| 8/21/2013 6:00:00 PM

La puja por el Banco de Bogotá

Tras dos meses de reñida competencia con José Alejandro Cortés en la Bolsa, Luis Carlos Sarmiento Angulo ganó el control del Banco de Bogotá e inició la consolidación de su fortuna.

Entre el 11 de septiembre y el 17 de octubre de 1981, Luis Carlos Sarmiento Angulo y José Alejandro Cortés protagonizaron una de las mayores guerras bursátiles en la historia del país. Todo por el control del Banco de Bogotá, una entidad que llegó a tener autorización para emitir billetes en el siglo XIX.

Todo comenzó cuando el Grupo Sarmiento Angulo, accionista mayoritario del Banco de Occidente, quiso aumentar el 2% de participación que tenía en el sector financiero, para apalancar su negocio de construcción de vivienda. Y aprovechó una oportunidad.

Primero, compró 21,7% de las acciones que estaban en manos del Grupo Mayagüez y le daban derecho a un puesto en la junta directiva del Banco de Bogotá. La operación la pagó Sarmiento con los terrenos en donde hoy funciona el Centro Andino, y cuatro pisos del edificio del Banco de Occidente.

En ese momento, el Banco de Bogotá, fundado el 15 de noviembre de 1870, era el segundo más importante del país después del Banco de Colombia, tenía 12% del mercado y estaba controlado desde hacía una década por el Grupo Bolívar, consorcio conformado por Seguros Bolívar y Cementos Samper.

El líder y dueño de una cuarta parte del Grupo era José Alejandro Cortés. Y Grupo Bolívar era de lejos el mayor inversionista del Banco de Bogotá, con un total de 14’191.516 acciones, equivalentes a 16,69% de la entidad.

Las acciones compradas a Mayagüez por Sarmiento no eran suficientes para controlar el Banco y necesitaba 10 millones de acciones más por las que estaba dispuesto a pagar $100 por título, lo que implicaba una inversión de $2.750 millones.

Para cumplir su objetivo, Sarmiento empezó a comprar cualquier acción del Banco ofrecida en el mercado y con esta estrategia silenciosa consiguió seis millones de acciones adicionales.

Cortés y el Grupo Bolívar se dieron cuenta de que había un ‘jugador anónimo’ en el mercado y salieron a comprar acciones porque no sabían en manos de quién quedaría el control. La respuesta de Sarmiento Angulo no se hizo esperar y siguió comprando acciones.

La puja fue de tal magnitud que, en menos de dos meses, el precio de la acción del Banco de Bogotá pasó de $65 a $451. Ante esta situación de mercado, la Comisión Nacional de Valores suspendió la cotización de esta acción, el Grupo Bolívar se quedó con 50% de participación y tres miembros en la Junta y Sarmiento con 48% de las acciones en circulación y dos puestos en la Junta.

Con esta ‘guerra bursátil’, los dueños del Grupo Bolívar tenían todavía el Banco pero enfrentaban problemas de liquidez y le pidieron ayuda al gobierno del presidente Belisario Betancur para no profundizar más la crisis que había estallado en 1982.

Con el argumento de que era necesario democratizar la propiedad accionaria de los bancos para evitar el colapso total del sistema financiero, el Gobierno obligó a los Grupos Bolívar y a la Organización Luis Carlos Sarmiento a renunciar a la administración del Banco de Bogotá.

En consecuencia, entregaron sus 63 millones de acciones en total en fiducia al entonces Banco Cafetero, para que las vendiera con el previo compromiso de los grupos de no recomprarlas y recibir $93 por cada acción como anticipo, mientras se vendían.

 Entre 1983 y 1987, el Banco registró malos resultados y no hubo ambiente para vender las acciones. Además, se presentaron problemas de cartera, tanto en el país como en el exterior y tuvo dificultades para recuperar esos recursos como consecuencia de la crisis de México, lo que disminuyó sus reservas 70% y puso en riesgo su existencia.

A comienzos de 1988, el Gobierno anunció la venta de las acciones en la fiducia bajo un nuevo esquema que implicaba que los compradores hicieran una recapitalización inmediata. El único que tuvo los recursos fue Luis Carlos Sarmiento, quien después de todas esas movidas se quedó finalmente con el control del Banco.

Desde entonces, el conglomerado no ha dejado de expandirse y ha convertido a su dueño en el hombre más rico de Colombia, con negocios en banca (Bogotá, Aval, Occidente, Popular y Corficolombiana), medios (Casa Editorial El Tiempo), Inmobiliario (Construcciones Planificadas) y concesiones de infraestructura, energía, gas y distribución de combustibles, hoteles y agroindustria.
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