| 11/27/2014 12:00:00 AM

De la memoria al conocimiento

Se estrenó una nueva metodología para las pruebas Saber que ya no intentan medir qué saben los estudiantes sino cómo aplican ese saber en su cotinianidad.

Desde hace 46 años se realizan en el país los exámenes del Icfes –hoy conocidos como Pruebas Saber–, y aunque su objetivo original era ser una prueba de salida de la educación media, con el tiempo se convirtieron en un requisito de admisión para ingresar a la universidad. Pero también en una buena forma de medir los progresos que tiene la educación colombiana.

La economista Ximena Dueñas Herrera, actual directora del Icfes, explica que este tipo de pruebas son dinámicas y, por eso, se deben cambiar. Sin embargo, una de las transformaciones más radicales fue la realizada este año, y que se implementó en el segundo semestre con los estudiantes de calendario A.

“La preocupación está entre quedarse con lo que se hacía antes para no perder comparabilidad, o moverse hacia el camino de las pruebas modernas tipo Pisa, donde ya no solo se miden los conocimientos sino su aplicación. Y esa fue la alternativa que tomamos”, aclara la funcionaria, quien venía de ser docente y directiva de la Universidad Icesi.

Se pasó de evaluar 8 áreas a 5, aunque se conserva la misma cantidad de preguntas (243), que se resuelven en dos jornadas. También se cambió el tipo de preguntas. Ya no se pide resolver una ecuación sino que se proveen datos; por ejemplo las estadísticas de unos Juegos Pana-mericanos, para que por medio de matemáticas se resuelvan las preguntas.

En las nuevas pruebas se mantiene la metodología de selección múltiple, aunque en lenguaje se incluyeron preguntas abiertas, lo que ha implicado una revolución, pues se requieren más calificadores y un mayor presupuesto.

Dueñas es consciente de las críticas de quienes consideran que las pruebas de selección múltiple no revelan el verdadero conocimiento de los estudiantes, pues se prestan para prácticas como el ‘pinochazo’.

Sin embargo, dice, este sistema es el más utilizado en las pruebas internacionales y su éxito está en que evalúa la capacidad de lectura; “si se entiende bien la pregunta se puede responder mejor o descartar las opciones que no son”, reitera, y agrega que las preguntas abiertas también tienen críticas, pues son costosas y se prestan para calificaciones subjetivas. En Estados Unidos, donde se usa software para calificar este tipo de preguntas, y que detecta ciertas palabras clave como conectores, se dieron cuenta de que podían escribir ensayos sin sentido, pero que cumplían con las pautas del software.

Aplicar las pruebas Saber 11 –que presentan unas 700.000 personas al año–, cuesta $20.000 millones, lo que luce oneroso frente a los $30.000 millones que valen las pruebas Saber 3, 5 y 9 que toman 2,5 millones de estudiantes.

La diferencia está en las estrictas condiciones de seguridad que rodean a las pruebas Saber 11, cuya impresión y transporte tienen cuidado similar al transporte de valores, así como en el hecho de que los resultados son individuales, mientras en las otras pruebas se presentan consolidados por colegio.

El número de quienes presentan las pruebas también es una muestra de la dificultad de los colombianos para llegar a la educación superior. El pico se da en quinto de primaria y luego comienza la deserción, que se agudiza tras las Pruebas Saber 11, pues se pasa de 700.000 personas a tan solo 260.000 que toman las Saber Pro, que evalúan las competencias de quienes se gradúan de la universidad, el Sena y la Policía Nacional.

Dueñas concluye que, más allá de los resultados de las evaluaciones que se aplican a los estudiantes colombianos, lo que busca el Gobierno con ellas es determinar en dónde tiene que mejorar. Esperemos que así sea.

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