| 12/15/2016 12:00:00 AM

De ‘J’ a ‘J.J.’: ¿Qué le espera a Echavarría en el Emisor?

El nuevo gerente del Banco de la República llega con suficientes credenciales, pero en medio de una profunda desaceleración de la economía. ¿Cuáles son los desafíos de Juan José Echavarría en su nueva misión al frente del Emisor?

Todo parece indicar que al interior de la Junta Directiva del Banco de la República hubo bastante debate en torno a quién debería guiar las riendas de la entidad en los próximos cuatro años.

La reunión en la que se tomó esta decisión empezó a las 7:30 de la mañana del pasado 12 de diciembre y solo hubo humo blanco sobre la terna final de la que saldría el nuevo gerente a las 11:30 de la mañana. El nombre del nuevo gerente se conoció apenas a la 1:30 de la tarde. Cabe recordar que para la elección de José Darío Uribe, en noviembre de 2004, la sesión duró tres horas; en este caso, llegar a la decisión significó casi 5 horas de debate y rondas de votación.

Al momento decisivo llegaron tres candidatos: Juan José Echavarría, quien finalmente fue seleccionado, Hernando Vargas y Leonardo Villar. Todos con suficientes capacidades y credenciales.

¿Qué factores incidieron en la decisión? Es muy probable que entre los codirectores no hubiera total claridad sobre cuál era el perfil del candidato ideal, pues la economía colombiana –y en consecuencia la política monetaria y cambiaria– enfrenta nuevos desafíos cuyas implicaciones aún son muy difíciles anticipar. En noviembre de 2004, cuando se dio la elección del hoy saliente gerente general, José Darío Uribe, se necesitaba a alguien que ayudara a consolidar los esquemas de inflación objetivo y de liberalización cambiaria, que hoy siguen vigentes: se trata de un marco de política monetaria que se basa en establecer metas específicas de variación en los precios y en el que los choques externos se asimilan con variaciones en el precio del dólar.

Entonces el país aún tenía fresco en su memoria el recuerdo de la crisis de 1999, cuando la rigidez cambiaria y el exceso de inflación llevaron a una política monetaria que agudizó el choque externo.

Hoy ha quedado demostrado que la elección de Uribe en 2004 fue una buena decisión. En los últimos diez años, el país ha vivido una era dorada de la política monetaria, que ha trabajado como un reloj suizo y le ha permitido a la economía absorber los duros choques que ha sufrido.

Tal vez por eso terminó ganando el que muchos consideraban el candidato del Gobierno, algo que no había ocurrido en la historia moderna del Banco: Francisco Ortega provenía de la antigua estructura del Emisor, Miguel Urrutia era codirector de la primera Junta Directiva y José Darío Uribe el gerente técnico de la entidad. Echavarría parece ser el primer gerente con ascendiente en el gobierno nacional, aunque también tiene su historia como codirector del Banco durante la década transcurrida entre 2002 y 2013.

Por eso, el primer elemento de análisis sobre este nombramiento es si la cercanía de Echavarría con el Ejecutivo puede poner en vilo la independencia del Emisor, uno de los principales activos de la entidad, que ha costado sudor y lágrimas.

¡Independencia!, grita...

Todo indica que en el caso del Gerente del Banco de la República, el guiño del Presidente de la República no es un factor determinante, pues la Junta Directiva es un órgano colegiado en el que los temas se discuten técnicamente; sin embargo, el primer mandatario sí tiene la última palabra en la selección de los codirectores, pues puede nombrar dos a su criterio cada cuatro años.

De este hecho surge la preocupación que han expresado muchos expertos, pues a comienzos del próximo año la Junta va a quedar con una mayoría de codirectores nombrados por el presidente Santos: Ana Fernanda Maiguashca, Adolfo Meissel y dos más que deberá escoger el presidente Santos en los próximos meses. A esto se le suman el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, y el nuevo gerente, quien fue propuesto por el jefe de las finanzas públicas. Técnicamente, el único “independiente” que queda es Juan Pablo Zárate, quien fue escogido por el expresidente Álvaro Uribe en 2009.

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Sin embargo, este aspecto hay que analizarlo bien. El Banco de la República no es un fortín burocrático, sino uno de los templos sagrados de la tecnocracia del país. Además, el hecho de que los gerentes prácticamente sean elegidos para un periodo de 12 años (pues pueden ser reelegidos para dos periodos adicionales de 4 años) hace que todos los gerentes tengan una perspectiva de largo plazo: si promueven las políticas equivocadas, luego les toca responderle al país durante el periodo de ajuste. Por eso la idea de que el Banco se pueda convertir en una entidad de bolsillo para el gobierno de turno necesita ser desmenuzada.

Es claro que gobiernos anteriores sí le han hecho el envión al Emisor. Los episodios más duros se vivieron durante los gobiernos de Ernesto Samper y Álvaro Uribe. Durante la administración Samper, Guillermo Perry, entonces ministro de Hacienda, propuso modificar la ley del Banco, pues no le gustaba el mandato constitucional de tener que reducir de manera constante la inflación sin coordinar con el resto de autoridades económicas.

Luego, durante la administración Uribe, las tensiones fueron más evidentes. El tema: el precio del dólar y la revaluación que estaba afectando a la industria colombiana. El asunto casi pasa a mayores, pues el presidente Uribe tuvo listo un borrador de acto administrativo para decretar el precio del dólar. Sin embargo, la norma nunca fue expedida. Además, Uribe presionó, junto con el Congreso, para que el Banco utilizara parte de las reservas internacionales con el fin prepagar deuda externa colombiana. La operación finalmente se hizo, pero fue un expediente doloroso que nunca se ha vuelto a proponer. De otra parte, en varias oportunidades, especialmente a finales del siglo pasado, hubo muchas iniciativas desde el Legislativo que buscaban modificar la estructura del Emisor para limitar su independencia.

Así que el temor de que un gobierno trate de meterse con el Banco no es infundado. Sin embargo, hasta el momento, los miembros de la Junta han mostrado independencia y, aunque ha habido debates intensos, lo que se ha impuesto es la autonomía de la principal autoridad económica; ese es hoy uno de los principales activos de la sociedad colombiana.

Sin Populismo

Lo otro que vale la pena preguntarse es para qué le sirviría a un gobierno tener un Banco de la República de bolsillo. Las amenazas son grandes, pero la posibilidad de que se concreten en el contexto actual de la economía colombiana son muy remotas. Primero, un gobierno necesitaría un Banco Emisor de bolsillo para emitir dinero con el cual financiar su déficit; esta posibilidad, de concretarse, sería catastrófica, porque implica la amenaza de hiperinflaciones, como ocurre con Venezuela; ese es un expediente prácticamente erradicado de la historia económica colombiana. Hoy los problemas fiscales se están tratando de enfrentar con la discusión en el Congreso de una reforma tributaria.

Para lo otro que podría servir un Banco Emisor de bolsillo es para fijar el precio del dólar; eso ya no está en el portafolio de opciones de la política monetaria, pues si hay algo que haya servido en la coyuntura reciente es que el tipo de cambio flota libremente, lo que permitió asimilar el choque por la escasez de divisas originada por la caída en los precios del crudo y las altas volatilidades que provienen de los flujos internacionales de capital.

Además, con la eliminación de la reelección queda claro que en los próximos gobiernos no existe mayor posibilidad de que la administración de turno haga total mayoría en la Junta. Como van las cosas, los riesgos reales de que se pueda afectar la independencia del Banco se refieren a los próximos dos años y, en este tiempo, el principal punto de debate será cuándo empezar a reducir las tasas de interés para impulsar de nuevo la economía.

En definitiva, la propia historia del Banco demuestra que, como lo dijo el propio Echavarría en su primera rueda de prensa como gerente electo, “el Emisor siempre hace lo que toca hacer”. Por ahora, la independencia del Emisor parece no estar bajo amenaza.

Historia de éxito

Así las cosas, lo que debe ser discutido es qué tanto aporta el nuevo gerente al fortalecimiento de los logros de política de los últimos años. Echavarría tiene credenciales no solo como monetarista, sino también como estudioso de muchos sectores como la industria, el agro –en especial el café– y el comercio exterior.

Echavarría llega a una institución que ha logrado consolidar sus instrumentos de política y esto le ha permitido llevar a feliz término los aspectos macro de la economía. Eso fue un logro del actual gerente, José Darío Uribe, y de los codirectores que lo acompañaron en estos doce años.

Las razones del éxito saltan a la vista: el país pudo enfrentar la peor crisis económica mundial de los últimos tiempos y un duro choque externo por cuenta de la caída en los ingresos petroleros del país. Y todo ello sin caer en recesión.

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Echavarría, destacando el papel de Uribe, gerente saliente, aseguró que el choque de la crisis de 2008 fue mucho más drástico para las economías emergentes que el que significó la crisis de 1999, cuando la economía colombiana cayó más de 4%. Y el propio Uribe ratificó esta perspectiva asegurando que en 2009, justo luego de que se precipitara la peor crisis financiera y económica mundial, el país logró crecer a 1,7% y la inflación fue de 2%, una de las más bajas en la historia reciente.

La diferencia central en esta oportunidad fue la correcta aplicación de una política monetaria y cambiaria contracíclica, que desaceleró la economía a partir de 2006 para impedir recalentamiento y que la impulsó nuevamente a partir de 2008, cuando buena parte del planeta entraba en recesión. El director de Fedesarrollo, Leonardo Villar, quien también fue codirector del Banco, destacó que ese es uno de los grandes logros de José Darío Uribe como gerente general de la entidad: la consolidación del esquema de inflación objetivo, así como de la flexibilidad cambiaria.

Ese es el reto para Echavarría: tomar la posta en la gerencia de una entidad que se ha consolidado y tener la sabiduría para advertir los riesgos que le puedan llegar a la economía colombiana.

Así las cosas, lo que se está preguntando Echavarría es por dónde va a saltar la liebre de los choques para la economía colombiana. Esa es la cuestión a la que hay que buscarle respuestas.

Eso tal vez fue lo que más pesó en la elección de Echavarría: se necesitaba de una persona con una mirada más amplia sobre el mundo de la economía y no simplemente a un tecnócrata que conoce bien las minucias de la política monetaria y cambiaria, pero que no ha tenido que lidiar con el mundo real. Por ejemplo, Echavarría tuvo que casar recientemente dos grandes peleas: una reforma al sistema de aranceles del país, que perdió; y una reforma al esquema de organización cafetero, que va ganando poco a poco.

Paradójicamente, la formación de Echavarría es como ingeniero administrativo de la Universidad Nacional de Colombia. Se inclinó por la Economía, pues en ese momento los economistas no estaban interesados en las mátemáticas. Sus títulos en esta área vienen de los posgrados que ha realizado: una maestría en la Universidad de Boston y un doctorado en la Universidad de Oxford. Inició su carrera profesional en Fedesarrollo y como decano de la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional. De allí pasó a ejercer la dirección de investigaciones de la Federación Nacional de Cafeteros.

Según Jorge Cárdenas Gutiérrez, quien entonces era el gerente de la Federación, ese trabajo fue uno de los primeros de Echavarría luego de la maestría que desarrolló en Estados Unidos. “Llegó a dirigir el área de investigaciones de la Federación y allí trabajó junto con el hoy gerente del Banco, José Darío Uribe”, quien fue asesor económico de la entidad entre diciembre de 1992 y agosto de 1993. En pocas palabras, Echavarría fue jefe de José Darío Uribe en esa oportunidad. Dentro de los trabajos que realizaron juntos estuvo el censo de la industria cafetera. Cárdenas asegura que Echavarría es “una persona muy competente y que conoce bastante bien el sector del café”.

Echavarría llegó a ser viceministro del primer Ministerio de Comercio Exterior de Colombia. Allí lo llevó el entonces ministro Juan Manuel Santos, a quien se lo referenció el también economista Juan Luis Londoño (q.e.p.d.), porque Echavarría era uno de los pocos expertos en el tema. Luego llegó a la dirección de Fedesarrollo, a la Junta del Emisor y a la campaña presidencial para la reelección de Juan Manuel Santos.

De ‘J’ a ‘J.J.’

Aunque la entidad esté cerrando una época de oro de su historia no la tendrá fácil en las próximas vigencias. La economía colombiana se está desacelerando muy rápido, como consecuencia del estancamiento del consumo y la caída de la inversión. Además, la expansión del crédito doméstico está perdiendo vigor.

En consecuencia, el lento crecimiento esperado para este año, de alrededor de 2%, según el promedio de las proyecciones de los analistas, requeriría un recorte de la tasa de expansión de por lo menos 175 puntos básicos en 2017 para lograr un repunte de la actividad económica a una tasa de 2,5%.

Sin embargo, todavía puede ser prematuro relajar la política monetaria porque, aunque la inflación ha cedido con rapidez desde agosto, todavía excede el rango meta.

La reforma tributaria que cursa en el Congreso podría agravar los problemas en ambos frentes. Por una parte, disminuirá la renta disponible de los hogares, con lo cual puede profundizar la desaceleración del consumo privado. Por otra, se prevé que el incremento de la tarifa general del IVA de 16% al 19%, aumente la inflación en un punto porcentual, lo cual dificultaría su convergencia y la de las expectativas hacia el rango meta.

Además, a pesar de que el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos disminuyó desde 2015 (6,5% del PIB), en su magnitud esperada para 2016 (5% del PIB) e incluso en la prevista para 2017 (4% del PIB), permanecerá alto para los estándares internacionales.

En esas condiciones, la economía todavía requiere un flujo caudaloso de recursos externos para financiarlo. Con las perspectivas de una aceleración del cronograma de incremento de la meta de la tasa de interés de la Reserva Federal en los Estados Unidos, debido a las mayores expectativas inflacionarias generadas en ese país por el estímulo fiscal propuesto por el presidente electo, Donald Trump, cuando la economía de ese país está cercana al pleno empleo, puede resultar contraproducente comenzar a disminuir las tasas de interés muy rápido en Colombia, porque podría desestimular los flujos de capital extranjero. En caso extremo, podría incluso acelerar la depreciación del peso colombiano, con lo cual afectaría de manera adversa la inflación y las expectativas.

Sin embargo, puede que la inversión repunte como consecuencia de la reducción de la tasa impositiva para las empresas y de una rápida implementación del acuerdo de paz con las Farc. Por este motivo, las expectativas de los inversionistas mejorarían y se reforzaría su confianza. Además, la disminución del déficit fiscal prevista en la meta establecida por la regla fiscal abriría un mayor espacio para la inversión privada. Estos factores podrían acelerar el crecimiento, disminuyendo el apremio por relajar la política monetaria.

El Banco de la República cierra el ciclo de Jota Uribe y abre el capítulo de J.J. Echavarría. Los últimos doce años han sido exitosos y el país ha aprendido a hacer política monetaria contracíclica. Ahora le corresponde al nuevo gerente ratificar esa historia, pero mirando hacia el futuro. Los riesgos son muchos y hay que estar alertas.

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