| 12/18/2014 6:00:00 AM

Líderes 1

El James del petróleo

Al pereirano Camilo Marulanda (36) muchos lo asemejan con James Rodríguez, la figura de la selección Colombia: es uno de los ejecutivos más jóvenes y talentosos del sector empresarial colombiano; tanto, que su nombre, a pesar de su corta edad, ha sonado insistentemente para dos de los cargos más importantes y de mayor responsabilidad en el país.

A finales del año pasado llegó a la lista corta para escoger al nuevo presidente de la Andi que reemplazaría a su paisano Luis Carlos Villegas, y compitió con Bruce Mac Master, quien finalmente fue designado. En las últimas semanas su nombre fue puesto sobre la mesa para suceder a Javier Gutiérrez en la presidencia de Ecopetrol.

Economista de la Universidad de los Andes, especialista en marketing, aficionado a los caballos y hoy vicepresidente de Operaciones de la estatal petrolera, Marulanda ha tenido, gracias a su desempeño y visión de negocios, una carrera meteórica que paradójicamente no empezó en el sector de hidrocarburos sino en el de consumo masivo.

Trabajó en el área comercial y de mercadeo de la multinacional Procter & Gamble en Colombia en los primeros años de la década pasada. En 2003 participó en un proceso de selección en Ecopetrol para jefe del departamento de mercadeo y la designación fue su salto de vender champú a comercializar petróleo.
En ese momento Ecopetrol iniciaba un profundo cambio estructural para enfocarse en el frente empresarial, buscar nuevas fuentes de crecimiento e iniciar el proceso de salida a bolsa para democratizar la participación accionaria de la compañía. Esa transformación incluyó la jubilación de personas dentro de la organización, hecho que generó numerosas posibilidades laborales al interior. Marulanda fue entonces designado gerente de comercio nacional y, cuando apenas tenía 27 años, fue encargado de la vicepresidencia de suministro y mercadeo, mientras se definía quién quedaba allí.

Pasaron cerca de ocho meses y en una sesión de junta directiva, fue llamado para informarle que había sido designado en propiedad. Su trabajo en esta área fue relevante porque abrió el mercado asiático para la petrolera, que hoy representa casi 60% de sus ventas. Luego fue designado en la vicepresidencia de estrategia y crecimiento que maneja temas de planeación, nuevos negocios e inversiones. Bajo el liderazgo de la Junta Directiva y la administración de la empresa construyó el plan estratégico de la compañía, estructuró la compra de Equion –antes la operación de BP-, la desinversión de activos marginales y conoció de primera mano el corazón de Ecopetrol: la exploración y producción.

Hace tres años le encargaron la creación de Cenit, la filial del Grupo que maneja el transporte de crudo y los oleoductos. Y hace apenas siete meses regresó a Ecopetrol como vicepresidente de operaciones, considerado el segundo cargo de la compañía, para acompañar el proceso de reorganización y reorientación estratégica de la empresa, precisamente en uno de los momentos más complejos de la industria petrolera, debido a la caída de los precios internacionales del crudo. “La empresa se tiene que reestructurar, reenfocar y ajustar a una nueva realidad. No veo que eso sea el fin del mundo. Es un gran problema si no se hace nada y se queda quieto, si sigue con los costos y la mentalidad del precio de US$100. Pero esta situación facilita mucho el cambio: pensar en eficiencias, reducción de costos y disciplina de capital”, dice Marulanda, que se enfrenta, tal vez, al potro más complejo de su carrera profesional.

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El más preparado

El dicho de estar más preparado que un kumis, le cae como anillo al dedo a Jonathan Malagón (30), vicepresidente de Asobancaria, ejecutivo al mando de uno de los gremios más poderosos del país. Es un vallenato graduado con honores como economista de la Universidad Nacional; tiene una maestría en Administración Pública y Gestión de la Política Económica de Columbia University; máster en Finanzas Corporativas de la Universidad de Barcelona; máster en Economía de las Telecomunicaciones de la Uned y cursa estudios de Administración de Empresas en la London School of Economics.

En 2006 fue escogido por la Fundación Carolina de España como uno de los 50 mejores expedientes académicos de Iberoamérica y ganó el Premio Portafolio al Mejor Estudiante. En 2013, la Cámara Junior Internacional lo eligió como uno de los 10 ejecutivos jóvenes más destacados de Colombia. Comenzó su carrera como investigador de Anif, cuando tenía 19 años, luego trabajó en Telefónica, con el Gobierno y en Fedesarrollo. Mediante un proceso con una firma cazatalentos, su nombre llegó como candidato a la vicepresidencia de Asobancaria, cargo que ha sido ocupado por reconocidos economistas como Daniel Castellanos o Juan Carlos Pinzón. El proceso se demoró justamente por su juventud, pero Malagón dice que lo eligieron no solo por su hoja de vida, sino por su compromiso con el trabajo.

“Mi ventaja es que disfruto de lo que hago, siempre veo la oportunidad de aprender y he tenido la fortuna de manejar muy buenas relaciones con mis jefes”, explica y dice que no duda en pedirles consejo cuando tiene que tomar decisiones sobre su vida laboral. Considera que ser un jefe joven implica un reto adicional, pues además de hacer el trabajo, hay que demostrar por qué se está allí.

Soltero, pero muy noviero y aunque se califica como un nerd consumado, siempre saca tiempo para jugar fútbol e ir a cine. Dice que la ventaja de su generación es que creció con la tecnología, tiene facilidad para comunicarse; consciencia ambiental y facilidad para trabajar en equipo. En suma, más preparado que un kumis.

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El estructurador

Su carrera la empezó como periodista, en la segunda parte de la década de los noventa. Mientras Alejandro Sánchez (40) estudiaba economía en la Universidad de los Andes, era también el más joven de la redacción económica de la revista Semana y su trabajo estaba enfocado en recoger la información financiera para la tradicional edición anual de las 100 Empresas más grandes del país. En esa época mandaba faxes en las madrugadas y durante el día esperaba las respuestas con la información para tabular y cuadrar todas las cifras.

Hoy, casi 20 años después, sigue muy relacionado con las empresas más grandes y poderosas del país, pero desde otro frente: en la estructuración de negocios como vicepresidente de la banca de inversión de Corficolombiana, entidad que pertenece al Grupo Aval, donde lleva un poco más de seis años en el cargo.
Es el responsable de operaciones en mercado de capitales, finanzas corporativas, fusiones y compraventa de compañías. Es uno de los principales jugadores en transacciones del sector de infraestructura.

Según sus cálculos, ha hecho operaciones que en total pueden superar los $30 billones, en un mercado muy tradicional y donde la figura de un joven como él no es tan común en ese tipo de responsabilidades y en el que la mayoría de sus clientes lo superaban por varios lustros en edad. Su reto era generar confianza. “Al principio, cuando llegaba a las reuniones, muchos pensaban que era el muchacho del videobeam”, recuerda Sánchez. Los resultados fueron claves para ganar esa confianza y abrirse un espacio en ese mercado. “El negocio de banca de inversión es muy distinto a otros porque funcionamos y cobramos si hay éxito. En la medida en que los clientes empiezan a ver que las cosas se dan y las transacciones salen, eso fluye. Buscamos conectar una punta con otra en un proceso de responsabilidad financiera, cada vez más valioso”, agrega.

Después de su paso por Semana, Sánchez terminó su carrera de pregrado y realizó la maestría en Economía en Los Andes. En plena crisis económica trabajó en Colpatria y hacía los análisis de riesgos. De allí lo llamó David Yanovich de Corfivalle para trabajar en el área de investigaciones económicas haciendo análisis macro. Luego reemplazó a Yanovich y fue designado jefe de investigaciones económicas.

Salió posteriormente hacia Francia a estudiar finanzas y regresó con la mente puesta en la realización de negocios y no en hacer investigación. Tomó “chicharrones” difíciles como los sistemas de transporte masivo en Cali, Pereira y Bogotá; luego mercado de capitales y después fusiones y adquisiciones. Corfivalle se fusionó con Corficolombiana y cuando José Elías Melo llegó a presidir Corficolombiana, hace unos siete años, reorganizó el equipo y dejó a Sánchez al frente de la vicepresidencia de la banca de inversión.

Hacia el futuro se ve haciendo más negocios. “Buena parte del gusto que uno le coge a este trabajo son los retos y participar en negocios difíciles, complicados y con grandes desafíos, donde sea fácil entrar pero difícil salir”, señala uno de los hombres de negocios más importantes en el país.

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Cinéfilo y banquero

Andrés Calderón (40) empezó ingeniería industrial en la Universidad de Los Andes, pero terminó su carrera en Louisiana State University, de Estados Unidos, y además tiene un MBA del Instituto de Empresa. Fue banquero de inversión durante 9 años en Bogotá y en Nueva York, y en medio de tantos negocios, decidió apostarte a montar uno propio.

Su amor por el séptimo arte, y motivado por la Ley del Cine (2003), lo llevaron a crear, junto con un grupo de socios en 2005 y con una inversión inicial de $3.000 euros, Dynamo, una productora de cine y televisión de la que hoy el CEO.

Entre películas y series de televisión han grabado unas 30 producciones. Largometrajes como Satanás y La Cara Oculta son sus ‘hijos’ más populares. También están en la lista otras producciones como Contracorriente –ganadora del premio Sundance en 2010–, y Los 33, que cuenta la historia de los mineros de Chile, en la que participa el actor español Antonio Banderas y que se verá en 2015.

“Uno de los retos más importantes en Dynamo ha sido lograr esquemas o vehículos de financiación para activos no convencionales, que en este caso son productos audiovisuales para cine, televisión o digitales. La primera reglamentación que sacó la Superfinanciera de Fondos de Capital Privado fue en 2007, así que fuimos pioneros al estructurar estos mecanismos para una industria incipiente en el país”, resalta Calderón.

Según el cinéfilo banquero, conseguir que un negocio tan costoso como la producción audiovisual sea rentable depende de una sola cosa: contar buenas historias. “Con una sola serie muy buena, a lo mejor esta te va a mantener el resto de la empresa. En lo que se tiene que enfocar uno es en contar buenas historias y que la gente las quiera ver”.

Cada año la empresa tiene un crecimiento entre 20% y 30%. Actualmente realizan Narcos, una producción exclusiva para Netflix, y entre sus planes está fortalecer su negocio internacionalmente, específicamente, en Estados Unidos. “Trabajamos con un canal nacional (Caracol Televisión), pero nuestros clientes grandes y el contenido que queremos producir está fuera de Colombia”, asegura.

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El regulador

Aunque nació en Belencito, Boyacá, en las entrañas de Acerías Paz del Río donde trabajó su papá por más de 30 años, no hay ninguna relación de Carlos Pablo Márquez (37 años) con el sector siderúrgico. Tal vez el único vínculo es su actitud férrea en el derecho donde hoy es uno de los más destacados expertos en materia de competencia en el país.

Su formación académica es muy relevante: estudió en la Universidad Javeriana Derecho, Filosofía y Economía y de ese mismo centro obtuvo una maestría en Economía. Hizo una maestría en derecho de la competencia en Harvard y luego, durante dos años, realizó un doctorado en Oxford.

Su formación lo llevó a la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), donde trabajó con Jairo Rubio, Gustavo Valbuena y José Miguel De la Calle, desde asesor hasta delegado de protección de la competencia. “Abrimos como 56 investigaciones, que incluían a 150 empresas de diferentes sectores de la economía nacional”, recuerda Márquez.

Pero tal vez su mayor exposición se ha dado tras su llegada a la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), donde Colombia tiene uno de los mercados más concentrados del mundo en telefonía móvil. “Mi mayor experiencia ha sido en el sector público, que es además donde más pasión se puede tener. Como alguien decía, ningún día en el sector privado es tan excitante como uno en el sector público. Acá pasan mil cosas y uno tiene tantos problemas y tan pocos recursos para resolverlos que al final del día es muy retador”, dice Márquez.

Muchos en el sector dicen que es uno de los pocos que puede decir que aplicó a la perfección su formación en la práctica, pues sus estudios fueron en derecho a las comunicaciones y en derecho a la competencia en ese mismo sector. Incluso, su tesis doctoral fue sobre control del abuso a la posición de dominio en economías emergentes.

Mientras trabajaba en la SIC, participó en la realización de uno de los documentos más importantes del sector de telecomunicaciones en materia de competencia y empezó a trabajar en la estructuración de lo que sería la subasta de 4G. En ese momento se dio una de las situaciones más complejas del sector, cuando el entonces director de la CRC, Carlos Rebellón, renunció a su cargo, al ser recusado por Claro en torno a unas medidas en contra de la posición de dominio de esta compañía.

Márquez fue designado entonces como director de la CRC con la misión de controlar el poder del operador dominante y facilitar a la luz de los usuarios mejores condiciones en los planes. “Hoy la industria está más balanceada y el índice de concentración se ha reducido. Pero falta por hacer porque las medidas apenas llevan 18 meses de implementación”, agrega.

Uno de sus mayores orgullos es el cambio en la regulación que, de estar enfocada en las relaciones entre operadores, ahora el usuario es el principal destinatario. En su gestión se dieron varios cambios sustanciales, desde el desbloqueo de bandas de terminales, hasta la eliminación de cláusulas de permanencia, de las vigencias cortas de las recargas en prepago o la simplificación de contratos. “Todas esas medidas buscan que la relación entre el operador y el usuario sea mucho más simple, más directa y que los derechos sean garantizados”, explica Márquez. Por ahora cree que este ciclo en el sector público está cumplido y, a partir de finales de enero estará, desde un bufete de abogados, abordando el tema que es su pasión: la competencia en el derecho comercial.

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Rancho aparte

La tradición familiar dictaba que el bogotano Santiago Arango (35) seguiría su carrera en el sector de medios y publicidad. Por eso, el hijo del publicista Jorge Hernán Arango, cuya familia creó Sancho –una de las más destacadas agencias de publicidad del país– y de Gilma Jaramillo, quien siempre trabajó en bancos, decidió estudiar ingeniería industrial en la Universidad de Los Andes, luego de graduarse de bachiller en el colegio Los Nogales.

Sin embargo, después de trabajar en mercadeo y publicidad, a los 26 años tomó la decisión de seguir sus sueños y probar suerte en el negocio de la gastronomía. Su afición por la cocina arrancó a los 15 años, cuando tomó clases con Sofía Gaviria, muy conocida en el mundo culinario.

Comenzó como empresario independiente con un restaurante en la zona G de Bogotá que se llamaba ‘Dar Papaya’ y posteriormente montó con un primo la cadena de restaurantes Cono Sur. Años más tarde creó el restaurante La Fama, que se ha convertido en un referente, y este año Ugly American. En tres meses espera abrir uno nuevo de comida mexicana para confirmar su éxito en el sector.

Su primer trabajo en temas de mercadeo y desarrollos web lo obtuvo en 2001 en Deremate.com, cuando todavía estaba en la universidad y había un boom de empresas de internet. Su primer jefe fue Alberto Pardo, ‘banano’, con quien mantiene una buena amistad y, tras graduarse, trabajó en agencias de publicidad como Sancho, Leo Burnett y JW Thompson.

La mezcla de conocimientos en el tema de mercadeo y publicidad ha sido determinante para su éxito en el negocio gastronómico; también su formación universitaria, pues tiene una maestría en finanzas de la Universidad de Los Andes, un MBA de la North Western University de Chicago –en el colegio de Administración de Kellog– y una especialización en administración de restaurantes en The Culinary Institute of America, de Nueva York.

Hace cinco años está casado con una alta ejecutiva del Citibank y, para descansar, prefiere ir al campo. Trota diariamente ocho kilómetros y los fines de semana, cuando está en Bogotá, visita otros restaurantes para estar al día con lo que hace su competencia.

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Con vocación pública

Convencida de que trabajar en el sector público es un reto interesante, pues obliga a los profesionales a buscar soluciones creativas a los problemas que enfrentan, Cristina Arango (36), presidente de Coljuegos, va a completar un año al frente de la entidad que administra los recursos para la salud. Es economista de la Universidad de los Andes y cuenta con dos maestrías: una en Administración Pública y Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, y otra en Economía de la Universidad de los Andes. Es caleña y trabajó en la Secretaría de Hacienda tanto de su ciudad, como de Bogotá, y en Planeación Distrital.

Pese a que está al frente de una de las empresas industriales y comerciales del Estado más importantes del país, con un presupuesto para 2014 de $425.653 millones, Arango dice que su reto es aprovechar su experiencia en el manejo de los impuestos en las ciudades para aplicarla en el uso eficiente de los recursos del sector de juegos de suerte y azar, los cuales están destinados a la salud.

No siente que haya dificultades por el hecho de tener subalternos de mayor edad que ella. “Lo que hago es pedirles opiniones, pues reconozco su experiencia, y la idea es poder tomar las mejores decisiones”, señala.

Está casada y tiene una bebé de cuatro meses. Le gusta jugar fútbol y montar en bicicleta. Piensa que su generación tiene la ventaja de estar más preparada académicamente, pues ha tenido más facilidades para estudiar en el exterior, aparte de tener mayor acceso a la información; además, son conscientes de todo lo que pasa en el mundo. “No obstante, vivimos en un mercado muy competitivo, que hace para nosotros cada vez más difícil balancear la vida profesional y la personal”, agrega.

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El maratonista

A las 5 a.m., todas las mañanas, Miguel Moreno (37) sale a correr. Se prepara permanentemente para participar en maratones en diferentes partes de mundo. Y todo indica que a él le gustan las pruebas de largo aliento, no solo en lo deportivo sino también en lo profesional. Hace apenas seis meses, tras los cambios que se dieron en el Grupo Nutresa con el retiro de Carlos Enrique Piedrahita, Moreno llegó a presidir la Unidad de Café del Grupo, que tiene ventas de alrededor de US$400 millones, con marcas como Colcafé, Sello Rojo, La Bastilla, las exportaciones y el ser el proveedor de Starbuck’s en su incursión en el mercado colombiano. Además, esta unidad de negocios tiene operaciones en Malasia, representando el negocio más distante del Grupo Nutresa.

Pero la historia de Moreno en el Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) es mucho más larga. En 1998, cuando cursaba Administración de Negocios en Eafit, hizo su práctica en Corfinsura, cuyo presidente en ese momento curiosamente era Piedrahita. Y se quedó trabajando en esa firma en diferentes roles desde crédito hasta banca de inversión. Durante su paso por esta entidad tuvo la posibilidad de hacer la maestría en Finanzas en Barcelona, en la que duró un año y regresó a la firma.

Se hizo más fuerte en banca de inversión donde se encargaba de proyectos de fusiones y adquisiciones del GEA. En ese momento se dio una compra en la entonces Inversiones Nacional de Chocolates, que representaba la adquisición de una comercializadora en Puerto Rico: la de Cordialsa Boricua. Este proceso le abrió la puerta para que pasara a Inversiones Nacional de Chocolates en 2003. Su papel al interior de esa holding fue clave en fusiones y adquisiciones, financiación, relación con inversionistas y proyectos transversales a la luz de todos los negocios de ese conglomerado, en un momento de transformación que lo convertiría posteriormente en Nutresa.

De allí dio un salto a la gerencia financiera de Noel, lo que le permitió meterse en la realidad de los negocios, pues a pesar de ser financiero, se involucró en los temas de planeación estratégica. Precisamente en uno de esos procesos Nutresa compró Fehr Foods, una compañía de galletas en el sur de Estados Unidos, y por su experiencia en fusiones y adquisiciones estuvo al frente de ese proyecto. Cuando se completó, le dieron la responsabilidad de manejar la compañía, como CEO. Allí estuvo tres años y medio, hasta hace unos meses cuando se anunciaron los movimientos en el Grupo: el nombramiento de Carlos Ignacio Gallego como presidente de Nutresa; Jorge Eusebio Arango, que presidía el negocio de Café, pasó al frente del de Chocolates, y Moreno quedó dirigiendo la unidad de Café.

Una carrera de largo aliento, pues Moreno vivió y fue partícipe del cambio profundo en la transformación de Nutresa, su visión internacional, el empoderamiento de cada uno de sus negocios y marcas que la han llevado a convertirse en uno de los principales grupos de alimentos de la región. “He tenido la fortuna de trabajar en el GEA y soy un vivo ejemplo de las oportunidades que genera el crecimiento. Quiero seguir creciendo a disposición del Grupo en donde genere más valor. En Café tendré muchos años para lograr los retos de largo plazo”, puntualiza.

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Bebiéndose el mundo

Thor Borresen (33) es uno de los niños genios del mercado de las bebidas en Colombia. Graduado como ingeniero industrial de la Universidad Javeriana de Cali, ha desarrollado una carrera en la industria de los alimentos. “Arranqué en Kraft Foods Colombia como practicante en el área de mercadeo. Durante cinco años ocupé diferentes cargos dentro del área de mercadeo como gerente de diferentes marcas y categorías. Desde galletas como Club Social; bebidas como Tang y Postres Royal. Estuve como gerente de marca regional para Royal en toda la región Andina y mi último cargo fue como gerente senior de galletas saladas en Venezuela”, explica.

Llegó a Bavaria en 2008, y desde 2011 tomó el mando de la estrategia de marcas Premium que implica desarrollar en el mercado colombiano toda la familia Club Colombia y Redds. A partir el 1 de enero de 2015, se le asignó como director del grupo de marcas Águila, la más popular del portafolio de bebidas del Bavaria.

A la hora de explicar sus éxitos, señala que lo que más lo enorgullece es “haber liderado el equipo que en los últimos años ha transformado por completo una marca ícono que se ha convertido en el mejor ejemplo de la calidad y lo bueno que podemos ser los colombianos. Club Colombia logró duplicar el tamaño de la categoría de cervezas premium en el país”.

En su consideración, el éxito radica principalmente en pasión y compromiso con las labores. Igualmente, cree que es necesario tener talento, educación y liderazgo. “Que lo que hacemos todos los días nos guste, nos motive, nos emocione, contagia a nuestros equipos para salir a trabajar y lograr los objetivos que nos proponemos” explicó.

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El bilingüe

Luego de enfrentar la nada envidiable misión de liquidar la operación de la multinacional de alquiler de películas Blockbuster en Colombia, Mario Moscoso (38) asumió las riendas de la escuela de idiomas Berlitz en el país, con el objetivo de expandirla y consolidarla tanto en ciudades principales como intermedias. Con un estilo gerencial participativo en el que promueve las ideas e iniciativas que están alineadas con el objetivo de la organización, este administrador de empresas de la Escuela de Administración de Negocios y especialista en gerencia estratégica de la Universidad de la Sabana, tiene como práctica dar confianza a sus colaboradores, lo que le permite construir relaciones de largo plazo basadas en el respeto y la sensatez.

Señala que hoy son varios los retos que tiene como country manager de Berlitz en Colombia, una compañía que en 2013 registró ventas por $26.728 millones, según datos de la Superintendencia de Sociedades. Además de expandir la marca a ciudades intermedias, otros de los propósitos son dar continuidad a los servicios que presta la empresa en el segmento corporativo, participar de los proyectos gubernamentales alineados con el plan de bilingüismo “Colombia very well” y ser el mayor proveedor de servicios de idiomas para jardines infantiles, colegios y universidades en todo el país.

Se cataloga como un líder que, aunque se apoya en la consulta, se reserva el derecho en la toma de decisiones finales y el control, lo que le permite asegurar la logística de cada proceso. Con carácter, firmeza y disciplina le gusta predicar con el buen ejemplo, fundado en el compromiso, la honestidad y la responsabilidad.

Sus tiempos libres los dedica a compartir con su hija de dos años, pero también saca espacio para leer libros de gestión empresarial y marketing. Ahora tiene previsto leer: La gestión emocional, “el equilibrio entre familia, persona y profesión”, una obra que pone en evidencia el equilibrio del triángulo formado por la persona, el directivo y el líder.

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El consumo, su prioridad

Realizar mediciones de consumo en 17 países no pareciera ser una tarea fácil para ninguna firma dedicada a efectuar estudios de mercado. Sin embargo, la empresa colombiana Raddar, de la mano de su creador y presidente, Camilo Herrera (38), lo logró. Economista de la Universidad Javeriana, con una maestría en filosofía y otra en econometría avanzada, Herrera decidió darle vida a su firma hace 8 años cuando los principales protagonistas en estudios de consumo en el país eran solo multinacionales. Hoy, Raddar es uno de los principales jugadores de este mercado y su especialidad de medir la compra de los hogares mes a mes es su principal valor agregado.

Aunque reconoce que no ha sido un trabajo fácil, pues ha debido adelantar un proceso de evangelización del mercado, su perseverancia y terquedad son las fórmulas que le han permitido mantenerse y alcanzar el lugar que hoy ostenta.

Aliarse con Inexmoda para medir la industria de la moda en varios países ha sido uno de sus grandes logros profesionales, al punto que lo cataloga como la “joya de la corona”.

La clave, a su juicio, reside en ser aplicado y riguroso y prueba de ello es que estudió la mayor parte de su carrera becado. Hoy dicta una cátedra de gestión de conocimiento en la Maestría de Dirección de Mercadeo del Cesa, una de las cosas que más le apasionan y que se constituye en el mayor hobby, después de compartir tiempo con su familia. Se considera un líder y no un gerente, le gusta dar instrucciones y no órdenes, esto ha sido clave en el desarrollo y crecimiento de su empresa, que hoy tiene 87 clientes, muchos de ellos, las empresas más grandes de este país. Uno de sus grandes retos para los próximos cinco años es la expansión de la operación de Raddar en la región. Su idea es llegar de forma directa a mercados como México, Perú y Chile.

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Todo por la inversión

Acelerada, perfeccionista y con un gran respeto por el tiempo de las personas, María Eugenia Lloreda (39), directora ejecutiva de Invest Pacific, es una de las ejecutivas jóvenes que destaca en el mundo del comercio internacional y la atracción de inversión para el país, particularmente para el Valle del Cauca.

Abogada de la Universidad de los Andes, esta caleña, que inició su carrera profesional en la firma Gómez Pinzón y pasó por entidades como el Ministerio de Comercio Exterior, es una apasionada por el derecho y las relaciones internacionales, temas en los cuales cuenta con maestría de la Universidad de Georgetown.

Su afición por esta temática la llevó a escribir un libro sobre los aspectos jurídicos del TLC con Estados Unidos junto al hoy director de la Dian, Santiago Rojas, con quien también creó la firma Rojas Lloreda Abogados. En su trayectoria profesional formó parte de la firma Araújo Ibarra, de la cual abrió oficina en Cali, una labor que –a su juicio– fue netamente comercial.

Estando al frente de su compañía, se enteró de la creación de la Agencia de Promoción para la Región, una oportunidad que no quiso desaprovechar y no dudó en aplicar para –de esta forma ayudar a su región. Desde su actual cargo ha sido testigo de la unión entre el sector público y el privado trabajando de forma coordinada con un objetivo común que es la atracción de inversión extranjera. Tiene claro que en el Valle hace falta una marca región que permita vender al departamento y este es precisamente uno de los focos en los que trabaja de forma conjunta con entidades públicas y privadas bajo la idea de ponerla en marcha a partir del próximo año. Si bien aún no sabe si la Agencia se encargará de manejarla o se creará otra entidad para que lo haga, lo cierto es que su esfuerzo está concentrado en sacar adelante su región.

Amante del ejercicio y enemiga de las injusticias, María Eugenia Lloreda considera que uno de los pasos importantes en los que se debe trabajar es hacia la internacionalización de las empresas de esta zona del país y para ello se requerirá un crecimiento de la Agencia. Así las cosas, el foco de esta mujer casada y con dos hijos está en la región y no ahorrará esfuerzos por conseguir que la misma continúe en su proceso de alcanzar mayores niveles de competitividad.

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Al frente de los nuevos cacaos

Hace casi cuatro años, cuando aplicó a una vacante y una firma cazatalentos estaba en plena búsqueda de candidatos, Juan Sebastián Franco (31), administrador de negocios de Eafit, llegó a la Andi. Venía de montar un par de emprendimientos, uno con su papá en el desarrollo de una tienda de música que vendió a la firma Tango y otro con asesorías en materia de estrategia y mercadeo que le hacía a sus amigos que tenían empresas en su mayoría familiares. Además, acababa de trabajar en Comfama como ejecutivo de compras de tecnología y biológicos (vacunas para la población que ellos atendían) y de otros activos.

El cargo al que llegó en la Andi fue como subgerente regional de Antioquia, donde reemplazó a uno de sus amigos más cercanos, Tomás Cipriano Mejía, hoy secretario de Desarrollo Económico de Medellín, y contó con el respaldo y mentoría de Juan David Pérez, director regional del gremio. La Andi ha tenido una preocupación constante por el desarrollo no solo del emprendimiento, sino también por las nuevas empresas que en los próximos años van a complementar los espacios que hoy tienen sus afiliados.

Con la llegada de Bruce Mac Master a la presidencia de la Andi, y por petición de algunos miembros de junta de la seccional Antioquia –como Ignacio Calle, de Sura, y Fabio Saldarriaga, de Contegral–, se creó la Dirección de Emprendimiento del gremio con sede en Medellín, y el nombre de Juan Sebastián se puso sobre la mesa y fue escogido hace diez meses. Su tarea ha sido evolucionar un esquema que durante algunos años estuvo vigente en la Andi, al que inicialmente se vinculaban solo los hijos de los afiliados y sus nuevas empresas. Hoy se ha consolidado un programa estructurado de emprendimiento que se llama Andi del Futuro. “Cuando llegué era un grupo que tenía 30 empresas constituidas, hoy son 150, que generan unos 900 empleos y que facturan cerca de US$70 millones al año”, dice Franco.

Acaba de crear, junto con esta masa de emprendedores, un vehículo de inversión, Invictum, creado para apoyar emprendimientos y apalancar nuevos negocios, a través de mentorías y recursos financieros. Este fondo cerró hace dos semanas con unos $1.000 millones. El objetivo es invertir en etapa temprana valores entre $50 millones y $100 millones por emprendimiento. “Es una estrategia de empresas con alto potencial de crecimiento. A Andi del Futuro entra una empresa con equipo de trabajo interdisciplinario, modelo de negocios muy diferenciado, capacidad de escalamiento y su modelo incluye la generación de valor también para la sociedad”, dice.

Como ejemplos pone dos casos relevantes, entre muchos otros: C2R, empresa dedicada al diseño y desarrollo de soluciones innovadoras, y Ecoral, la única empresa en el país dedicada a la restauración y rehabilitación de ecosistemas marinos y costeros. Desde la Andi, Franco busca una movilización empresarial en torno al emprendimiento, convencido de que el este es una de las principales fuentes de generación de riqueza en una sociedad. “Me apasiona trabajar por las nuevas empresas. Me veo trabajando en que Colombia dé un salto exponencial que va a surgir de las empresas nuevas que se están creando. En la medida en que el país pueda solucionar problemas y escalar, tendrá innovaciones disruptivas”, agrega Franco, para quien su experiencia con los emprendimientos es inspiradora.

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Minería de datos

Delegar, empoderar a las personas que forman parte de su equipo de trabajo y comunicar los planes y estrategias de la organización han sido aspectos clave en el logro de objetivos y en el crecimiento profesional de Felipe Márquez Robledo (39), vicepresidente y consejero general de la minera Anglo Gold Ashanti.

Este bogotano –abogado de la Universidad Javeriana y con una maestría en Economía de la misma institución– tiene como uno de sus mayores retos posicionar la empresa como una firma que hace verdadera minería y acompañar en la creación de una buena reputación de esta actividad con el fin de generar confianza en las comunidades y en el Gobierno. El trabajo se centrará entonces en demostrar que los procesos se adelantan de forma adecuada, con el fin de poder acceder a las licencias que finalmente le den vía libre para la realización de proyectos.

Su trayectoria profesional se forjó en diferentes compañías del Grupo Santo Domingo, entre ellas; Finca, PCA y Avianca, –antes de pasar a manos de su actual dueño, Germán Efromovich–. Considera que una de sus fortalezas gerenciales es hacerle seguimiento a cada uno de los trabajos que delega a través de indicadores que permitan mostrar si se está cumpliendo con los objetivos, lo que –sin duda- le garantiza tener el control en el desarrollo de cada una de las actividades. Enemigo de repetir las cosas, este ejecutivo graduado del Colegio San Carlos en Bogotá, también ha tenido tiempo para escribir; es el autor del libro Apuntes sobre Derecho Económico y Derecho de la Competencia.

Casado y con un hijo, Márquez reparte su tiempo entre su familia y la práctica del golf, además de hacerle barra a su equipo del alma: el Independiente Santafé

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El emprendedor

En 2006, Tomás Cipriano Mejía (30), administrador de empresas recién egresado de la Universidad de Medellín, inició un proyecto de emprendimiento que hacía biodiesel y glicerina basados en aceite de frituras. La iniciativa llegó hasta la Andi, en su programa la Andi del Futuro, y participó en el concurso de creación de empresa de 2007. Fue uno de los dos ganadores y el reconocimiento fue una beca para hacer una especialización en Eafit. Pero su contacto con la Andi no terminaría allí. Mientras realizaba la especialización logró entrar a trabajar a este, el gremio más grande del país, como subgerente de la Andi seccional Antioquia. Allí laboró de 2009 a 2011 y fue una de las piezas clave en la creación del comité de innovación de Antioquia, junto con la corporación Tecnnova, con la que lograron generar nuevos espacios que no se tenían en la ciudad y darle un vuelo a la innovación en Medellín. “Mucho de lo que se hizo en 2009 en el tema de innovación hoy lo podemos recoger a través del pacto por la innovación”, señala Mejía.

Su trabajo le permitió visibilizarse y personas cercanas a la campaña del actual alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, vieron su perfil y fue nombrado primero en la Subdirección de Planeación y luego dirigió la Subdirección de Prospectiva de ciudad, que tenía en sus manos los procesos de internacionalización y competitividad en la Alcaldía.

Sin embargo, en 2012 se dio un revolcón en la administración de Medellín y se creó la Secretaría de Desarrollo Económico que integra, entre otros, no solo los temas de competitividad e internacionalización, sino también el desarrollo rural, social y el turismo. Y en ese cargo fue nombrado Mejía. En conjunto con el ecosistema de emprendimiento de la ciudad, ha tenido dos logros importantes para Medellín y la región. Primero, traer para la capital antioqueña la sede del Congreso Global de Emprendimiento en 2016; y el segundo, la firma del pacto por la innovación en Medellín que busca duplicar la inversión en investigación y desarrollo, para 2018. Ya más de 400 empresas en Antioquia hacen parte de este compromiso.

Mejía es uno de los protagonistas del emprendimiento en el país y, junto con el de innovación, son los espacios en los que se ve proyectado en los próximos años con un rol de liderazgo en las actividades que se generen desde la empresa privada.

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La nueva minera

Cuando apenas cursaba séptimo semestre de Derecho en la Universidad de los Andes, María Isabel Ulloa (32) ingresó como pasante de la oficina del Ministerio de Hacienda que atiende la agenda y los temas clave con el Congreso de la República. No fue un accidente: desde muy pequeña, en su natal Cali, quiso estar vinculada al servicio público y esta fue la puerta que se abrió. Allí, cuando Alberto Carrasquilla era ministro de Hacienda, hizo su primer trabajo que conjugaba con los estudios de su carrera. Apenas unos semestres después, su entonces jefe –Valeria Marulanda- se retiró del cargo y Ulloa, siendo todavía estudiante de décimo semestre, quedó como asesora del Ministro. Trabajó en ese cargo hasta 2006, cuando se fue a hacer la maestría en Administración Pública en la Universidad de Nueva York (NYU), gracias a una beca de Colfuturo.

Después de sus estudios regresó al país y volvió a trabajar con al Ministerio, a la Secretaría General, con Federico Rengifo, como secretaria privada, y también desempeñó ese cargo en el Ministerio del Interior y en el de Minas y Energía. Pero, en Minas, su papel en ese momento fue más protagónico, pues no solo manejaba la agenda y su coordinación, sino también temas de política y seguimiento. Tanto, que pasó al Ministerio de Hacienda para coordinar el grupo de regalías, encargado de la ejecución y operatividad de los recursos.

Hace apenas unas semanas fue designada Viceministra de Minas y su tarea es desarrollar la política pública en un sector que hoy atraviesa uno de sus momentos más complicados, debido a la caída de los precios y las limitaciones que ha tenido la operación y la exploración. Su primera prueba de fuego será incorporar en el Plan de Desarrollo las herramientas para darle al sector un nuevo impulso. “Tenemos que hacer reglas claras para la minería en su contexto completo, que sea competitiva, que haya la infraestructura para que se puedan sacar los minerales y tener información geológica y minera. El reto es poner en marcha esa política pública. Y que se entienda que la minería no solo es la grande sino también la de los pequeños mineros que representan 62% del sector y que a ellos hay que fortalecerlos, formalizarlos y que hagan minería con las mejores prácticas”, advierte Ulloa.

Hacia el futuro hay dos temas en los que se quiere enfocar. El primero, una lección que le quedó de su maestría en administración pública: no solo desde el Estado se puede prestar servicio público; y, el segundo, hacer una maestría en administración. “Me gustan los números y los temas financiero y de administración. Ese es un pendiente”, puntualiza.

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Experto en lo público

Aunque Gilberto Salcedo (40) es el único de los cuatro hijos de la familia Salcedo Ribero que nació en Bogotá, se siente más ligado a Santander, departamento de donde proviene toda su familia. El presidente de la Asociación del Transporte Aéreo en Colombia (Atac) estudió su primaria en el Gimnasio Moderno de Bogotá pero su bachillerato lo hizo en el colegio San Pedro Claver de Bucaramanga. Hijo del ingeniero químico Gilberto Salcedo –director financiero de Ecopetrol y uno de los fundadores del Instituto Colombiano del Petróleo– y de Luz Marina Ribero, creció en una familia de espíritu liberal. Por eso su hermano mayor escogió la arquitectura y se especializó en restauración, mientras sus dos hermanas optaron por ser administradoras de empresas.

Gilberto optó por el derecho y se graduó en la Universidad de Los Andes, donde estudió una especialización en gestión pública. Su primer trabajo fue como asesor de la concejal Patricia Cárdenas; de allí pasó a trabajar con Enrique Peñalosa en la renovación urbana del Parque Tercer Milenio, luego trabajó con el concejal David Luna y, cuando Marta Pinto de De Hart fue ministra de Comunicaciones, estuvo como secretario privado, viceministro encargado, además de participar en las juntas de Adpostal y los canales Telecafé y TRO.

Al salir del Ministerio de Comunicaciones se vinculó a Telefónica, donde trabajó primero en el área regulatoria y luego como asistente del presidente de esta firma. Así fue hasta que Jaime Bermúdez llegó a la cancillería y lo llamó para ser su jefe de gabinete. Durante los dos últimos años de la presidencia de Luis Carlos Villegas en la Andi fue secretario general, hasta que una head hunter lo llamó para un proceso que terminó en su elección en la presidencia de Atac. Se considera un buen deportista y asiste cuatro veces a la semana al gimnasio. Está casado con María Paula Escobar, con quien tiene un hijo de dos años, Martín Santiago, quien se ha convertido en su gran compañía.

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Instinto maternal

Los 15 años que trabajó en el frío y competido sector financiero y bancas de inversión ayudaron a Lyana Latorre (38) a forjar principios de organización, rigurosidad y disciplina. Las mismas virtudes que una fundación internacional necesita para no naufragar en cada crisis. Hoy Lyana es directora para Latinoamérica de la Fundación Casa Ronald McDonald. Sin embargo, el gran ‘clic’ sobre su futuro profesional no está ligado al trabajo. Solo cuando se convirtió en madre entendió que ayudar a las personas más necesitadas es lo más reconfortante y gratificante del mundo. Ahora se dedica a buscar apoyo por 13 países de América Latina para favorecer a los niños más pobres.

El foco de la fundación es brindar apoyo a familias con niños que tengan problemas de salud y que sean de estratos 0, 1 y 2. Una de las características clave de esta Fundación es que no solo apoyan a los niños sino a las familias cercanas a los infantes, situación que contribuye a mejorar la calidad de atención. En 10 o 20 años se visualiza en ese mismo campo. Ayudando a la gente necesitada y poniendo al servicio su instinto maternal. “Es necesario ser bilingüe y tener el conocimiento de las diversas culturas del mundo”, explica Latorre. Otro valor importante de esta Fundación es que 90% de los niños atendidos provienen de regiones apartadas de las grandes ciudades, una actitud que no ve en todas las fundaciones empresariales.

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El innovador

Llegar a los 29 años a la vicepresidencia de mercadeo de la cuarta empresa con mayor facturación del país no es un asunto de casualidades. Martín Nova (36) llegó hace seis años y medio al Grupo Éxito abanderado de nuevas tendencias de innovación en una era en la que el mercadeo está mucho más cerca del mundo de las matemáticas que a la esfera de las predicciones. Su palmarés es notable. Estudió en la Universidad de los Andes administración de empresas, luego cursó mercadeo estratégico en el Cesa y cerró su ciclo académico con un MBA en Kellogg. Pero un prolongado recorrido por salones de clase en las mejores universidades no es suficiente. El Grupo Éxito también lo enganchó porque reunía tres condiciones difíciles de encontrar en la nueva ola de jóvenes ejecutivos: creatividad, estrategia y conocimiento matemático. Esa fórmula le ha permitido a este paisa generar al interior de la compañía una estrategia muy estructurada para conocer en detalle las necesidades y gustos del consumidor. “Hoy tenemos la base de datos más robusta de Colombia, con información de más de 7 millones de consumidores” explica con orgullo.

En la actualidad, las grandes empresas están vinculando sin tantas reservas a su staff a jóvenes ejecutivos. No lo ven como una apuesta para el futuro sino como una contribución real en el presente. “Ser joven no es un impedimento, sobre todo si se acompaña de pasión, organización y compromiso. Nuevas ideas y espíritu juvenil son lo que empresas como Éxito necesitan”, afirma. Otro planeta que se alineó para Martín Nova y que contribuyó a su éxito temprano es su vocación por las artes. La familia Nova está muy vinculada a ese tipo de actividades donde la creatividad e imaginación son los pilares básicos. Ese legado le dejó en el ADN una inquietud permanente para romper paradigmas y generar tendencias.

Incluso, Nova hace parte hoy de la junta directiva del Museo de Arte Moderno de Bogotá, un cargo que puede lucir atípico para la mayoría de los MBA.

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La movida china

Iván Herrera (36) es el actual vicepresidente de Soluciones y Mercadeo de Huawei en Colombia. Es ingeniero Electrónico de la Universidad Javeriana de Bogotá e hizo una maestría en tecnologías con énfasis en telecomunicaciones en la Universidad de Sidney, Australia. Volvió al país para trabajar directamente en Huawei, donde le corresponde impulsar el naciente negocio de la transmisión óptica, que se convirtió en el principal segmento para la naciente marca en Colombia. “Desde que entré y durante los siguientes años, ese producto se volvió insignia y llevó a la marca a ser líder en Colombia. Entonces se conformó un grupo de trabajo de varias líneas de productos adicionales como internet a los hogares y conectividad a las empresas y todo ello se combina en el Área de Red. Me piden que me haga cargo de ese departamento, lo hago y arrancamos y desarrollamos este producto”.

Destaca que es uno de los pocos nativos que está a cargo de un área completa, pues la casa matriz prefiere siempre nombrar ejecutivos de origen chino. Según él, los números de la empresa son muy buenos y actualmente factura en el país más de US$750 millones y, sólo su área, US$450 millones. “Estamos creciendo a 20% anual”, dice, ratificando que la meta es seguir expandiéndose en el mercado colombiano.
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