| 8/21/2013 6:00:00 PM

Las relaciones con China

Hace más de 30 años, Colombia estableció relaciones diplomáticas con China. Su primer embajador fue Julio Mario Santo Domingo y, desde entonces, el mensaje ha sido claro: profundizar la relación con la mayor potencia económica emergente del planeta.

Durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala (1978- 1982), Colombia dio un giro en su visión internacional. Su interés era abrir una nueva puerta de relacionamiento con Asia y, especialmente, con la República Popular China, para tender puentes diplomáticos y comerciales diferentes a sus estrechos vínculos con Estados Unidos, algunos países europeos y sus vecinos latinoamericanos.

El 7 de febrero de 1980, Colombia reconoció al gobierno de Beijing como único y legítimo gobierno legal de la República Popular China, adhiriéndose al principio de “Una sola China” y estableció relaciones diplomáticas con él.

Además de los tradicionales intereses políticos y diplomáticos, la intención comercial fue específica desde el principio. Y la señal fue contundente: el primer embajador de Colombia en China fue Julio Mario Santo Domingo, uno de los más poderosos industriales del país en toda su historia.

Su papel fue clave en el inicio de las relaciones entre los dos países, y muchos, como el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, consideran que Santo Domingo tenía claro el rumbo que iba a tomar China en el futuro y por eso era su mayor interés que Colombia estrechara los vínculos con ese país asiático.

Una de las anécdotas que recuerdan varios analistas, fueron las palabras del entonces presidente Turbay Ayala, a finales de los 70, a una comitiva china que visitó el país:  “Si China compra café colombiano no habrá problemas para establecer relaciones diplomáticas”.

Sin embargo, desde años anteriores Colombia ya estaba organizando parte de la institucionalidad y respaldo para soportar dicha decisión. Uno de los ejemplos más claros se dio en 1977, cuando se creó la Asociación de la Amistad Colombo-China.

Como recuerda Guillermo Puyana, en su artículo La diplomacia no formal en la etapa postdiplomática entre Colombia y China, en los años previos a la apertura de relaciones diplomáticas, a esta Asociación se vincularon personas como Francisco Ortega, más tarde gerente del Banco de la República; el exgerente de la Federación de Cafeteros de Colombia, Jorge Cárdenas Gutiérrez, e intelectuales como Guillermo Plazas Alcid, Jorge Child y Marco Palacios.

Como lo afirmó Guillermo Ricardo Vélez, exembajador de Colombia en China, “tres décadas de buena amistad y buenas relaciones valen mucho para los dos países. Son treinta años en los que China y Colombia han logrado construir un camino con áreas comunes a pesar de las diferencias culturales, la barrera idiomática y la distancia geográfica”. 

En los últimos años China se ha convertido en una verdadera locomotora que ha jalonado la economía mundial, en medio de la crisis europea y la profunda desaceleración de Estados Unidos, con crecimientos muy por encima del promedio mundial. Y esta dinámica ya pesa en la relación con Colombia: China es su segundo socio comercial.

Las exportaciones de Colombia a ese país llegaron en 2012 a US$3.300 millones, 68% más que en 2011. Sin embargo, están concentradas en commodities y productos de bajo valor agregado. Y las importaciones suman cerca de US$11.000 millones, 10% más que el año inmediatamente anterior. Allí es donde Colombia tiene el gran reto en su agenda de integración con China: hacer más favorable la balanza comercial, como registran otros países de América Latina, y ser un socio fundamental en el desarrollo de nuevos negocios. 

Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, varios aspectos son claves en esta relación para Colombia. Uno, como abastecedor de productos, alimentos y servicios para la demanda de una creciente clase media china. Dos, –con sus acuerdos comerciales– como plataforma para que empresas chinas, con base en nuestro país, ingresen a otros mercados. Tres, como destino de la inversión china en sectores clave como infraestructura, petróleo, textiles, metales, agroindustria, autos, componentes electrónicos y productos de consumo. Una agenda de futuro.
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