| 10/13/2016 12:00:00 AM

La reforma tributaria que el Gobierno presentará

El Gobierno presentará una reforma tributaria estructural que buscará aumentar el recaudo y disminuir la tasa impositiva a las empresas, por lo que tendrá que lograr un equilibrio en el recaudo. Algunos sectores se oponen a temas como la inclusión de la canasta familiar en el IVA.

Por ahora queda claro que el debate va a ser arduo. Tanto los opositores como los miembros de la Unidad Nacional han señalado en distintos escenarios, por ejemplo, que no aceptarán que se graven los productos básicos de la canasta familiar. Aquí es donde empieza la filigrana política.

Este anuncio puede representar el mensaje de que claramente el criterio no es lograr una reforma estructural, pues ni el Gobierno ni el Congreso van a desgastarse en asuntos técnicos si tienen demasiado costo político. Lo más probable es que el presidente Santos busque la mayor efectividad en la negociación con los senadores y representantes. Esto significa conseguir la mayor cantidad de recursos al menor costo político posible.

Eso daría al traste con la aspiración de todos los expertos que esperaban de esta reforma un contenido que le permitiera al país quedar con un estatuto tributario que fomentara la productividad y sirviera para balancear las cargas de los contribuyentes. Ese es el mensaje que Dinero ha compartido para lograr que los empresarios puedan tener por fin un estatuto tributario moderno.

Esto nos lleva a lo siguiente: la pregunta que van a tratar de resolver el Congreso y el Gobierno, por lo menos en el caso del IVA, es hasta qué tarifa es posible aumentar ese impuesto sin que el descontento social se salga de madre. La propuesta que ha sonado hasta el momento es que este tributo pase de 16% al 19%.

Esto pone a las partes en un problema: es necesario balancear la carga del proyecto, porque mientras el IVA sube, en el impuesto a las utilidades se está pensando en desenredar el estatuto. Esto se da eliminando los cuatro impuestos (Renta, patrimonio, CREE y sobretasa de dicho tributto), que 2015 recaudaron más de $60 billones. La sensación que va a quedar entre la opinión pública es que a las empresas se les van a reducir los impuestos, mientras que a la gente se le van a aumentar.

Por su parte, los empresarios dicen que solo el impuesto al patrimonio y la sobretasa al CREE les elevó su tasa de tributación más allá de 60%. Otra pregunta que queda en el aire, analizando la filigrana política, es hasta dónde va a haber margen de maniobra para reducirles la carga de impuestos a las empresas. Si no se logra que cale el mensaje de que la reforma será equilibrada, el Gobierno puede enfrentar problemas. Por todo esto también parece ineludible una subida en la tasa del impuesto de renta de 33% a 35%.

Por esta razón, una de las mayores probabilidades es que el país esta vez también tenga que avanzar en una reforma estrictamente fiscalista que logre cubrir el hueco, resolver algunos asuntos claves para los contribuyentes y subsanar algunos errores de la reforma de 2014, que resultó en una carga excesiva para las empresas. Tal vez llegue a ser una buena reforma, pero no la que transforme de manera radical el estado de cosas actual.

La fórmula del equilibrio va a resultar siendo muy simple y se fundamenta en modificaciones proporcionales en IVA y en renta. Solo con esas dos medidas se podría tener un recaudo tributario adicional cercano a los $10 billones. El resto del recaudo se podría buscar por otras fuentes que incluyan las entidades sin ánimo de lucro (Esal), aumentar la base de renta en personas naturales, crear un monotributo para los comerciantes pequeños y eliminar exenciones que hoy no sean necesarias. En ese escenario de “todos ponen”, tal vez la tributaria encuentre el camino menos tortuoso para avanzar.

Otros ajustes

Ya es claro que el eje de la reforma implica, en términos generales, dos medidas: subir el IVA hasta una tarifa que permita recaudar la mayor cantidad de dinero posible; esto serían tres puntos, pasando la tarifa de 16% a 19%, lo que representa cerca de $7,5 billones al año. El asunto técnico que se podría incluir es gravar con una tarifa de 0% a muchos de los productos que hoy no están gravados (excluyendo aquellos de la canasta familiar básica). Esto permitiría un alivio a muchos empresarios que hoy no pueden descontar el IVA pagado en la cadena.

Lo que también irá en materia de renta es el tributo a los dividendos, que tendría que ser complementario al de renta: la forma como se ha resuelto en otros países es que la tarifa del impuesto de renta se divide en dos. La mayor proporción para el impuesto de renta puro y una menor proporción que se aplica cuando las empresas reparten sus dividendos. Eso incentiva la capitalización de las compañías y se evita la doble tributación o los impuestos en cascada.

Esta mezcla de IVA y renta será el núcleo de la reforma. “Esa va a ser la gran discusión. Ya el Partido Conservador ha dicho que no va a apoyar nada de IVA a la canasta familiar. Y, por el contrario, se necesita que por fin los ricos paguen el impuesto a los dividendos. Los ricos siempre se han opuesto a eso; esa propuesta cabe, más si se está pensando en bajarles los impuestos a las empresas”, aseguró su vocero, David Barguil.

Otras de las medidas buscarán combatir la evasión y la elusión del impuesto; por ejemplo, la bancarización de costos y las deducciones. Esto significa que todos los costos que se restan para llegar a la renta líquida deben haber sido pagados a través del sistema financiero; otra opción es fijar un valor máximo en efectivo para estos rubros. Estas medidas irán acompañadas de la exigencia de facturación electrónica.

Por el lado de las personas naturales, en renta, es claro que está casi descartado eliminar la exención que tienen hoy los trabajadores del 25% de sus rentas de trabajo. Por eso, la salida está en reducir el rango a partir del cual alguien empieza a declarar renta y a pagar el impuesto.

A las personas naturales también se les reducirá la tramitología del impuesto, pues es muy probable que sean eliminados el IMAN y el IMAS, mecanismos alternativos para liquidar la renta de trabajadores asalariados y trabajadores por cuenta propia. Adicional a todo esto, la base de contribuyentes será ampliada y crearía un monotributo que deberían pagar los pequeños tenderos y comerciantes del país.

Finalmente, respecto de las Esal, es muy probable que se les imponga renta presuntiva, para que, en caso de que tengan patrimonios elevados, paguen alguna clase de impuesto.

El panorama general para la tributaria puede estar hoy más gris de lo que estaría si hubiera ganado el Sí. El margen político del Gobierno se redujo, aun a pesar del Nobel, pues es claro que aumentar los impuestos no es una noticia que agrade a nadie.

Desde esa perspectiva, es muy probable que el Gobierno salga avante, no sin ningún costo político, con esta nueva ley tributaria. La fórmula será aumentar la tarifa del IVA, ajustar algunos impuestos para las empresas e implementar otras medidas que le permitan cumplir con el objetivo de rebalancear las cargas.

Sea como sea, es necesario que en este proceso se imponga el realismo fiscal y la sensatez. Si bien el país está ahora mismo resolviendo una dura coyuntura política, más grave sería tener que lidiar con una crisis económica originada por una mala decisión en la discusión de los nuevos impuestos.

De ahí que sea necesario un llamado a la sindéresis de los congresistas. Al Gobierno no le puede pasar lo mismo que le ocurrió en el plebiscito. La tributaria es una necesidad y eso no puede ser puesto en tela de juicio. ¿Bastará para el largo plazo? Lo más probable es que, por las circunstancias, la posibilidad de una gran reforma estructural tendría que ser aplazada. El Congreso tiene la palabra.

Todos piden

Algunos sectores sensibles están viendo opciones para enfrentar la tributaria. Para el sector de minería e hidrocarburos, el ministro de esta cartera, Germán Arce, ha propuesto construir un incentivo a la inversión. La propuesta es un certificado de reembolso tributario que fiscalmente es neutral.

Por su parte, David Luna, ministro de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC), ha advertido sobre la necesidad de abrir el debate para excluir del IVA a los dispositivos móviles inteligentes en Colombia. Además, como señalan algunos jugadores del sector, con el aumento del dólar los precios de esos dispositivos han subido y las reposiciones son más lentas. Pero también porque consideran que además del IVA tiene el impuesto al consumo en voz de 4% y para ellos este es un servicio básico y no suntuario. Y el otro frente de atención es con la llegada de las denominadas Over The Top (OTT), empresas que prestan servicios de valor agregado, como Netflix, Uber o Airbnb, a quienes se espera se ajusten en la reforma.

Los ejes de la reforma

Aunque al cierre de esta edición el Gobierno aún no había radicado el proyecto de reforma tributaria en el Congreso, se advertían los temas que serían los ejes de la propuesta. Dinero.com anticipó algunos de ellos.

En el impuesto a la renta, el Gobierno buscará ampliar la base gravable y aumentar la tarifa de 33% a 35%, además eliminaría el impuesto CREE y los sistemas IMAN e IMAS para las personas naturales.

El impuesto a la riqueza desaparecería, pero se crearía un impuesto a los dividendos, acogiendo la propuesta de la Comisión de Expertos Tributarios.El otro eje transversal de la reforma será el IVA, que se dividiría en cinco grupos: 0%, 5%, 10%, 15% y 19% sin incluir más productos de la canasta básica. Se crearían impuestos adicionales al cigarrillo y a las bebidas azucaradas, que podrían representar ingresos importantes para el fisco.Se exigiría que la Dian aumentara sus controles para disminuir la evasión y elusión que alcanzan los $40 billones anuales.Además, se propondría que el Gravamen a los Movimientos Financieros, conocido como 4x1000, sea permanente.Las Esal podrían terminar con un esquema de renta presuntiva. Mediante este sistema, el Gobierno presume que las Esal tienen una renta mínima, de acuerdo con su patrimonio líquido.

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