| 8/18/2016 12:00:00 AM

Los Gilinski y su estrategia para ganarse un lugar en la historia

Los Gilinski se han ganado a pulso un lugar en la historia empresarial de Colombia por movidas audaces como la compra del Banco de Colombia y un megadesarrollo inmobiliario en Panamá.

Jaime Gilinski ha demostrado con creces que en el mundo de los negocios no todo es dinero. A lo largo de su ya larga trayectoria como empresario, el olfato, la creatividad y su propia red mundial de contactos financieros han sido sus más importantes armas para llegar hasta donde ha llegado: convertirse en uno de los magnates de Colombia y estar entre los 600 hombres más ricos del planeta, según la revista Forbes.

Su audacia explica la expansión del Grupo Empresarial que creó su padre a finales del siglo pasado. Su red de contactos por todo el mundo le permitió, por ejemplo, conseguir bancos europeos y norteamericanos para que le financiaran la adquisición del Banco de Colombia en la década de los 90.

A pesar de que la inversión resultó en un largo litigio legal contra el Sindicato Antioqueño, Gilinski mostró entonces de qué estaba hecho si de cerrar movidas empresariales se trataba.

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Se había especializado en comprar entidades emproblemadas por un principio básico de la gerencia: buscar negocios donde los márgenes sean los más altos posibles. Así, por ejemplo, en 1991 adquirió la filial en Colombia del Banco de Crédito y Comercio, que había entrado en problemas por las situaciones de corrupción que las autoridades de todo el mundo encontraron allí. La lógica es muy sencilla: comprar barato un activo con problemas, trabajar duro en reestructurarlo, llevarlo a su máxima eficiencia y sentarse a esperar los réditos.

Pero Gilinski no sólo ha apostado por comprar barato para potencializar los activos. También ha mostrado que solo las personas que ven más allá de las fronteras alcanzan el éxito.

Tal era la premisa cuando, viajando por Panamá, de donde es su esposa, advirtió una enorme posibilidad de éxito con un desarrollo inmobiliario. Se trataba de urbanizar la antigua base de Howard que ocuparon las tropas estadounidenses por varias décadas y que devolvieron en 1999 al gobierno panameño.

Tocó entonces las puertas del gobierno de Panamá y se ganó la licitación para desarrollar 1.800 hectáreas, invirtiendo US$700 millones. La concesión va a lo largo de 40 años y allí se construirán viviendas y centros comerciales e industriales.

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Como siempre, no se lanzó solo en el proyecto. Convocó a su vecino de barrio en Londres, Ian Livingstone, magnate de importantes desarrollos inmobiliarios, para que lo acompañara. Pero ese era solo un éxito inicial: era necesario emprender las tareas de inversión y urbanización, para lo que necesitaba grandes cantidades de dinero.

Fue entonces cuando su red de contactos le dio para encontrar fuentes de dinero en Oriente Medio, pues el resto del planeta ya se había sumergido en una profunda crisis económica. Las puertas que golpeó se le abrieron, pues le vendió la mitad de su parte en el proyecto Panamá Pacífico a Qatar Diar, gran fondo de inversiones de Qatar.

Con eso siguió cumpliendo su plan de inversiones y hoy el proyecto ya completó la cuarta parte del tiempo de concesión y Gilinski está recogiendo los frutos de su esfuerzo. Según la revista Forbes, Panamá Pacífico ya tiene un valor de US$3.200 millones y, si todo continúa sin problemas, perfectamente podría alcanzar los US$10.000 millones en los próximos años, cuando se completen todas las facilidades de construcción. En ese momento, el flujo de recursos para Gilinski habrá aumentado considerablemente.

El grupo tiene hoy presencia no solo en Colombia y Panamá, también en Sur y Centroamérica, así como en España. Ya incursionó en el negocio hotelero, con la compra del Casa Medina y el Charleston en Bogotá. Con la mirada puesta más allá de las fronteras, quién sabe a qué otra geografía llegará Gilinski. Eso está por verse.

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