo capital. De hecho, en el listado de las 5000 aparecen cada vez más empresas ubicadas en la Orinoquia.

Otra señal de la fuerza de la internacionalización es la creciente presencia de capitales foráneos. Las colonias de empresarios extranjeros en Colombia son considerables y visibles. En los restaurantes y clubes donde se reúne la gente de negocios se oyen cada vez más idiomas y acentos de todo el mundo. Ya son 13 de las 20 mayores empresas del país las que pertenecen a otros países. Estas marcas ejercen un claro liderazgo en sectores como telecomunicaciones, comercio, bebidas, combustibles, servicios públicos, transporte aéreo y carbón, entre otros.

Empresas tradicionales de nuestro país, como Bavaria, Avianca y ahora Terpel, pasaron a tener mayorías accionarias de surafricanos, brasileños y chilenos, respectivamente. Las francesas Éxito (con su accionista Casino) y Carrefour son líderes en comercio. Comcel, del multimillonario mexicano Carlos Slim, es la mayor empresa de telecomunicaciones del país, seguida por la española Telefónica.

Los españoles también compiten en servicios públicos con Gas Natural, mientras los estadounidenses tienen una fuerte presencia en combustibles, con Exxon Mobil y Chevron Texaco, carbón con Drummond y vehículos con General Motors. Pacific, que en 2011 debutó dentro del grupo de las 10 empresas más grandes, es canadiense y de empresarios venezolanos.

Los grandes magnates chilenos han demostrado su interés por aumentar su apuesta en el comercio y los servicios (salud, transporte, inmobiliario) ante el crecimiento de la clase media colombiana. También son activos en minerales, gas y reforestación, entre otros sectores. Los empresarios brasileros, así como los españoles, han visto una gran oportunidad en los más de $100 billones que se deben invertir en infraestructura en la próxima década en Colombia. Se ha palpado el interés de las gigantes de la minería, incluido Eike Batista, por entrar al país. Capitales de todo el mundo participan en la compra de grandes extensiones de tierra en la Orinoquia para proyectos agroindustriales.

La presencia de inversionistas extranjeros se extiende más allá del grupo de las mayores empresas. Los datos de la Superintendencia de Sociedades muestran que están operando en Colombia 43 grupos extranjeros en diversos sectores, con varias decenas de empresas. Esto equivale a 8% de los 537 grupos empresariales reportados ante la Superintendencia.

Las pequeñas, atrás

Todo lo anterior contrasta con los bajos niveles de crecimiento e internacionalización que muestran la mayoría de las empresas; es decir, las medianas y pequeñas. Las compañías más pequeñas del listado, con ventas inferiores a $50.000 millones, son el grueso de la base empresarial, con 3.222 entidades. Sus ingresos aumentaron 11%, pero sus utilidades lo hicieron en apenas 4,2%. En términos generales, este es un resultado positivo. Hay una gran masa de empresas que viene creciendo sostenidamente, con una rentabilidad pequeña y con bajos niveles de deuda.

No obstante, esas empresas pequeñas y medianas deberán entender que un desempeño modesto no les otorga una posición estable en un entorno de alto crecimiento como el que vive el país. Al contrario, su desempeño conforma un cuadro propicio para la consolidación, en el cual unas empresas serán adquiridas y otras expondrán su vulnerabilidad ante competidores de gran tamaño.

Hay un gran potencial para desarrollar esta estrategia, pues es claro que a mayor tamaño el crecimiento es más rápido. “La consolidación creará grandes ventajas a través de economías de escala derivadas del mayor poder de negociación, la integración vertical y horizontal, el acceso a recursos financieros a tasas competitivas, la formación del recurso humano y la inversión en investigación y desarrollo”, afirma Giraldo, de Bancolombia. La dinámica de la economía ha ayudado hasta ahora a las empresas pequeñas, pero dentro de poco tiempo este auge de la economía podría llevarlas a situaciones complejas.

Es necesario un cambio de mentalidad. Para Mauricio Ramírez Malaver, director de Acopi, “hay un gran número de compañías y grupos familiares que logran alcanzar cierto nivel, pero luego se conforman y se sienten cómodos con los recursos y estatus que han alcanzado. No visualizan negocios más allá de las fronteras ni a largo plazo. Además, no hay facilidades para invertir, pues hace falta más capital de riesgo y más crédito bancario, que los bancos presten sobre las ventas de la empresa y no sobre el patrimonio del empresario”. Algo similar piensa Luis Eduardo Otero, socio consultor de Meritum, quien desde hace tiempo afirma que los empresarios están como en una zona de confort que tendrán que abandonar si no quieren desaparecer.

“Dado que el país está marchando hacia la globalización con la firma de todos estos acuerdos comerciales, los empresarios deben entender que sus ventajas competitivas no pueden estar en lo regulatorio, pues sus sectores van a dejar de ser paulatinamente tan protegidos”, afirma Andrés Cadena, socio de McKinsey.

Para las pequeñas y medianas empresas es el momento de tomar decisiones. El país avanza en la cresta de una ola de alto dinamismo económico. Quienes aprovechen las oportunidades crecerán rápidamente y coparán espacios. Entre tanto, quienes dejan de dar pasos hacia adelante, en realidad retroceden, pues la distancia entre ellos y los líderes aumentará. Las empresas medianas tienen que dar el paso a pensar en planes más agresivos de crecimiento, mayor visión de largo plazo, mayor disposición a buscar operaciones fuera del país y a compartir la propiedad con capitales externos.

Para los pequeños y medianos empresarios viene una época de ajustes. Ellos tendrán que asumir a grandes saltos las consecuencias de estar en una economía altamente dinámica y competitiva. Tendrán que adoptar prácticas de mayor transparencia en la información, sincerar sus balances y adoptar estándares internacionales de contabilidad y normas de buen gobierno corporativo, entre otros cambios. “Pero, sobre todo, los empresarios deben entender qué es lo que hacen bien en este mercado e indagar si eso es replicable en el exterior”, afirma Cadena, de McKinsey.

La agenda del Gobierno también es clara. Arrancó el TLC y no tuvimos lista la infraestructura de transporte ni las condiciones logísticas que permitieran exportar en condiciones competitivas. El país debe procurar que el desarrollo petrolero sirva para potenciar mayor productividad de otros sectores mediante la inversión en grandes proyectos de infraestructura y educación. Hay que mejorar la calidad y flexibilidad de la fuerza laboral para posibilitar la transferencia de conocimiento y fomentar la innovación. De aquí la importancia de una aplicación juiciosa del nuevo régimen de regalías, que acaba de entrar en vigencia, gracias a la firma del presidente Juan Manuel Santos.

Además, es necesario consolidar la integración del Mercado Integrado Latinoamericano (Mila) y, en general, promover el fortalecimiento del mercado de valores y los fondos de capital de riesgo para que los empresarios tengan mayores opciones de financiación.

Si no se toma este tipo de decisiones rápidamente, el desarrollo y los beneficios del crecimiento y la globalización seguirán concentrados en unos pocos. El camino a un desarrollo competitivo para las pequeñas y medianas empresas pasa por la internacionalización.

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