| 8/21/2013 6:00:00 PM

La venta de Avianca

Con 94 años de historia, Avianca estuvo hace menos de una década a punto de desaparecer y hoy opera 5.100 vuelos semanales a 100 destinos en 25 países de América y Europa.

En materia de negocios, se dice que no siempre es mejor llegar primero sino llegar a tiempo. Y de esto puede dar fe Germán Efromovich, quien el 10 de diciembre de 2004 pagó US$10 millones de los US$49 millones que le costó el 73% de la participación accionaria en Avianca.

La aerolínea colombiana, en manos del poderoso Grupo Santo Domingo, se había acogido en la madrugada del viernes 23 de marzo de 2003 a la Ley de bancarrotas de Estados Unidos (Capítulo 11) luego de presentar serias dificultades financieras que la tenían agonizando.

Una semana antes de hacer el desembolso por la que entonces era considerada una ‘compañía quebrada’, la Corte del Distrito Sur de Nueva York –donde Avianca había acudido para negociar sus deudas–, le adjudicó a Efromovich el control de la empresa porque fue el único inversionista que apareció dispuesto a ejecutar el plan de reestructuración y encontrar una fórmula de pago a los acreedores para evitar su liquidación.

“Vi una oportunidad, vi que no era una empresa que moriría sino con futuro y aquí está”, asegura Efromovich, quien fue el artífice de la transformación de una compañía agonizante en un poderoso conglomerado de aviación que hoy agrupa la operación de Avianca, Taca Airlines, Aerogal y Tampa Cargo, atiende 23 millones de viajeros, transporta 300.000 toneladas de bienes y mercancías al año y tiene 18.000 personas vinculadas.

Para Efromovich, estos datos no son cifras sino pasos en un largo e incansable ascenso que lo llevará más lejos. “Marte es el último peldaño de esta escalera”, dice confiado en sus coequiperos Fabio Villegas Ramírez, presidente de Avianca Holdings; Gerardo Grajales López, vicepresidente ejecutivo de Finanzas, y Estuardo Ortiz, vicepresidente ejecutivo de Operaciones.

A Grajales, que no había sido ejecutivo de Avianca sino directivo de una electrificadora, le tocó ponerle el pecho a la crisis, preparar el Capítulo 11, visitar las cortes a diario durante 21 meses y aceptar responsabilidades que, si no cumplía, podrían haberlo llevado a la cárcel en Estados Unidos.

Vueltas de la vida

Avianca nació en Barranquilla el 5 de diciembre de 1919 y fue fundada por un grupo de empresarios alemanes y colombianos, como Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos, Scadta. Pero, al concluir la Segunda Guerra Mundial, los bienes alemanes fueron confiscados por el gobierno colombiano (15%) y otra parte vendida a PanAmericaAirways, PanAm (64%). La compañía pasó a llamarse Aerovías Nacionales de Colombia S.A., Avianca, que posteriormente cedió su participación accionaria a ciudadanos colombianos, entre ellos Mario Santo Domingo y su familia. A finales del siglo XX, y para enfrentar los estragos que la crisis económica del país estaba generando en el negocio aéreo, el Grupo Santo Domingo selló un ‘matrimonio por conveniencia’ con su competidor, la aerolínea Aces, y crearon la Alianza Summa.

La Alianza no prosperó y los socios decidieron volver a la marca Avianca, que en 2003 tuvo que acudir al Capítulo 11. Aces, por su parte, pasó a liquidación, lo que llevó a especulaciones en el sentido de que esta fallida alianza había sacrificado una buena empresa de los cafeteros por salvar la aerolínea de Santo Domingo.

Pero, una década después, con menos emotividad, Juan Emilio Posada, quien presidió Alianza Summa, explica que lo que realmente sucedió es que los accionistas, el Grupo Santo Domingo y la Federación de Cafeteros, tras sellar la alianza, quedaron como dueños de partes iguales en Avianca y Aces, pero no tenían recursos para invertirles a dos aerolíneas.

Por eso, tomaron la decisión pragmática de dedicarse a una sola, la marca más fuerte y con una red mundial, lo que implicaba que podría quedar protegida por el Capítulo 11.

Posada recibió la orden de liquidar cuando los acreedores internacionales de Aces rechazaron los acuerdos de pago. “Yo recuerdo que ese día lloré, me dieron los argumentos., los entendí y dije: tienen toda la razón, yo ejecuto. Ese es mi trabajo, ¡me toca ejecutar!”

Cuando Avianca entró en el Capítulo 11 hubo intentos vanos de sus socios de entonces –el Grupo Santo Domingo y la Federación de Cafeteros–, de venderla a LAN, Copa y Taca. Pero ellas temían las cargas laborales que pesaban sobre la empresa y ninguna se le midió al negocio.

“Sí. Lo vimos viable, pero optamos por no participar porque teníamos otros proyectos en los cuales estábamos más avanzados”, recuerda Roberto Kriete, antiguo dueño de Taca y ahora socio de Avianca.

Ya en 2009, y por esas vueltas que da la vida, Efromovich y Kriete hablaron de un posible ‘matrimonio’ entre las dos compañías, que culminó en fusión. “Estamos felices de estar unidos y ser parte de Avianca, tiene un futuro extraordinario. Llevamos tres años de estar trabajando muchísimo para unificar las dos líneas aéreas y hoy ya son una sola”, asegura Kriete.

Aunque la industria de la aviación en Colombia ha tenido momentos complejos para las compañías, lo cierto es que Avianca, empresa fundada hace 94 años, logró sobrevivir a una bancarrota, hoy es una de las más poderosas del continente y en su futuro, como lo ve Efromovich, está el reto de que su próxima parada sea en el planeta Marte.
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