| 8/5/2015 12:00:00 AM

Los nuevos socios

55 fondos de capital privado que operan en el país han invertido en los últimos diez años más de US$3.200 millones, tienen compromisos por otros US$4.200 millones y vienen más en camino. Radiografía de una revolución silenciosa.

Conseguir el socio adecuado para una empresa no es tarea fácil. Además de química entre las partes, se requiere capital, conocimiento y disposición para ceder una parte de la propiedad.

Sin embargo, esa es una estrategia que ya está inventada y que desde hace más de 70 años desarrollan los llamados fondos de capital privado, que en Colombia acaban de cumplir su primera década.

Estos fondos, que usan su capital para asociarse con las empresas, hacerlas crecer y luego vender su parte obteniendo grandes utilidades, son tan populares en Estados Unidos que ya les dedicaron su propio reality show.

El programa se llama The Profit (El socio, para América Latina) y en cada episodio el empresario y millonario Marcus Lemonis ofrece su capital y su experiencia gerencial a pequeñas empresas que necesitan de capital, a cambio de una participación.

El dinero para invertir en las empresas lo pone de su propio patrimonio (según Forbes ha invertido más de US$7 millones en las compañías que han salido en el show) y una vez entra como socio hace todo lo necesario para salvar el negocio (y obtener ganancias); “incluso si esto significa despedir al presidente de la compañía, promover a una secretaria o ponerse a trabajar él mismo”, reza el eslogan del programa. Así ha ganado dinero en más de 100 compañías.

Con menos dramaturgia, los fondos de capital privado se han convertido en un motor importante de la industria nacional: de un lado canalizando recursos de inversionistas como los fondos de pensiones, las aseguradoras, las oficinas de familia, los denominados fondos de fondos y, del otro, ayudando al crecimiento y expansión de empresas nacionales. Se estima que desde 2005 para acá, estos fondos han invertido US$3.200 millones en 421 compañías o proyectos nacionales y tienen disponibles más de US$4.200 millones en capital comprometido para inversiones en los próximos meses, según un análisis realizado por Colcapital, gremio del sector, y la consultora E&Y.

Pero este boom no termina allí. Según Colcapital, hay más de 40 fondos listos para entrar a Colombia con recursos comprometidos por cerca de US$7.000 millones, casi la misma cifra que se construyó en diez años.

¿Por qué su relevancia hoy? Mientras la economía se desacelera y la inversión extranjera cae, la inyección de estos recursos llega en la coyuntura más oportuna para capitalizar posibilidades en nuevos proyectos y empresas, y aprovechar un dólar más caro.

Si bien ya la industria lleva diez años en el país, aún falta muchísimo camino por recorrer. Solo en Estados Unidos, estos fondos invierten en distintas compañías el equivalente anual a 1% del PIB. Si bien Colombia aún está lejos de esta cifra, avanza con buen paso.

La operación

Aunque sobre el papel el esquema de trabajo de esta nueva industria en el país parece sencillo, en realidad es una estrategia de sofisticación, disciplina y un cierto nivel de riesgo. No se trata solo de ‘levantar’ recursos –como se conoce la consecución de inversionistas para la constitución de los fondos en el mercado–; sino también de que estos gestores profesionales –quienes manejan los fondos, y en Colombia son 43– trasladen a las compañías en las que entran mejores prácticas, sofisticación financiera y operativa, pero sobre todo gobierno corporativo, lo que en el mercado se llama ‘capital inteligente’. “Todo debe ir unido, pues de nada vale mucha disciplina si no hay decisiones de inversión, ni invertir rápidamente sin una disciplina para hacerlo”, dice Camilo Villaveces, presidente de Ashmore. De estos 43 gestores, 9 han levantado recursos para fondos subsiguientes.

Las inversiones se hacen en empresas que han demostrado ser exitosas y con gran potencial, pues sus modelos de negocios se pueden replicar en otros mercados y están en capacidad de dar saltos significativos en materia de internacionalización. Pero también en proyectos que tienen flujo propio y capacidad de crecimiento y donde los retornos son menos riesgosos. Como muchos de ellos dicen, ‘ponen bonita a la novia’ para luego venderla a un pretendiente o, en el mejor de los casos, si lo logran, llevarla a Bolsa.

“No son inversiones especulativas o apalancadas. Hay que remangarse y poner a las empresas en el sendero de generar valor con capital inteligente”, dice Diego Córdoba, presidente de Teka Capital.

La coyuntura parece favorecer a la industria de fondos de capital privado, pues es mejor entrar cuando no hay picos altos de crecimiento. Para quienes están comprando activos, hoy en dólares pueden estar entre 30% y 40% más baratos, y en pesos también, pues hace unos años las empresas venían creciendo a altos porcentajes y sus valoraciones eran más altas. Ahora los precios se pueden sincerar y facilitar las operaciones. Sin embargo, por el otro lado, los vendedores analizarán si tiene sentido, si no están muy golpeados y si requieren la inyección de capital para crecer.

Además, este es un país muy diferente al de hace 10 años: 45 millones de consumidores, una clase media que pasó de 16% a 27%, aumentando el consumo, y mercados regionales más diversificados que amplían las posibilidades de inversión y colocan a Colombia dentro de los países de la región con mayor atractivo.

Hora de evangelizar

Esta dinámica empezó hace 10 años, cuando Eduardo Elejalde, presidente de Laefm Colombia, –que ya había participado en algunas operaciones empresariales en Colombia en el sector siderúrgico y de cines– abrió la puerta de esta etapa de los fondos de capital privado. Por solicitud del Gobierno y de Ecopetrol, creó un fondo por US$62 millones, en el que participaron Ecopetrol, los fondos de pensiones y las aseguradoras para impulsar los campos pequeños. En 2007 hizo otro por US$67 millones y en 2010 uno más por US$220 millones.

Luego de la llegada de Elejalde, entró al país Seaf, de la mano de Héctor Cateriano, curiosamente ambos peruanos. “Llegué a Colombia en 2006 para invertir los US$17 millones que levantó Seaf para este país. Este fondo tiene sede en Washington, opera en 19 países y está enfocado en las Pymes, que venden entre US$10 millones y US$150 millones. Llegamos a evangelizar porque este era un tema nuevo para los empresarios, los inversionistas y los reguladores. Nos interesaba que entendieran que este es capital para el crecimiento, no reemplazo de la deuda sino su complemento”, explica Cateriano, quien hoy dirige el fondo Mas Equity Partners.

Seaf ha sido uno de los más activos y ha participado en la expansión de Andrés Carne de Res, que ya se alista para iniciar su operación internacional; BodyTech, la cadena de gimnasios más grande del país y con presencia en Chile y Perú, e Infinity Herbs, una empresa que vende hierbas aromáticas en supermercados de Estados Unidos y logró hacerlo directamente, sin intermediarios; entre otras inversiones.

Para los actores de esta industria es clave que se comprenda que lo más importante no es el dinero que se invierte, sino el acompañamiento que se da a nivel de gerencia para crecer la compañía. En promedio, los fondos invierten por periodos de entre 3 y 10 años y luego venden, obteniendo ganancias de entre 2 y 3 veces el capital invertido. A diferencia del sector de infraestructura, donde las tasas de retorno anual son cercanas a 15%.

Los ladrillos

Una de las categorías más dinámicas en los fondos de capital privado en Colombia es la inmobiliaria. Hay 14 fondos con recursos por US$3.140 millones –acumulan 42% de los recursos históricos en Colombia– y han invertido US$1.435 millones. Allí se destacan Abacus, Building Block Partners, Gestor Inmobiliario, Inverlink, James Town, Nexus, Paladin, PronInmobiliario (Promisión), Quadras y Terranum Capital.

Algunos ejemplos muestran las estrategias que siguen. Inverlink, por ejemplo, comenzó en 2007 y tiene dos estrategias: una de activos estabilizados, que son aquellos inmuebles que ya están construidos y los compran para arrendarlos o construyen a la medida de un cliente. En esto ya tienen invertidos $380.000 millones.

La segunda estrategia del fondo de Inverlink es el desarrollo inmobiliario de proyectos que arrancan de cero, como es el caso de Serena del Mar, que se construirá en un terreno de mil hectáreas en Cartagena. Va a ser una pequeña ciudad dentro de la ciudad y el ancla será un hospital. Allí Inverlink va a desarrollar 100 hectáreas para hacerles el urbanismo y que luego se construya sobre ellas.

Por su parte, Nexus –que también participa en infraestructura– invierte en proyectos en desarrollo y en activos terminados para renta. Se creó hace año y medio y está en el inicio de un primer proyecto: un edificio de oficinas en Bogotá, construido a la medida para ser la sede de Alianza Fiduciaria y Alianza Valores. “Es el primero y nos encontramos evaluando vivienda, oficinas y centros comerciales y subsiguientes inversiones”, dice Fuad Velasco, socio de la firma. Además, ya inició la compra de oficinas en Medellín a la constructora AIA, y las de Exxon Mobil en Bogotá, al igual que otros dos activos comerciales. Hoy tiene compromisos de capital por $123.500 millones y uno de los compartimientos tiene financiamiento implícito que permite subir ese valor a $263.500 millones.

Este sector tuvo que hacer unos ajustes en materia regulatoria, pues el año pasado salió una restricción que los obligaba a invertir solo 70% de los compromisos de capital. Sin embargo, un nuevo decreto corrigió esta cifra y la elevó a 100%. Ahora la pregunta es si, por la desaceleración, se empiece a dar una sobreoferta de inmuebles. Para Velasco, hay que estar mirando ciudades y subsectores con activos competitivos y potencial de valorización. Además de buscar clientes para arriendos a largo plazo.

A comprar empresas


Otro grupo grande de fondos de capital privado son los llamados multisectoriales –de adquisiciones y crecimiento–. Los primeros tienen US$1.793 millones y en su gran mayoría quieren el control e implementar una estrategia más agresiva de inversión.

Luego vienen los de crecimiento, con US$1.180 millones,
y son los que han generado una mayor dinámica. Advent, Southern Cross, Promotora, Seaf, Mas Equity, Teka, Tribeca, Patria, Altra y Linzor, entre otros, son los gestores de los fondos de este segmento y allí es donde han estado las movidas más mediáticas.

Uno de los casos es Advent, que llegó hace 8 años y cuyo negocio más reciente fue la adquisición de 30% de Lifemiles por US$343,7 millones, aunque también tiene inversiones en Ocensa en el tema de infraestructura. Para los próximos 4 o 5 años tiene previsto invertir otros US$500 millones.

La misma suma tiene en mente el fondo brasileño Patria, que llegó el año pasado al país y planea comenzar su etapa de inversión en septiembre.

Tribeca es otro de los casos multisectoriales. Ha invertido en empresas del sector energético, salud, confecciones y minería. Uno de sus casos emblemáticos es el Grupo Emi, que fue una empresa fundada en Medellín y que en el año 2000 tenía 18.000 clientes y facturaba US$10,3 millones. Tras la entrada de Tribeca y la implementación de su modelo industrial, no solo pasaron a operar en todo el país, sino también en Uruguay, Venezuela, El Salvador, Panamá y Ecuador. Tiene 990.000 clientes y vende US$125 millones.

Teka Capital tiene un fondo por US$143 millones enfocado en invertir en empresas de tamaño mediano. Ha invertido 81% de esos recursos y espera en el futuro cercano hacer una adquisición más.

Entre las empresas donde participa están la cadena de hoteles Movich, BodyTech, la firma de confecciones Color Siete, la de cosméticos Bardot y Americana de Colchones. Son empresas que tienen vocación de expandirse internacionalmente y que ya empiezan a aprovechar las ventajas del precio del dólar en materia de exportación, como Color Siete, que crece a tasas de 40% y produce para cadenas como Bloomingdales y Paul Smith. Lo mismo sucede con BodyTech que ya tiene operaciones en Chile y Perú y ahora Movich mira el mercado del Brasil.

Por la infraestructura

Pero, además de estos fondos, es en los de infraestructura donde están puestos los ojos. La razón, las obras por $50 billones que se vienen en los desarrollos de las concesiones de 4G y las alianzas público-privadas que empiezan a aparecer en la agenda. De hecho, para aprovechar los recursos de los fondos de pensiones y las aseguradoras, se han creado fondos de deuda que son los vehículos para llevar los recursos de estas firmas a las obras. Dentro de estos fondos de deuda están el de Ashmore con la CAF, Exponencial, Credicorp con Sumatoria y BTG Pactual, cada uno de ellos buscarán recursos por más de $1 billón.

Entre tanto, otros fondos –como Abacus, Brookfield, Ashmore y Darby, por ejemplo– siguen viendo el mercado de infraestructura por su potencial. El mismo Ashmore tiene un fondo por US$212 millones que ya está colocado en más de 7 empresas, en telecomunicaciones, energía, logística, salud y aéreo, entre otros sectores. Allí participaron los fondos de pensiones, Bancoldex, Findeter y multilaterales como CAF, IFC y BID. Está armando un segundo fondo por US$300 millones, que puede ascender a US$400 millones.

Darby, a su turno, ha sido uno de los pioneros en capital privado en Latinoamérica y en Colombia, con ocho inversiones en el país desde 1995. Subsidiaria de Franklin Templeton, en 2010 decidió abrir oficina en el país y el año pasado realizó transacciones por más de US$550 millones, representados en el 5% de Ocensa y 5% de los derechos de transporte de este oleoducto, por US$385 millones, y una inversión en generación de energía en el Caribe. Antes de Ocensa tuvo participaciones en Termoeléctrica de Barranquilla y Petrosantander, calificadas como de las mejores inversiones de Darby en el mundo.

Nexus también está en este sector, con un fondo a diez años, con compromisos de capital por $220.000 millones que tiene 7 proyectos que suman inversiones totales de $1,5 billones. Cuenta con 5 proyectos en Colombia, desde concesiones de aeropuertos –con Airplan– y transporte masivo, hasta dos pequeñas centrales hidroeléctricas de 40 megavatios. En Perú tienen dos concesiones viales.

Apuestas más arriesgadas

Uno de los sectores con menor presencia es el agrícola. Allí solo hay tres fondos, que sin embargo están haciendo apuestas importantes bajo la tesis de inversión de que el crecimiento poblacional y de la clase media hará urgente ampliar la oferta de alimentos.

Agrofuturo es uno de ellos y su inversión está concentrada en cacao y piña. Van a sembrar 2.200 hectáreas en Cimitarra, Santander, y su plan es cerrar en un año un fondo de $90.000 millones para este proyecto, de los cuales ya tienen $30.000 millones. Allí planean producir 10% de todo el cacao que se da en Colombia.

Otro sector donde están creciendo los fondos es en el capital emprendedor para apoyar a las compañías que arrancan con ideas de negocios novedosas. Sus compromisos de capital ascienden a US$192 millones y ya tiene 7 fondos, como Alta, Nazca, Promotora y Velum. Sin embargo, la preocupación es que apenas hay invertidos, según Colcapital y E&Y, US$26 millones. Es necesario desarrollar proyectos mucho más atractivos y disruptivos para estos recursos.

El fondo mexicano Alta Ventures hizo su primera inversión en el sitio de educación online Oja.la, que opera desde Colombia y tiene cobertura regional. De los US$70 millones que tiene Alta para América Latina, entre US$5 millones y US$6 millones serán invertidos en Colombia, pero a diferencia de muchos de sus colegas que llegan comprando posiciones mayoritarias en las empresas para poder hacer los cambios que requieren, en Alta van por entre 25% y 40%.

Fondos para fondos

El otro segmento que empieza a tomar fuerza en Colombia es el de fondo de fondos. Aunque, de acuerdo con el estudio de Colcapital y E&Y, apenas representa 3% de los inversionistas en los fondos de capital, su papel será fundamental para apalancar recursos y diversificar riesgos. Hay dos modelos, los extranjeros y el gran jugador local que será Bancóldex.

Esta entidad dispuso US$100 millones para invertir en dicha industria. “Tenemos US$40 millones en 8 fondos y hemos logrado movilizar US$400 millones. La relación es 1-10”, dice Luis Fernando Castro, presidente de Bancoldex. Ahora el modelo evolucionará. El Plan Nacional de Desarrollo le da a Bancóldex la posibilidad de convertirse en fondo de fondos. La idea es levantar un fondo por US$500 millones para apalancar US$5.000 millones en 10 años. “Hay una masa de Pymes para las que el acceso al crédito sigue siendo complejo. Esta es una posibilidad para que en sus etapas tempranas o en crecimiento tenga acceso a recursos”, dice Castro.

Por el lado de los extranjeros, en Colombia ya hay tres: HarbourVest, Pantheon y Neuberger Berman.

HarbourVest, por ejemplo, tiene en el mundo US$40.000 millones en activos bajo administración. En Colombia tiene dos retos: uno, ‘levantar’ capital para quienes quieren invertir en otras regiones del planeta. “Tenemos 8 inversionistas con recursos por US$305 millones y ellos van a distintos mercados. En Colombia aún no hemos invertido directamente en un fondo, pero sí en fondos regionales que invierten en Colombia”, dice Francisco José Arboleda, representante de la operación en Colombia.

Nuevos inversionistas

Así como las empresas han aprendido qué es y cómo funcionan los fondos de capital privado, también lo han hecho los inversionistas, que han encontrado en ellos otra forma de hacer rendir su dinero. Desde un principio, los fondos de pensiones han dado su voto de confianza a estos vehículos de inversión, así como los organismos multilaterales, tipo IFC, y las oficinas de familia.

Además, 48% de los gestores que operan en el país son internacionales.

Sin embargo, aún hay grandes retos por abordar. Una de las trabas que la industria ha visto para el desarrollo del capital privado ha sido la alta concentración de los inversionistas institucionales, en particular de los fondos de pensiones, que solo son cuatro.

Mauricio Toro, presidente de Protección, no duda en afirmar que han tenido una buena experiencia con los fondos de capital privado como activos alternativos, que están funcionando en términos de rentabilidad. El tema está en que ellos tienen que estudiar con mucho cuidado cada fondo y hacerles seguimiento, pues una vez que toman la decisión de darles recursos no se pueden echar para atrás y luego no tienen voz ni voto en las inversiones que hacen los fondos de capital privado, pues estos son autónomos.

Una de las propuestas es aumentar el tope de inversión de los fondos de pensiones en los fondos de capital privado. En general, los fondos de pensiones pueden invertir 5% en fondos de capital privado del exterior, otros 5% en locales y un 5% más en infraestructura. En el caso de los fondos del exterior para el portafolio moderado tienen invertidos 3,5% y en los locales 2,1%. En los de mayor riesgo en los locales apenas tienen invertidos 0,6% y del exterior 3,3%.

¿Qué está pasando? Según Elejalde, de Laefm, los fondos están esperando las rentabilidades de sus inversiones para ver cómo siguen. “El problema no es falta de plata o de límite, lo que pasa es que los fondos de pensiones están viendo cuántas salidas hay para meter más recursos. Están midiendo qué tal les ha ido”, agrega.

Y esa es la prueba ácida de lo que está por venir: las salidas de los fondos de capital de riesgo para liquidar sus inversiones. El único fondo que ha hecho un cierre total ha sido Laefm en el de hidrocarburos. “Ya cerramos los tres fondos de hidrocarburos y los vendimos en agosto de 2014. No esperábamos que el precio del crudo fuera a bajar, pero sí me parecía que era el momento de vender. Vendimos con una muy buena rentabilidad”, dice Elejalde, sin comprometerse en cifras, aunque en el mercado se habla que tuvo una tasa interna de retorno de más de 20% anual. Además, está cerrando el fondo forestal de US$26,3 millones, cuya primera fase ya vendió con una rentabilidad superior a 20%.

Pero también se han dado salidas parciales. Por ejemplo, Seaf invirtió en 2000 en Refinancia, firma especializada en manejo y cobranza de cartera. Tres años después y ya con operaciones en Perú, vendió su parte a Encore Capital Group, compañía estadounidense de servicios financieros. Se estima que fue un negocio de US$40 millones. También hizo una salida parcial en BodyTech.

“El retorno nuestro es el número uno en América Latina, según la firma Preqin”, dice Villaveces, de Ashmore. Una de las inversiones liquidadas, Lazus, antes Promitel, tuvo un múltiplo bruto de capital de casi dos veces. Invirtió US$31,8 millones y vendió su participación en US$58,4 millones, en poco más de un año.

A nivel internacional, por lo general la salida de los fondos se hace a través de la bolsa, pues el negocio es tan bueno que puede inscribir sus acciones. En Colombia ese no ha sido el caso, debido a la baja liquidez que tiene el mercado de valores y al poco interés que tienen las empresas por inscribirse allí.

Aquí un punto importante es el papel de la Bolsa de Valores como mecanismo de salida que permita llevar nuevas empresas a transar sus acciones al mercado de capitales y renovar el portafolio de las compañías listadas. Una de las salidas que se ve con mayor opción para llegar a Bolsa es BodyTech; sin embargo, aún falta un poco más de madurez y estabilidad en el mercado.

Esta es una interesante oportunidad para incorporar en la dinámica económica un sector que no era muy visible. A pesar de los recursos que hay sobre la mesa, es necesario darle mayor impulso a esta industria. “Es la oportunidad del Gobierno para incentivar el modelo; el próximo Pipe debería estar enfocado acá. El momento es ahora”, dice Juan Antonio Pungiluppi, director ejecutivo de Teka Capital.

Por eso el Gobierno debe dar señales de estabilidad tributaria, legal y de seguridad en cuanto a que no habrá cambios en las reglas del juego para que la inversión no se marchite y se desarrolle un sector productivo más ágil apalancado en este instrumento, y poder llenar las carreteras que se están construyendo.

Sin embargo, medidas como las tributarias ya están pasando cuenta de cobro. Según Velasco, de Nexus, en uno de los indicadores de Lavca –entidad que le mide el pulso a los fondos de capital privado– califican a los países por atractivo “y a Colombia le acaban de bajar la calificación por temas como la reforma tributaria”, dice.

Con una economía que avanza cada vez a ritmo más lento, los fondos de capital privado se convierten en una alternativa para ayudar a compensar la desaceleración y para demostrar que, así como en el reality show estadounidense un empresario puede salvar compañías, en la vida real es factible que con estos socios expertos se pueda cambiar el panorama industrial del país.
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