| 2/19/2014 8:00:00 PM

Los cinco peores

A los males históricos del Congreso se ha sumado la negligencia y las omisiones de algunos senadores ¿Quiénes son?

Astrid Sánchez Montes de Oca. Llegó al Senado en reemplazo de Eduardo Merlano, destituido por el Procurador por tráfico de influencias. Prometió que al sentarse en su curul demostraría que no existía razón para que la opinión le endilgara “delitos de sangre”. Sin embargo, su pobre actuación allí hace que cada vez que se relacionen sus apellidos los medios piensen en una casta que le ha hecho gran daño el erario en Chocó. Sus hermanos han enfrentado problemas legales por relaciones con grupos armados y por su participación en carteles de cobros ilegales de obligaciones laborales inexistentes.

Juan Samy Merheg. No interviene en debates públicos y en la mayoría de sesiones solo participa con su voto. Heredero de su hermano Habib, controvertido empresario de la televisión por cable, es asiduo visitante de la Comisión de Presupuesto del Congreso. Su discurso de campaña se basa en un mensaje monofónico: consiguió $50.000 millones para vías secundarias en Risaralda.

Arleth Casado. Asiste cumplidamente a la mayoría de las sesiones, pero hace mutis por el foro. No formula propuestas ni controvierte las de otros, pero impone una disciplina férrea en su bancada. No en vano es considerada la matrona política de Córdoba.

Fuad Char. Ha sido fiel a su estilo durante cinco lustros en el Congreso. No opina ni debate, pero su condición de empresario le confiere un poder y una influencia que muchos le envidian.

Claudia Wilches. Sus ejecutorías se cuentan con los dedos de la mano. Le dio un impulso al proyecto que sirvió para establecer la vacunación gratuita contra el virus del papiloma humano. Su actitud contrastó con la del resto de la bancada uribista, una de las más beligerantes.



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