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La toma de Bavaria

A finales de la década del 60, Julio Mario Santo Domingo logró el control de Bavaria a través de su Cervecería Águila.

El 29 de marzo de 1969, a las 9 de la mañana, el Teatro Olympia de Bogotá era un hervidero. Ese día se realizaba la Asamblea General de Accionistas de Bavaria, la principal cervecera que, para la época, tenía unos 98.000 accionistas.

A la asamblea se presentó Julio Mario Santo Domingo Pumarejo, quien con 45 millones de acciones en su poder –22,5% del capital de acciones propias a través de la sociedad Colinsa y de terceros– obtuvo el derecho a un puesto en la junta directiva.

Muchos cuestionaron que Santo Domingo hubiera logrado entrar a la junta con ‘poderes de ventanilla’, antigua costumbre de elegir a los miembros con poderes firmados en blanco por accionistas minoritarios y desorientados.

Para muchos, allí comenzó la ‘toma’ de la pequeña cervecera barranquillera sobre Bavaria, una compañía de mayores dimensiones. Para otros, fue una hábil estrategia de negocios que le permitió a Cervecería Barranquilla consolidarse en la industria cervecera.

La empresa barranquillera había sido creada en 1913 y liquidada en 1933. Sus activos, junto a los de su competidora Cervecería Bolívar, fueron vendidos a Mario Santo Domingo, quien constituyó la empresa familiar Cervecería Barranquilla y Bolívar, que el 31 de mayo de 1967 se transformó en Colinsa, holding de todas las inversiones de la familia Santo Domingo.

Tras la asamblea en el Olympia, entre 1969 y 1971 hubo una fuerte disputa por el control de la compañía que en ese momento ya tenía inversiones diversificadas en empresas de los sectores financiero, alimentos y comunicaciones, entre otros.

Después de la tormenta que generó la primera incursión de Águila en la asamblea de Bavaria, una comisión quemó los ‘poderes de ventanilla’, criticados también por Santo Domingo, quien continuó comprando acciones.

El 21 de marzo de 1971, Santo Domingo se presentó a la asamblea de Bavaria como accionista, con nuevos poderes otorgados por terceros accionistas y logró quedarse con tres puestos en la junta. Fue solo cuestión de meses para que fuera nombrado presidente de Bavaria.

Bajo el control administrativo de la familia Santo Domingo, Bavaria aumentó su poder económico en la década de los 90. Sus inversiones fueron más rentables y siguió diversificándose hasta alcanzar un centenar de compañías. Se convirtió en uno de los conglomerados más importantes del país y Julio Mario en uno de los hombres más influyentes, junto a Augusto López, presidente de Bavaria y ejecutivo de confianza, de quien se dice que “quitaba y ponía Ministros”.

A mediados de los 90 decidió traspasar fronteras con la compra de cervecerías en Panamá, Ecuador y Perú y la incursión en nuevos negocios de refrescos de fruta, gaseosas y aguas de mesa. La crisis de finales de la década llevó al Grupo a una racionalización de inversiones, decidió enfocarse en el negocio cervecero y desinvertir en algunas empresas.

En mayo de 2000, el Grupo Santo Domingo compró 45% de Cervecería Leona –de Carlos Ardila Lülle– su principal competidor, que contaba con una moderna planta de producción en Tocancipá. La operación se acercó a los US$100 millones y Santo Domingo amplió la participación de sus marcas y se consolidó en el mercado nacional de cerveza, que separó del negocio de inversiones en otras empresas.

Venta a SABMiller
Los Santo Domingo tuvieron el control de Bavaria desde 1971 hasta 2005, cuando Julio Mario y su hijo Alejandro vendieron a la surafricana SABMiller 75% de la participación que tenían en Bavaria, a cambio de 15% de la multinacional cervecera.

Ese año, Bavaria ocupaba el décimo puesto en el escalafón de los mayores grupos cerveceros en el mundo, con ventas anuales de 37,8 millones de hectolitros e ingresos operacionales de US$468 millones en el primer trimestre de ese periodo. Tenía una decena de plantas y 19.000 empleados.

Sobre la operación, realizada por US$7.800 millones, bajo estrictas cláusulas de confidencialidad aún vigentes, Alejandro Santo Domingo recuerda que “ya habíamos llegado a donde podíamos crear valor, estábamos buscando la diversificación geográfica y tener un equipo ejecutivo de primer nivel en consumo masivo”. Además, Bavaria estaba concentrada en Centro y Suramérica y el costo de capital en esos países era mucho más alto.

“Nuestra intención siempre fue fusionar a Bavaria y recibir acciones a cambio de las nuestras en el negocio cervecero. Han pasado más de siete años desde el cierre de la transacción en 2005, no hemos vendido ni una acción de lo que recibimos de SABMiller y no hay ninguna intención de salir en este momento tampoco”, dice Santo Domingo.

Sobre la transacción recuerda que hablaron con varios potenciales compradores para lograr que les pagaran, “con el precio, el contrato y las condiciones que tocan, y ver que uno se entienda con la gente con la que se va a meter a la grama. Uno tiene que entenderse con sus socios, y eso toma bastante tiempo”, asegura.

Hoy, con ventas anuales de $5,4 billones en 2012, utilidad operacional por $1,8 billones y utilidad neta de $1,2 billones, Bavaria, al hacer parte de SABMiller, “quedó en las mejores manos. Tengo una inversión importante en la compañía y si no creyera eso, ya hubiéramos vendido”, dijo Alejandro Santo Domingo, miembro de la Junta de Bavaria y con su familia uno de los mayores inversionistas individuales de la cervecera SABMiller.
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