| 7/21/2016 12:00:00 AM

Firmas 'boutique', las competidoras de los grandes bufetes de abogados

Las pequeñas oficinas de abogados han refinado sus destrezas para competir con una oferta de servicios ‘hiperespecializados’ y de gran complejidad jurídica.

En un escenario en el que sobresale la consolidación de grandes bufetes de abogados, en el que firmas internacionales ya han incursionado y otras ‘hacen fila’ para entrar al país, se destacan las denominadas firmas boutique, que en algunos casos han logrado especializarse tanto que se convierten en bocado de cardenal para las multinacionales jurídicas.

El botón de muestra es la firma de las abogadas Camila de la Torre y Gabriela Monroy, quienes en 1990 abrieron en Bogotá su despacho especializado en el sector de seguros y reaseguros. El prestigio alcanzado llevó a que en 2013 se integraran al grupo Dac Beachcroft, con sede principal en Londres y que presta servicios jurídicos corporativos globalmente, cuenta con más de 2.200 empleados y tiene presencia en Europa, Asia y Latinoamérica. Camila de la Torre afirma que, no obstante su tamaño, “manejamos casos muy complejos del mercado reasegurador inglés, donde nos conocen muy bien”, al punto que las “contratan no como firma, sino como personas”.

No se puede pasar por alto la importancia del aspecto ético. Aunque Daniel Sarmiento, experto en derecho tributario, también prioriza la atención personalizada en su propia oficina boutique, abierta en 2000, subraya que su oficio exige “poner los intereses del cliente por encima de los personales”, frase que le escuchó a un profesor durante un curso que realizó en la Universidad de Yale, en Estados Unidos, y que afianzó la idea de que el abogado no se debe sentar “frente al cliente con un presupuesto en mente”, sino con el afán auténtico de solucionar su problema.

Más cualidades

Además de la atención personalizada, otros dos factores completan los atributos que convierten a las firmas boutique en serios competidores de los grandes bufetes nacionales y transnacionales. Primero, han ocupado posiciones estratégicas en nichos de servicios jurídicos muy especializados. Y, segundo, “por ser más delgadas, desde el punto de vista de costos, pueden tener una mayor eficiencia en sus procesos de cobro”, precisa Gabriel Fernández, de Sanclemente Fernández Abogados, oficina con amplia trayectoria en el sector de energía y con 70 años de operación.

Con un entorno tan dinámico, la oferta de servicios jurídicos se ha optimizado. “Esto es como un supermercado”, afirma Pablo Márquez, del bufete Márquez Barrera Castañeda Ramírez. Las firmas grandes “quieren ofrecerles productos integrales a ciertos clientes, pero cuando estos necesitan una asesoría muy especializada acuden a firmas boutique como la que represento, donde se brinda asesoría legal específica en temas relacionados con competencia, telecomunicaciones y entretenimiento y medios”, afirma.

Esa tendencia a prestar servicios altamente especializados se evidencia en la actividad cotidiana de las boutique jurídicas. Al tributarista Gabriel Muñoz y a su pequeña firma con tres abogados, creada en 2014, los motivan el debate académico y la contienda legal bien argumentada. “Lo que más me gusta es el litigio tributario, el debate, atender requerimientos, interponer demandas y eso implica un estudio muy profundo de todas las implicaciones, conocer la jurisprudencia”. Esto fue lo que buscó al abrir su despacho, “la oportunidad de hacer ese tipo de análisis hasta las últimas consecuencias”.

Hay cama ‘pa tanta gente’

En este universo de los pequeños bufetes también hay espacio para la creatividad jurídica. Durán & Osorio, oficina fundada en 1995, se convirtió en un jugador destacado en la estructuración de los contratos de asociación público privada (APP), con los que el Gobierno quiere desarrollar la infraestructura nacional. Esta oficina fue pionera en el diseño de un contrato marco aplicable a los diferentes proyectos de vías de cuarta generación (4G), actividad con inversiones previstas por $40 billones, y a la vez participaron en la estructuración financiera, técnica y legal de varias carreteras nacionales, con inversión estimada en $15 billones, comenta Álvaro Gasca, jurista de la firma que hoy afronta el desafío de brindarle a Colombia el primer proyecto de APP en sectores sociales, específicamente en educación.

La demanda de servicios jurídicos ‘hiperespecializados’ alcanzó la órbita de lo punible, escenario en el que también sobresalen los pequeños bufetes. “Con la ampliación del espectro del derecho penal, las empresas tienen la necesidad de contar con abogados de confianza que cubran casos relacionados con el derecho penal”, asegura Julio Sampedro, de Sampedro Riveros Abogados, firma especializada en derecho penal empresarial y fundada en 2005. La inclusión de delitos que abarcan conductas que antes no se contemplaban como tales ha llevado a los empresarios a buscar un abogado experto en este campo del derecho.

Sin amenazas

La aparición de nuevos despachos boutique nacionales y la llegada de grandes firmas multinacionales de abogados no parece representar una amenaza para nadie. El abogado Pablo Márquez está plenamente convencido de que hay mercado para los bufetes de todos los tamaños. “Prueba de ello es que nosotros en un año y tres meses hemos logrado consolidar una lista de clientes y de casos que podrían tener firmas grandes del país”.

No siempre el alto grado de especialidad constituye una ventaja. Cuando los sectores económicos en los que las pequeñas oficinas de abogados han concentrado su oferta de servicios “entran en crisis, esas firmas boutique se resienten y les toca comenzar a buscar otras áreas con las cuales trabajar”, anota Gabriel Fernández, de Sanclemente Fernández Abogados. Precisa que las dificultades del sector petrolero han llevado a que “las firmas boutique hayamos tenido que ir desviando la atención y buscando no depender exclusivamente de un solo sector”, tras agregar que todos los días en este negocio hay que reinventarse.

En cambio, Mauricio Pava, reconocido penalista corporativo, se siente tranquilo en su terreno, debido a que los grandes bufetes no se enfocan en áreas de práctica especializadas en litigios en derecho penal. “Salvo que ingresaran al mercado firmas internacionales con departamentos en esta materia, no nos afecta, ya que somos proveedores de las grandes firmas”.

Aunque las firmas boutique reconocen la barrera para crecer en volumen de negocios, porque una de sus fortalezas se basa en atender personalmente a sus clientes y solo pueden hacerlo con un número limitado de ellos, también tienen la certeza de que el alto grado de especialización jurídica que exige el mercado de hoy corresponde a una tendencia que seguirá afianzándose, escenario en el cual los bufetes pequeños colombianos se mantienen alerta para ampliar su participación en el mercado y esgrimen las competencias de un David que no se amilana ante los Goliat de servicios jurídicos.

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