| 1/23/2014 6:00:00 AM

Milagro ecuatoriano

Luego de siete años al frente de la presidencia de Ecuador, Rafael Correa tiene sorprendido al mundo con sus logros en infraestructura y educación. Dinero viajó a Ecuador para entender en qué consiste esa transformación y por qué el éxito de su modelo.

Ecuador tiene nueva cara. Una revolución de infraestructura ha transformado el país. Relucientes carreteras de doble calzada atraviesan el territorio, construidas dentro de los tiempos y costos programados. Aeropuertos, hospitales, colegios y universidades se levantan en las zonas más apartadas, aprovechando la renta petrolera. El crecimiento promedio de la economía ha bordeado el 5% desde 2010, jalonado por una inversión pública sin antecedentes. La producción de crudo y los ingresos fiscales se han multiplicado, no solo por los buenos precios sino también por la renegociación de los contratos petroleros. Como lo dice el presidente Rafael Correa en entrevista exclusiva con Dinero –ver página 50-, hasta la autoestima de la gente cambió.

El Ecuador de hoy sorprende. Debido a la ideología socialista del presidente Rafael Correa y a su audacia para retar a Estados Unidos en diversos escenarios, muchos asumieron que su gobierno sería un desastre en lo económico, comparable al de Hugo Chávez en Venezuela o al de los Kirchner en Argentina. No hay tal: el calibre de Correa es bien diferente. Es el único presidente en América Latina que cuenta con un título de doctorado, ha puesto coto a los evasores de impuestos, se ha empeñado en transformar la educación y no solamente ha incrementado la inversión en colegios, sino que se ha involucrado en duros enfrentamientos con los sindicatos de profesores.

Correa tiene un proyecto de largo plazo y su talante ha sido fundamentalmente pragmático. Detrás de los discursos altisonantes hay un economista sólidamente formado, que sabe bien dónde puede arriesgarse a desafiar la ortodoxia y dónde están las variables que no puede modificar, como la dolarización del país.

Para Colombia, el modelo de Correa despierta, sin duda, una enorme envidia. Las carreteras se hacen sin escándalos de corrupción y sin que haya que esperar años para que se resuelvan unos alegatos con comunidades. Los intereses particulares no frenan las iniciativas. Las carreteras no están llenas de huecos. El cambio se ve.

Esto no significa que el modelo de Ecuador sea ideal. Al contrario, enfrenta retos enormes: el déficit fiscal es creciente; el país tiene problemas de competitividad pues su economía está dominada por el petróleo; la creciente presencia de China implica grandes interrogantes hacia el futuro. Un equipo periodístico de Dinero viajó a Ecuador para recorrerlo y hablar con actores del gobierno y los distintos sectores. Encontramos una nación que está orgullosa de sus logros y expectante frente a su futuro. La transformación del país es real, pero la falta de confianza del sector privado podría convertirse en el eslabón débil en la cadena de logros de Rafael Correa.

Las causas del éxito

Sin lugar a dudas, Correa es un presidente exitoso. Cuando ganó las elecciones presidenciales de 2006, el cargo era prácticamente una silla eléctrica, pues Ecuador había tenido siete presidentes en una década. El último mandatario que había logrado terminar su periodo constitucional había sido Sixto Durán Ballén, quien entregó el poder en 1996. Correa ya ha ganado tres elecciones y mantiene en niveles récord su popularidad. En Quito muchos creen que buscará cambiar la Constitución para aspirar por cuarta vez. Si eso ocurre, se da por descontado que ganaría de nuevo. No obstante, en todos los escenarios, Correa ratifica que terminará en 2017 y no insistirá en quedarse en el poder.

El primer factor de éxito es la inyección de recursos a la economía. El recaudo tributario pasó de US$5.000 millones a US$15.000 millones que se esperan para 2014. “Los evasores saben que con nosotros no se juega”, dijo el Presidente, aludiendo a que esos mayores recaudos se debe a la gestión de las autoridades. Además, los ingresos petroleros han crecido y esto disparó el presupuesto nacional de US$7.000 millones a más de US$30.000 millones.

Según el economista Fausto Ortiz, quien fue ministro de Finanzas de Correa y su compañero de estudios, el petróleo le deja al país US$10.000 millones, una tercera parte del presupuesto total. Buena parte de ese aumento se explica por los altos precios y el aumento de la producción, pero también es cierto que la renegociación de los contratos con las multinacionales petroleras le dejó al país unos US$3.000 millones más en ingresos anuales.

Correa se ha caracterizado por ser un mandatario enfocado en resultados, que persigue sus metas en medio de las más agudas controversias. Ha estimulado la explotación de petróleo en el Amazonas, en contra de las críticas de los ambientalistas del mundo. Ha puesto contra la pared a los sindicatos de profesores para exigirles evaluaciones anuales. Son peleas de grandes ligas.

“Woody Allen dice: ‘no conozco la fórmula del éxito, pero la fórmula del fracaso es querer contentar a todo el mundo’ ”, le dijo Correa a Dinero.

Sus consideraciones son muy pragmáticas. En el conflicto con los ambientalistas, por ejemplo, su premisa fundamental es que la pobreza causa un daño mucho mayor al medio ambiente que la explotación petrolera, pues las poblaciones de bajos ingresos no tienen más remedio que quitarle tierra a la selva de manera caótica.

Otro rasgo fundamental de su estilo es que lo que él dice, se hace. Un ejemplo es lo ocurrido con la construcción del nuevo aeropuerto de Quito, donde las obras en las vías de acceso se retrasaron. Ante la situación, Correa ordenó la ampliación de la vía. Resultado: la carretera estuvo lista para la inauguración en febrero de 2013 y además se ordenó la construcción de dos vías de acceso nuevas. Todo el complejo de vías para el aeropuerto quedará listo en junio próximo, según lo advierte Fredy Égüez, gerente de la Empresa de Servicios Aeroportuarios. En Colombia, esto podría tardar al menos cinco años, en Ecuador 24 meses.

Esta vocación de avanzar a cualquier costo podría tener consecuencias negativas de largo plazo para el país. Por ejemplo, debido a los enfrentamientos con el gobierno de Estados Unidos y a la moratoria de deuda de 2008, Correa ha buscado el apoyo financiero de China. La influencia de ese país es cada vez mayor en la explotación de pozos, la compra de crudo y la inversión en infraestructura petrolera. A Correa el tema no le preocupa, pues afirma que si en el pasado el principal destino de crudo fue Estados Unidos, en el futuro lo será China.

Correa explica la relación con China: “¿Cuál es el Talón de Aquiles de China? Hidrocarburos. Nosotros somos exportadores de crudos. ¿Cuál es nuestro déficit? Financiamiento. Tenemos muchos proyectos altamente rentables, pero no tenemos el financiamiento. Entonces llegamos a acercamientos con China, nos está financiando muchísimos proyectos y nosotros les estamos enviando crudo”. Sin embargo, estas negociaciones dejarán alineado al Ecuador durante décadas en el enfrentamiento entre las dos grandes potencias del siglo XXI. No es posible prever las consecuencias de esa decisión.

¿Modelo sostenible?

No todo es color de rosa en Ecuador. Dinero habló con reconocidos economistas y empresarios, quienes advirtieron sobre los nubarrones que se ciernen sobre la economía, derivados del gasto público excesivo y la ausencia de un fuerte aparato productivo local, lo que se traduce en un déficit estructural de Ecuador con el mundo.

Los ingresos fiscales llegaron en 2013 a US$20.453 millones, frente a un gasto de US$22.972 millones; es decir, un déficit de US$2.519 millones. En este año se prevé un faltante de US$4.943 millones, según cifras entregadas por Eduardo Cadena Dongilio, director del centro de estudios y análisis de la Cámara de Comercio de Quito.

El economista Fausto Ortiz, quien salió del gobierno en medio de una disputa y hoy no tiene contacto alguno con el presidente Correa, insiste en que la gran incógnita hacia el futuro es el déficit fiscal. Esa brecha solo se podría cerrar por la vía de un ajuste en los gastos del gobierno. El problema, afirma Ortiz, es que cualquier reducción en la inversión pública inmediatamente afectaría el crecimiento económico general, pues el gasto público es uno de los componentes más importantes del PIB. Otra opción sería eliminar el subsidio a la gasolina, que le cuesta al Ecuador US$3.300 millones al año y permite tener el precio del combustible cerca de los US$2 el galón. Sin embargo, esta decisión es impopular.

Por su parte, el déficit externo se ha visto exacerbado por el propio crecimiento económico, pues el aumento en el ingreso de los hogares ha generado una demanda creciente por todo tipo de productos importados. La respuesta del gobierno ha sido confusa y contradictoria. Por una parte, acaba de expedir una resolución que establece exigentes normas técnicas para la importación de 293 partidas arancelarias. La meta es reducir las importaciones en US$800 millones.

Por otra parte, Correa entiende que Ecuador no podrá aislarse, pues el 31 de julio de 2013 venció el Atpdea para Ecuador y el 31 de diciembre de este año terminará el Sistema de Preferencias con Europa.

El panorama es más que complejo para el atún, flores y banano. Por ello, el gobierno se vio forzado a reiniciar negociaciones con la UE para un tratado de libre comercio. Sin un acuerdo con Europa, el atún entraría a ese mercado con un arancel de 24%, los jugos de frutas con 40%, el camarón con 18% y las rosas con 12%, una situación que sacaría estos productos del mercado.

Correa también decidió denunciar los acuerdos de inversión bilaterales que tenía con 19 países, un hecho que, sumado a la renegociación de los contratos petroleros, derrumbó la inversión extranjera directa. En 2008 era de US$1.058 millones y en 2012 bajó a US$591 millones. Todo esto ha creado un ambiente muy difícil para la inversión privada. La falta de claridad en el entorno es un poderoso freno para la inversión, según afirma Pablo Dávila, presidente de la Cámara de Industrias de la Producción. Aún así, los empresarios tratan de poner la mejor cara.

El presidente ejecutivo de General Motors en Ecuador, el colombiano Fernando Agudelo, señala que en el caso de las ensambladoras se está trabajando muy de cerca con el gobierno, porque la meta es lograr que buena parte de los repuestos de vehículos y las autopartes se empiece a producir en Ecuador. Ya han hecho contacto con grandes empresas como el Grupo Neme, de Colombia, para que instale allí una fábrica de amortiguadores.

El presidente de BIC en el Ecuador, Santiago Delgado, aseguró que las medidas para restringir importaciones tienen sus pros y sus contras. Esta compañía produce esferos, elementos escolares, máquinas de afeitar y encendedores, entre otros. La nueva normativa impuso una restricción técnica a los encendedores, pero según Delgado, el tamaño del mercado ecuatoriano no genera las economías de escala necesarias para producir encendedores en la economía local. Así, la situación desembocará en una escasez de producto o en el aumento de los precios.

Correa afirma que está interesado en estimular la inversión privada. Sin embargo, será muy difícil para el gobierno generar confianza entre los empresarios. El vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Industrias de Guayaquil, Luis Alberto Salvador, aseguró que esperan que el gobierno les abra más las puertas a los empresarios para superar la incertidumbre y los temores sobre la certeza jurídica para la inversión privada.

Daniel Legarda, vicepresidente de la Federación de Exportadores, aseguró que el ambiente de los negocios está dominado por la incertidumbre, por el temor a posibles regulaciones del gobierno y por el creciente déficit fiscal. “Si tienes un problema de déficit fiscal, a pesar del boom petrolero, algo no anda bien”, señaló.

Para el economista Vicente Albornoz, decano de la facultad de economía de la Universidad de las Américas en Quito, el problema de producción se sintetiza en que “te has llenado de carreteras que no se han llenado de camiones transportando productos ecuatorianos”.

Los logros del presidente Correa son evidentes y su popularidad los ratifica. El modelo podría sintetizarse así: primero, construir infraestructura; segundo, cambiar la base productiva del país. La primera etapa ha sido exitosa, la segunda necesitará un cambio radical frente a la inversión privada. ¿Cuál será el resultado? En esta historia todavía quedan varios capítulos por desarrollar.

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Buenas relaciones

Las relaciones entre Colombia y Ecuador pasaron por su peor momento en 2008, con el bombardeo al campamento de Raúl Reyes. Eso es historia del pasado. Hoy todo marcha por muy buen camino y uno de los protagonistas de esta nueva etapa es el embajador en Ecuador, Ricardo Lozano.

El comercio pasa por buen momento. A noviembre del año pasado le exportamos a Ecuador US$1.800 millones y les compramos US$800 millones. Sin embargo, falta ver cuál será el efecto en las exportaciones colombianas ante las restricciones aplicadas recientemente por el gobierno ecuatoriano. También hay temas clave como seguridad e infraestructura. La inauguración del puente de Rumichaca y la interconexión petrolera de Orito a Lago Agrio son dos de los resultados más recientes. “Tenemos 16 proyectos de infraestructura conjuntos”, señala el embajador, quien destaca que se han logrado acuerdos en materia de seguridad social en pensiones y en homologación de títulos.

El modo en que se llevan las relaciones entre ambos países ha sido tan eficiente, que la cancillería colombiana ha decidido replicar el modelo con Perú y Venezuela. Los problemas se discuten a través del gabinete ministerial binacional, que se desarrolla todos los años y permite la interlocución entre todos los ministros de lado y lado, para definir proyectos específicos y temas concretos de agenda. A esa agenda se le hace seguimiento en tiempo real.
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