| 3/19/2015 6:00:00 AM

Al ritmo de la eocnomía

Una mirada empresarial en un entorno económico cambiante. ¿Cómo se moverán los negocios del Grupo Argos este año?

Sin duda 2014 ha sido para el Grupo Argos uno de los mejores años en su operación: tuvo ingresos acumulados superiores a los $8,9 billones, con un crecimiento de 17% frente a 2013; el Ebitda se ubicó en $2,1 billones, reportando un incremento de 9%, y la utilidad neta consolidada ascendió a $381.000 millones, 29% más que la del año inmediatamente anterior.

El origen de estos resultados refleja una de las estrategias más consolidadas en materia de crecimiento y transformación de los últimos años. De ser una holding casi concentrada en el negocio cementero, hoy se puede hablar de un grupo enfocado en el tema de infraestructura –con negocios, además del cemento, en energía, puertos e inmobiliario– y con diversidad geográfica que le permite tener presencia industrial en distintos países de la región, ubicados específicamente en Centroamérica y el Caribe.

Además, tiene la inversión más alta que haya hecho cualquier empresa colombiana en mercados desarrollados: en diez años ha invertido más de US$3.000 millones en negocios de cemento y concreto en empresas ubicadas al sur de Estados Unidos.

Aunque se declara optimista por lo que está por venir, en especial en el sector de infraestructura y el crecimiento que se está reflejando en el mercado de Estados Unidos, José Alberto Vélez, presidente del Grupo Argos, considera que pueden venir unos años difíciles en la economía. “Desde el año 99, cuando se registró la última gran crisis colombiana, el país ha reportado crecimientos muy buenos. Eso ha sido favorable, pero el problema es que se olvida que la economía no está siempre en crecimiento. Y lo que puede venir son unos años difíciles, no digo de pánico, pero sí más difíciles. Este año creo que creceremos entre 3,5% y 3,8%, pero no 4%”, asegura.

La primera gran decisión del Grupo en 2015 fue la de cancelar la emisión de acciones que había anunciado a finales del año anterior y cuyo monto se calculaba en $1 billón. Esos recursos se destinarían para reducir su pasivo y prepararse, en caso de una nueva inversión, para aumentar el endeudamiento.

Según Vélez, varios factores influyeron en esta determinación. Por una parte, que no había una inversión definida que estuviera requiriendo capital y no había necesidad extrema de hacerla. Y, por otra, que las condiciones del mercado cuando se anunció la emisión cambiaron y hoy son totalmente distintas. “Haberla hecho este año con los precios de las acciones como están y con el manejo que se les da a las emisiones –que hace que el mercado castigue más la acción porque va a emitir–, nos parecía una barbaridad frente a los accionistas actuales. No fue aplazada, se canceló”, dice.

Ya el año pasado el Grupo también había tomado una decisión radical: salirse del negocio del carbón. Argos tiene una mina a cielo abierto en Córdoba y cinco más de socavón en el interior del país. Para llegar a esa determinación, se juntaron tres factores: una profunda caída de los precios de este commodity, los riesgos en la operación de las minas –los cuales, así se incluyan estrictos estándares de seguridad, se mantienen altos–, pues sigue siendo muy artesanal, y la competencia del carbón informal e ilegal cuyos precios eran inferiores al costo de producción. El Grupo ya vendió las minas de socavón y en estos momentos adelanta el proceso en la de cielo abierto.

El cemento

En este nuevo entorno y tras las decisiones que ha adoptado el Grupo, ¿cómo se moverán sus negocios?

En el caso cementero, que pesa 63% en los ingresos del Grupo, el panorama pinta bien. ¿La razón? Está apalancado en la construcción de vías y viviendas, sector en el que están puestas todas las esperanzas para ser uno de los jalonadores de la economía, ante la caída de los precios del petróleo y los minerales. Y, además, su presencia en Estados Unidos le permitirá empezar a capitalizar el crecimiento de esa economía en zonas altamente pobladas –como nueve estados del sur de ese país– y cuyas necesidades de vivienda e infraestructura son más altas. Se suman las operaciones que tienen en el Caribe y Centroamérica que complementan su estrategia.

“Como tenemos esa diversificación de países, las economías de Centroamérica y del Caribe en su gran mayoría están atadas al dólar. Eso hace que la devaluación colombiana se compense con lo que tenemos afuera. En momentos de revaluación no nos vemos afectados”, explica Vélez.

Al escoger el sur de Estados Unidos como su eje de operación en ese país, Argos lo hizo estratégicamente: en época de baja demanda en Colombia puede llevar en barco cemento de la planta de Cartagena a Houston, Tampa o Alabama. ¿Qué puede pasar? Que Estados Unidos necesite volver a importar cemento.

En 2006, uno de los mejores años de la economía norteamericana de la década pasada, se importaron 30 millones de toneladas y 7% le correspondieron a Argos. La empresa está lista para aprovechar el crecimiento en Estados Unidos y el objetivo es que entre este año y el siguiente, 35% de los ingresos de Argos se generen en ese mercado.

La energía


Este es un tema distinto al cementero. Celsia es la cuarta generadora del país, dueña de Epsa –en el Valle– y en 2013 estuvo interesada en comprar Isagen. Sin embargo, las cuentas no le dieron, no solo por el precio y lo que representaba una oferta pública de acciones (OPA) posterior, lo que significaría tener disponibles más de $10 billones, sino porque el retorno no era el esperado.

A partir de ese momento empezó a concretar inversiones fuera del país, que les permitieran diversificar sus negocios. El año pasado adquirió 535 megavatios instalados en Panamá y Costa Rica, esta última con un parque eólico de más de 50 megavatios.

“En el tema macro, desde el punto de vista de energía, la situación no se ve tan favorable como desde el cementero. El consumo puede caer y la economía va a estar más apretada. Bajo el Fenómeno del Niño no ha habido escasez de agua y no se han registrado ni baja oferta ni precios altos”, dice Vélez.

Los puertos y los inmuebles

En el sector portuario, aunque la potencialidad crece, la coyuntura puede impactarlo. Desde 2012, Argos tiene una alianza con la familia Echavarría, en la que juntaron los puertos y está en pleno proceso de crecimiento y adecuación. La inversión entre 2014 y 2016 suma unos US$120 millones.

El puerto de Tolú, que estaba enfocado solo a la exportación cementera y a la importación puntual de algunos insumos y materias primas, se transformó. Hoy es un puerto de carga general, orientado a granos y por donde llega la mayor cantidad de materia prima hacia las fábricas de concentrados, en especial a las que están ubicadas en Antioquia, como Solla y Contegral, 200 kilómetros más cerca que Cartagena. También llegan por allí materiales para Peldar y CKD’s para Sofasa. Mientras tanto, Muelles El Bosque se está especializando en un puerto de contenedores.

En Buenaventura trabaja para la construcción de un segundo puerto, al lado del que están desarrollando los inversionistas filipinos.

“Tengo entusiasmo por el negocio en nuestro de puertos –dice Vélez–. Pero no necesariamente significa que el sector vaya a estar bien. Estará ligado a lo que le pase a la economía y con estos niveles de tasa de cambio la importación va a ser menor. Sí, vamos a querer exportar, pero exportamos cosas que no utilizan los puertos. Por ejemplo, las flores y confecciones van por avión. Habrá algo de café, el banano que seguirá saliendo por Urabá, pero grandes manufacturas no tenemos. Esperemos que se logre exportar más carros”.

En el tema inmobiliario, el presidente del Grupo Argos considera que hay oportunidades en un negocio que está por desarrollarse: el de inmuebles para la renta. “Apenas –advierte– estamos descubriendo que los centros comerciales se construyen y se arriendan, no se venden”.

El Grupo creó un fondo con Conconcreto que, con los inmuebles aportados hoy, vale $1,3 billones y que en tres años, con los desarrollos, su valor ascenderá a $2,6 billones.

El escenario cambió y habrá que ajustarse a este nuevo entorno económico con menor crecimiento, pero mucho más retador.
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