| 8/21/2013 6:00:00 PM

Los celulares

Hace menos de 20 años se inició el negocio de telefonía celular en Colombia. Hoy es una multimillonaria industria que acaba de entrar en una nueva fase con la subasta de la tecnología 4G.

Para unos ha transcurrido “un océano de tiempo”. Para otros ha sido solo ‘un parpadeo’. Lo cierto es que menos de 20 años separan aquel 22 de enero de 1994, cuando el Estado colombiano entregó en concesión la operación de la telefonía móvil celular a empresas privadas –y tres meses después a empresas mixtas–, de la subasta de los servicios de cuarta generación (4G) realizada el pasado 26 de junio de 2013.

Varios años después del negocio inicial, en el país, se pasó de seis operadores de telefonía celular a solo tres: Tigo, Movistar y Claro. Y de cero equipos que se vendían por catálogo, a 46,3 millones de abonados al concluir el primer trimestre de 2013.

Protagonistas y testigos de este acontecimiento histórico para el desarrollo de las telecomunicaciones son María Cristina Mejía, primera presidente de Celumóvil –hoy Movistar–, y Peter Burrowes, primer presidente de Comcel –hoy Claro–, quienes desde orillas distintas compartieron durante algunos años un destino común como presidentes de sus empresas, en un mercado naciente, dividido en tres zonas y diseñado para seis jugadores.

Al recordar el nacimiento del negocio celular en Colombia, Mejía y Burrowes coinciden en que las licencias de la telefonía celular por las que los operadores pagaron en total US$1.187 millones –según un documento de Planeación Nacional de 1999–, les salieron “carísimas”, porque empezaron un negocio de cero y con alto endeudamiento en dólares.

El modelo de negocio de Celumóvil –del Grupo Santo Domingo– se estructuró pensando en máximos consumos, estratos altos, tecnología digital y planes postpago. Estuvieron al aire tres meses antes que su competidor mixto, y la primera llamada por celular en Colombia la hicieron Augusto López y María Cristina Mejía desde el hotel El Prado, a Julio Mario Santo Domingo en Nueva York.

Un mes después, el primero de junio de 1994, en un acto para medios, la llamada inaugural de la red de Celumóvil fue una conversación entre la presidente de la compañía y Carlos “El Pibe” Valderrama, entonces capitán de la Selección Colombia que alistaba su participación en el Mundial de Fútbol de Estados Unidos.

Por su parte, el competidor y operador mixto Comcel, de propiedad de Bell Canada, Telecom y ETB, optó por la tecnología analógica, se enfocó en masificar el servicio, ofrecer planes prepago, recargas y hasta comunicación celular sobre plataforma IP, lo que le valió demandas de los operadores de larga distancia internacional que habían pagado US$150 millones por las licencias. Todos esos pleitos los ganó la compañía.

Mejía tiene presente que la competencia fue sin tregua desde el primer día, en un negocio que demandaba grandes volúmenes de capital y que luego enfrentó la crisis económica de 1999.

Con el paso de los años, ante la necesidad de hacer sinergias y tener cobertura nacional, Santo Domingo rechazó una oferta de compra por US$1.400 millones de Telecom Italia y habría de venderla después por mucho menos a BellSouth.

Comcel, que ya había comprado a Occel –en la que participaba Luis Carlos Sarmiento Angulo–, fue vendida por Bell Canada a Carlos Slim. La canadiense había tomado una decisión estratégica que la llevó a salir de América Latina, mientras que Slim estaba ingresando en ese momento a estos mercados.

Con el paso del tiempo, la telefonía celular ha desplazado incluso a la telefonía fija, que a marzo de 2013 registró 6’338.689 de líneas en servicio, con una disminución de 13,72% respecto al trimestre anterior.

Mejía y Burrowes creen que la telefonía celular “es un excelente negocio”, consideran que su desarrollo está más ligado a la transmisión de datos que de voz y al uso de plataformas (IP), y siguen con interés, curiosidad y hasta nostalgia, las implicaciones que tendrá esta nueva fase del desarrollo de las telecomunicaciones para el país, con la llegada de la tecnología 4G. Este proceso reciente da inicio a una nueva fase en las telecomunicaciones. Y los operadores acaban de pagar ‘solo’ US$700 millones.
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